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Ignacio Reyes, a sus 72 años, se vio enredado en una de las balaceras más oscuras, a la vez que más conocidas, en los últimos tiempos en México. Asistía a un mitin cardenista en Tejupilco, la tarde del 12 de diciembre: día de la Guadalupana, día del miedo en Tejupilco. Don Nacho tiene dos heridas de bala pero no fue por ellas que se hizo famoso, sino porque en las fotografías de la refriega aparece disparando una vieja pistola, al mismo tiempo que, con el mismo brazo que apunta, sostenía su bolsa del mandado. ¿Por qué un viejo campesino, que ni debía ni temía, se puso a dar de balazos enmedio del tumulto y del susto colectivo? Así se lo explicó a Roberto Zamarripa: «Me acerqué a buscar a mi esposa, cuando los policías empezaron a golpear a todas las mujeres. Que si usaba pistola, no hombre, nunca, pero mire, yo andaba de un lado a otro y nadamás veía los balazos que venían de adentro y de arriba. Y me escondí así un poquito, y cuando me asomé vi un cañón y luego el disparo me dio cerca de la oreja. Despuecito, me dieron en el brazo. Sentí calientito, casi no me dolió. Me vi sangre y entonces entendí que había que defenderse. Si, me encontré la pistola tirada y ya la entregué porque no era mía. Tenía dos tiros. Me los acabe y ya nadie me tiró porque creyeron que estaba poderoso» (La Jornada, lunes 17 de diciembre).

¿Por qué un campesino septuagenario habría de querer meterse en una balacera? En la confusión de los disparos y los gritos, es casi imposible encontrar alguna racionalidad. Lo es, también, en la revuelta que vivió Tejupilco a mediados de diciembre.

El 11 de noviembre hubo elecciones en el Estado de México. En Tejupilco votaron, según los datos oficiales 11 mil 72 ciudadanos. La votación fue especialmente polarizada: nada más 87 sufragaron por el PAN, 50 por el PPS, 21 por el PARM, 15 por el PDM, 345 por el PFCRN y sólo uno por el Partido Zapatista, con registro local en ese estado. Pero 3 mil 599 votaron por el Partido de la Revolución Democrática y 6 mil 718 por el PRI (desplegado de la Comisión Estatal Electoral, en El Nacional del miércoles 21 de noviembre).

La diferencia era reveladora, pero la cantidad de votos perredistas también. En comparación, apenas en 1981, en las elecciones municipales, el PRI había logrado 11 mil 961 votos, contra 288 del entonces PST. En 1983, de 14 mil 103 electores, 14 mil 84 votaron, se dijo, por el partido tricolor y solo tres (sic) por el PST y uno (sic) por el PSUM. En 1987, de 15 mil 292 votos, el PRI se atribuyó 14 mil 352. Pero en las elecciones federales de 1988, en Tejupilco el Frente Democrático Nacional reunió más votos que el PRI (datos publicados por Macario Lozano en unomásuno del martes 18 de diciembre). Ahora, junto con el crecimiento de la oposición, en demérito del PRI influyó una división interna. La designación de Mario Gabino Ugarte como candidato a la presidencia municipal, motivó descontentos dentro del mismo partido, que se expresaron en acciones como el bloqueo de las carreteras Tejupilco-Ciudad Altamirano y Tejupilco-Toluca. Priístas inconformes dijeron que en protesta votarían por el PRD.

Los resultados de las votaciones del 11 de noviembre fueron impugnados por los dirigentes mexiquenses del PRD, pero la Cámara de Diputados local desechó los reclamos y consideró válidas las elecciones. Los perredistas instalaron un plantón frente al palacio municipal de Tejupilco. Dos días antes del 12 de diciembre, «en una reunión realizada en el restaurante La Palapa, el PRD decidió que al término del mitin del día 12 bloquearía la carretera, pero ahora con unas mil personas en el asfalto. El tercer bloqueo en un mes, y «elevarían el tono de la protesta» conforme a la consigna del presidente nacional de su partido, Cuauhtémoc Cárdenas. Ya habían hecho de todo y «elevar su tono» no tendría otro significado más que el de tomar el palacio municipal» (La Jornada, domingo 23 de diciembre).

