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Hierva agua en una cacerola (si burbujea es que ya está hirviendo). Saque dos huevos (uno por persona) del refrigerador. Póngalos bajo el chorro del grifo. Coloque cada uno en una cuchara, uno después de otro, y deslícelos silenciosamente en el agua (hirviendo). Consulte su reloj de pulsera. Manténgalos en sus cucharas para evitar (son propensos a rodar) que se quiebren contra el maldito borde de la cacerola. Si, como siempre, un huevo se astilla en el agua (que hierve como loca) y comienza a vomitar una sustancia blancuzca como un médium de los antiguos tiempos, sáquelo y tírelo. Tome otro y sea más cuidadoso. Después de que hayan pasado 200 segundos o, digamos, 240 (tomando en cuenta las interrupciones), saque los huevos. Colóquelos en una copa. Golpee con una pequeña cuchara hasta levantar la cáscara. Tenga listo un poco de sal y pan (blanco) con mantequilla.

Ilustración: Raquel Moreno