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Del trébol. El trébol oloroso y doméstico, es planta muy conoscida por la razón del olor y del agua que dél se saca: cuéntase entre aquellas plantas que después de secas conservan su olor suave. Anúncianos las tempestades el trébol, contra las cuales cuando quisieren venir suele erizarse y pararse yerto: produce de un nacimiento tres hojas, y por eso se llama en griego y latín, cosa de tres hojas; la letra, INEXTINCTA SUAVITAS, suavidad que no muere, que es la de la virtud, porque las otras todas que nacen de deleites corporales acábanse con un dañado gusto que produce de sí el mal olor que en los vicios está siempre.

Ilustración: Gonzalo Tassier

Del romero. Los griegos llaman a todas las especies del romero libanotis, porque cada una de ellas huele notablemente a encienso, que es libanos. La más conocida especie es del romero coronario, de que solían hacer guirnaldas: dice Dioscórides sirve para muchas cosas, su sahumerio es contra la peste y aire corrupto; aviva el entendimiento, restituye la memoria, despierta el sentido, y en suma es saludable remedio para todas las enfermedades, fríos de cabeza y de estómago; la letra dice OMNIBUS UNA SALUS, una salud para todos, denotando que la virtud del capitán general acude a todo y remedia cuanto sucede desordenado.

Del toronjil. Llámase esta yerba Melisa por ser planta agradable a las abejas, y Citrago, por el sabor que tiene de cidra, y nosotros le ponemos el nombre del gusto de toronja; es útil al estómago frío y húmedo; conforta la digestión, despierta el sentido, fortifica el corazón y el cerebro, quita toda tristeza y temor, que procede de humor melancólico, y ataja las imaginaciones extrañas, despierta los sueños horribles y libra de toda perturbación el ánimo; son tan amigas del toronjil las abejas que jamás huyen de las colmenas que se fregaren con él; viendo cuán admirable yerba es esta, le dí una letra que fuese conforme a significar la sabiduría que todo esto puede hacer, SAPIENTIA CONFORTAVIT SAPIENTEM, la sabiduría confortó y esforzó al sabio, más que todos los príncipes de la ciudad, tomado del séptimo capítulo del Eclesiastés, esta basta a deshacer las imaginaciones y sueños levantados de ambición, y a quitar los temores vanos, y a dar fuerza a los medrosos.

Fuente: Juan de Mal Lara (¿1524/1527?-1571), “Descripción de la galera real del serenísimo señor Don Juan de Austria”, en Antología de humanistas españoles. Edición preparada por Ana M. Arancón. Editora Nacional, Madrid, 1980.

 

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