En tales circunstancias se llegó al 12 de diciembre. La congregación de ese día en Tejupilco era fundamentalmente por motivos religiosos. Sin embargo, el fervor político se había enredado con el religioso. Antes de ese miércoles, fueron distribuidos volantes con este texto:

CONTRA LA IMPOSICION Y EL FRAUDE ELECTORAL

En Tejupilco hoy no está en juego solamente la democracia; miles de vecinos del municipio con su decidida participación se oponen a un Gobierno impuesto que no traería otra cosa que tres años de anarquía e injusticia. Pues, ¿quién respetaría a un gobierno que no quiere nadie? ¿Quién apoyaría a Gabino si con todo y fraude perdió la región de Acatitlán, donde además lo acusan de robarse a la Virgen? ¿Respetaría el gobierno de Gabino al ciudadano si no respeta las más sensibles carencias de nuestro pueblo?

Para exigir un gobierno democrático que garantice el desarrolla pacífico y entusiasta se realizará una concentración municipal en la plaza principal de Tejupilco el próximo día 12 de diciembre a las 12 hrs. Madre Santísima de Guadalupe, patrona de Tejupilco, México y América Latina, salva a este pueblo de esta dictadura priísta.

El candidato que según el dictamen oficial había ganado las elecciones en Tejupilco, Mario Gabino Ugarte, había sido acusado por los delegados municipales de Santa Cruz y La Palma, «Venancio Aguilar Pantaleón, Mauro Cruz Hernández y Eduardo Benítez, ante la Procuraduría de Justicia del estado» de México, por haberse robado la imagen de la virgen que había en la Iglesia de San Juan Acatitlán (unomásuno, miércoles 12 de diciembre). Nunca, que sepamos, se aclaró el presunto robo, que era algo más que simbólico: también habían desaparecido, según los denunciantes, «el marco de oro, el cáliz, la patena y el censario de plata».

Ese mismo día, los dirigentes del PRD en el Estado de México reiteraron su desacuerdo con los resultados de los comicios en Tejupilco y dijeron que buscarían «una salida política postelectoral», pero desechando «las protestas generalizadas como método de lucha» en esa entidad. Uno de los miembros de esa dirección local, sostenía que «El PRD en el estado de México debe hacerse serios «cuestionamientos» por las deficiencias en la dirección y por el trabajo electoral y postelectoral» (El Nacional, miércoles 12 de diciembre). Ese día también el coordinador de los legisladores del PRD en el Estado de México, Higinio Martínez Miranda, había dicho en la Cámara local que «las prácticas fraudulentas realizadas en la preparación y desarrollo de las elecciones locales, impiden conocer con veracidad los resultados y presentan un esquema distorsionado de la voluntad ciudadana expresada en las urnas» (La Jornada, miércoles 12 de diciembre).

Pocas noches antes, según el editorial que unomásuno publicaría el martes 18 de diciembre, en la redacción de ese diario se recibió una llamada de Julio César García, militante perredista en el Estado de México. Así, el fotógrafo Raúl Urbina Cruz fue puesto «sobre aviso… de que algo peligroso podría ocurrir en esa comunidad. Concretamente, la noche del 23 de noviembre último, García telefoneó a Urbina para comentarle que en un mitin-plantón efectuado por el PRD el miércoles 21 de ese mes, para protestar por lo que llaman «fraude electoral» hubo gente armada que se coló entre los manifestantes perredistas». El mismo Julio César García aclaró, en una carta que La Jornada publicó el lunes 24 de diciembre: «Nunca le puse sobre aviso al reportero fotógrafo de que algo peligroso podría ocurrir en esa comunidad, como comenta unomásuno». El caso es que al mediodía del miércoles 12 de diciembre, en Tejupilco se encontraban el reportero Urbina, además del fotógrafo Julio César Zúñiga, de El Universal. Ambos diarios, así, pudieron publicar las gráficas del enfrentamiento que tendría lugar el día de la Guadalupana.

