En su largo ensayo "La Comedia Humana de Carlos Fuentes" (Vuelta, 139) Enrique Krauze pisa dos trampas en las que suelen caer los críticos literarios primerizos; una es la ingenuidad que lo lleva a confundir la vida con la obra de un escritor, otra es la inocencia de dar por buenos todos los lugares comunes que la mitología cultural ha arrojado sobre un personaje. Como se sabe, la ingenuidad y la inocencia producen, en literatura, inexactitudes y desaciertos. Pero el ensayo de Krauze no es ingenuo; por el contrario, se trata incluso de un texto escrito con mala leche, y su inocencia pasa por otra zona que tiene que ver con la forma en que lee y reflexiona sobra un cuerpo literario. Como es obvio, Fuentes no necesita defensores, pero esta encarnizada lectura amerita algunos comentarios.
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