Durante su campaña electoral, el candidato de Acción Nacional a la presidencia de la República, Manuel J. Clouthier, ha transitado una y otra vez de Corazón Aquino a Jean Marie Le Pen, de la superioridad moral de la víctima al puño amenazador del bravucón. Ambas han demostrado ser cartas fuertes en el juego electoral. Con la primera se ha sumado a la razón democrática que asiste a la oposición, con la segunda ha ganado el apoyo de quienes creen en un liderazgo fuerte e intolerante. En el fenómeno Clouthier vibra la paradoja de una personalidad claramente autoritaria que pretende ser el cruzado de la democracia en México.
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