Hay varias, igual que contradictorias, versiones sobre lo que pasó ese día. Había un mitin del PRD frente al palacio municipal de Tejupilco. Atrás del presídium, se generó una batahola que acabó por incendiar la pradera ya seca de los ánimos tejupilquenses. En esos momentos estaba hablando el ingeniero Heberto Castillo. El manifestó luego, en una carta a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos: «No pude decir sino unas palabras… llamando a la cordura, al uso de las vías legales para implantar la democracia, cuando a mis espaldas, gritos de mujeres me indicaron que se iniciaba una grave provocación de numerosos granaderos que estaban dentro del palacio municipal perfectamente equipados con escudos, caretas, macanas y pistolas lanzadoras de bombas lacrimógenas. Desde el templete donde hablaba pude apreciar cómo los granaderos golpeaban con sus macanas a las mujeres que de inmediato trataron de escapar de los golpes alejándose del palacio municipal. Pude pedir a través del micrófono no responder a las provocaciones, antes de que las primeras bombas lacrimógenas cayeran en el templete…» (La Jornada, viernes 14 de diciembre).

Las distintas versiones sobre los sucesos del 12 de diciembre no son especialmente contradictorias. Raúl Urbina y Macario Lozano escribieron para unomásuno el jueves 13 de diciembre: «A las 15.25 horas, cuando Heberto Castillo, líder del PRD capitalino -cuarto orador en turno-, señalaba que por el camino de la legalidad se avanzará para implantar la democracia, se escucharon gritos femeninos que partían de la parte trasera del templete (a unos metros de la entrada principal del palacio municipal). El orador sugirió no responder a las provocaciones. El edificio municipal estaba resguardado por policías preventivos y antimotines, quienes rechazaban a los que intentaban pasar». La Jornada, en una nota de Gloria Pérez Mendoza y Roberto Zamarripa, atribuyó los hechos a «Una agresión de policías contra un grupo de mujeres perredistas que participaban en un mitin contra el fraude electoral». Otra fue la versión de doña Tere, recogida por el mismo reportero (en La Jornada del miércoles 19 de diciembre): «… empezaron a llegar varias señoras, ¿quién las mandó?, pregunté, y me dijeron que el señor gordo, Fernando Salgado, se dio vuelta así hacia los billares, al costado derecho del palacio municipal, pero no muy orillado; estaba atrás del carro de sonido y volteaba para todos lados. Pásense para allá, les decía a las mujeres. Las mandaba donde estábamos nosotras, frente a palacio, quién sabe con qué fin». Doña Tere es la madre de Guillermo González, el candidato perredista que perdió la presidencia municipal de Tejupilco. En sus declaraciones, añadió que un comandante de granaderos se le acercó, para instarla a retirarse, pero «Me quedé sola adentro y pensé que habiendo mujeres hay orden de que no disparen; hasta gusto me dio ver tantas mujeres así. Se acercó otro policía y me dijo: señora, mejor váyase, usted se va a arrepentir. Bueno, ¿qué piensan matar a alguien? le dije. Ustedes son de la policía para poner orden, además es mi hijo y está allí. Aquí voy a estar».

Hay quienes aseguran que la agresión comenzó desde el interior del Palacio Municipal. «Varios policías antimotines empezaron a aventar granadas de gases lacrimógenos desde la parte alta de un edificio, a los aproximadamente mil perredistas reunidos en torno a sus dirigentes nacionales… Al ser agredidos, los manifestantes de sus morrales sacaron armas de fuego» (según testimonio de «taxistas» recogido por Alejandro Camacho Rosas y Cornelio Santiago Cruz para Quehacer político del lunes 24 de diciembre). Luego, el agente Jesús Valerio Tinoco diría que «La provocación partió no de la policía. Una vez que estaba en la tribuna Heberto Castillo, un grupo de mujeres trató de ingresar al baño de la comandancia que es utilizado, habitualmente, por quienes lo solicitan. En la puerta había granaderos, en fila de tres, que tenían instrucciones de no dejar pasar a nadie, ya que algunos días antes trascendió que tomarían el edificio» (de acuerdo con la crónica de Mario Abad S., en El Nacional del jueves 27 de diciembre).

El testimonio de las autoridades judiciales del Estado de México fue diferente: había, aseguraron, una situación de calma en Tejupilco pero la tarde del 12 de diciembre «esa tranquilidad fue rota cuando, durante un mitin iniciado a las 15.05 horas y encabezado por Heberto Castillo, los diputados federales Carmelo Enríquez y Reynaldo Rosas, entre otros dirigentes nacionales y estatales, diversos oradores incitaron a los presentes (600 personas, aproximadamente) a tomar las instalaciones por la fuerza» (boletín de la Dirección de Seguridad Pública y Tránsito del Estado de México, expedido el miércoles 12 de diciembre por la noche). El comunicado, además, precisaba responsables: «La Procuraduría General de Justicia habrá de iniciar la averiguación correspondiente y en su momento ejercitará la acción penal en contra de los presuntos autores intelectuales de la violencia, a saber: los señores Heriberto (sic) Castillo, Carmelo Enríquez, Reynaldo Rosas, Guillermo González Hernández (a) El Satán y Fernando Arce (a) El Pecado». Por su parte, el policía Pedro Fabián de la Cruz declaró más tarde que sí lanzaron granadas lacrimógenas, y entonces «las mujeres se espantaron, creo que pensaron que era algo peligroso, porque un señor sacó su pistola, disparó y los otros lo secundaron. Alcancé a ver metralletas, rifles, escopetas y pistolas» (unomásuno, domingo 16 de diciembre).

Dos policías, Sergio Bravo y Jesús Lazcano, y un civil que luego sería identificado como Ramón Aguilar Solórzano, murieron en la balacera. Luego se dijo que había muerto otro policía. Se estima que unos 60 granaderos resultaron heridos, además de incontables asistentes al mitin.

Las autoridades insistieron en que los agentes estaban desarmados a pesar de que hay testimonios de que, por lo menos, pudieron disparar gases lacrimógenos cuando trataban de impedir la ocupación del edificio municipal. Más tarde el párroco de Tejupilco, Ignacio Barrón, confirmó que los policías estaban desarmados («hubo una revuelta de la gente contra las autoridades que custodiaban ese inmueble», le dijo a Mario Abad, para El Nacional del viernes 28 de diciembre). El martes 18 de diciembre, diputados de varios partidos que se habían propuesto investigar los hechos de Tejupilco, exhibieron en la Cámara tres metralletas, dos pistolas, dos radios de intercomunicación, dos macanas y una bomba de gas lacrimógeno que, dijeron, les había entregado gente de aquel pueblo. El gobierno del Estado de México manifestó que dichas armas podrían haber sido robadas a los policías estatales y municipales en Tejupilco. Un acta levantada el 12 de diciembre, consignaba declaraciones como las del comandante Matías Puebla Escobar, quien aseguró que: «… El elemento de la policía municipal Jesús Valerio Tinoco, le informó al de la voz que los militantes del Partido de la Revolución Democrática los habían desnudado y los habían amagado con armas de fuego y se habían apoderado de todas las armas de la policía municipal y que las armas que se encontraban en la policía municipal son las siguientes: 6 escopetas cuatas en estado de uso, 1 escopeta de cerrojo calibre 12, 5 escopetas recortadas calibre 12, una metralleta M-1, 1 metralleta UZI y pistolas de los elementos, que no sabe bien las características de las mismas…»

La versión del viejo Ignacio Reyes, quien asegura que se encontró tirada la pistola con la que habría disparado dos balazos, no parece tan descabellada. Pero también pareciera seguro que las armas disparadas en Tejupilco no provenían únicamente del almacén de la policía municipal. Junto con las de Reyes, fueron muy conocidas las fotografías de un personaje que luego sería identificado como Fernando Salgado Salinas, ex miembro del PRD, que aparecía con una ostensible metralleta y vistiendo una camiseta con el escudo de ese partido. Los dirigentes del PRD en el Estado de México dijeron el viernes 14 de diciembre que Salgado había sido expulsado del partido poco antes y sugirieron que podía tratarse de un provocador profesional, pues «este sujeto fue quien distribuyó las armas de alto calibre e incluso, como se ve en algunas fotos, enseñó a la gente de Tejupilco a utilizarlas, ya que los campesinos ni siquiera sabían cómo emplearlas». Rubén Islas, Hilario García y Alejandro Encinas, a nombre del PRD mexiquense, aseguraron que Salgado Salinas era miembro del Ejército -luego se diría que, más bien, había sido miembro de una corporación denominada Guardias Rurales-. Sin embargo la descalificación que pretendieron hacer de ese personaje fue desmentida pocas horas después por el dirigente nacional del PRD, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, quien dijo ante el Consejo Nacional de su partido: «exigimos que se retiren los cargos, claramente infundados, que cese la represión política contra Guillermo González y Fernando Salgado» (El Nacional, domingo 16 de diciembre). El reportero Roberto Zamarripa aseguró que la versión que campeaba en Tejupilco sobre el señor Salgado, era ésta: «Ese cabrón estaba de provocador, se metía a calentar a la gente; el día de las elecciones ya no lo vimos y ni una casilla cuidó. Se apareció hasta el 14 cuando ya empezaba el movimiento. Al plantón llegaba cuando no había dirigentes, hasta que lo echaron del partido porque se chingó un millón 200 mil pesos de una cooperación económica. Cuando lo corrimos, nos dijo: van a ver cabrones, pero el día 12 la chinga que se les va a para» (La Jornada, lunes 17 de diciembre).

Todo fue confusión, pero indudablemente todo fue violencia aquella tarde del 12 de diciembre en Tejupilco. Diversos testigos coinciden en que en la confusión, fueron miembros del PRD quienes dieron muerte a uno de sus compañeros. Ramón Aguilar «falleció a consecuencia de un disparo hecho con «escopeta de chispa» cargada con un proyectil de fabricación casera…», indicó el médico que practicó la autopsia. Los dos policías muertos, en cambio, fueron torturados. «Sergio Bravo Ramírez es el nombre de uno de los custodios que fueron muertos. Lo mataron a golpes, o sea policontundido (sic). Lo golpearon probablemente con un polín o con un objeto muy contundente y hasta lo patearon. Presentaba fracturas múltiples en el cráneo y el abdomen. Traía los ojos vaciados. Esto es, le sacaron los ojos a golpes. Además, presentaba un estallamiento de vísceras y múltiples hematomas. Lo golpearon de una manera atroz. Algunas de las varas que utilizaron terminaban en punta y las demás todas estaban recortadas. El otro policía muerto, Andrés López Martínez, también estaba policontundido. Además, tenía una herida muy grande, como de 30 centímetros en el abdomen, ya que lo cortaron, o lo que es lo mismo, lo desvisceraron, le sacaron las vísceras. Se ve que este muchacho, de sólo 20 años, se dobló. Y luego le cortaron el cuello con arma blanca. Y todavía le dieron un disparo en la cabeza, porque estaba vivo, así que fue un tiro de gracia, aparte de que las otras heridas eran por sí mismas mortales» (testimonio del médico Jesús Rosales García en El Nacional, miércoles 26 y jueves 27 de diciembre).

Tejupilco no puede entenderse si no es reconociendo que allí estalló una feria de intolerancias. Discutibles las elecciones de noviembre, exacerbados los ánimos perredistas, dividida la población de ese municipio, también existió, según testimonios como los antes reproducidos, una intencional provocación. Alguien llevó armas, alguien azuzó a la gente para tratar de entrar al edificio municipal, alguien le pagó al señor Salgado, alguien quería beneficiarse del incendio cívico en Tejupilco.

Luego vino la catarata de exigencias para que imperase la línea dura, por encima de la negociación política. Federico Barrera Fuentes escribió: «A nuestras autoridades les recordamos aquello, porque disponen de los caminos de la ley. Alemán soportó las peores injurias durante la campaña de 1952 pero al día siguiente de que ésta terminó y ante el reto a muerte, les mandó encima a la fuerza pública y se reprimieron grandes desórdenes durante los cuales hubo muchas víctimas. Ruiz Cortines toleró la embestida de la Federación de Partidos del Pueblo hasta donde fue posible pero en el mismo momento en que brincaron la raya, de un plomazo le canceló el registro al organismo político mencionado. Y santo remedio» (» íYa basta!, señores del PRD» en El Nacional del lunes 17 de diciembre).

Esas exhortaciones a la represión no fueron atendidas y, después del escándalo de Tejupilco, el gobierno mexiquense buscó una solución negociada. El domingo 30 de diciembre, en una ceremonia casi privada, en un salón de clases, Mario Gabino Ugarte tomó posesión como presidente municipal de Tejupilco. No duró mucho en el cargo. Ese día aseguró que no renunciaría, porque ello implicaría «traicionar el voto de los ciudadanos que me eligieron». Sin embargo, el martes 1o. de enero presentó su dimisión para «propiciar una armonía social que facilite el desarrollo y bienestar de los tepejupilquenses». Lo sustituyó Francisco Arce Ugarte, también priísta, pero al parecer menos enemistado con la gente del PRD en Tejupilco. Mario Gabino fue designado para ocupar un cargo en el gobierno del Estado de México.