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René Drucker Colín, jefe del Departamento de Neurociencias del Centro de Investigaciones en Fisiología Celular de la UNAM, comenta «El desarrollo científico: Un programa» de Ruy Pérez Tamayo, que apareció en la sección Ciencia, paciencia y conciencia (Nexos 126).

Cuando recibí el artículo de Pérez Tamayo, pensé que ojalá y mi amigo no hubiese cambiado de tono ni de pensamiento, ya que quería no sólo seguir conservando su amistad sino también mi respeto por sus generalmente claridosos escritos. Afortunadamente así fue, y no puedo más que estar francamente de acuerdo con él, pero además quisiera poder elevar mi puño junto a él a la manera de aquellos atletas negros de la Olimpiada del 68. Sin embargo, creo que esta página en blanco, que hubiese entregado ante esa invitación para escribir un análisis sobre la política científica de esta administración, en realidad podría tener un parrafito, en el cual señalase que gracias al Sistema Nacional de Investigadores, hemos logrado tener la alimentación necesaria como para mantener la fuerza para poder escribir el párrafo. No olvidemos que permitir que los científicos no mueran de hambre, sino de vergüenza cuando se comparan sus sueldos con los dos sectores de la política e iniciativa privada, ya en el hecho de que seamos un adorno a lucir en ciertos días de visita, o seamos una molesta espina, no amerita más que tener a nuestro alrededor a todos esos burócratas y políticos quienes van a decidir cómo, cuándo y para qué se hará ciencia, para luego decidir cuánto se invertirá en ella.

Lo importante del artículo de Ruy Pérez Tamayo, es que hace una caústica crítica a lo que ha sido la política científica, no sólo de este sexenio (seamos justos), también de los anteriores, y además hace varias propuestas concretas. O sea, Pérez Tamayo es crítico y es constructivo. De aquí se destaca algo que propuse en uno de esos foros con el candidato del PRI a la Presidencia de la República: que se nombre un Consejo Científico Asesor de la Presidencia, compuesto por miembros de la comunidad científica, que funcione como un cuerpo consultivo y propositivo avocado a aconsejar, dirigir, sugerir, etc., sobre política científica, inexistente en nuestro país. Por lo demás, quizás esto sirviera para hacer entender cuán importante es dejar el CONACyT en manos de un científico respetado por su comunidad, como dice Ruy, pero más aún crear conciencia de la importancia vital que tiene la actividad científica en el desarrollo futuro del país.

A Pérez Tamayo quizás le faltó señalar que la ciencia (ojo, señores políticos) también eventualmente tiene el potencial de sacar al país del marasmo económico, ya que la generación de conocimientos derivados de la ciencia puede y debe ser aprovechada para generar una tecnología propia, la cual eventualmente puede comercializarse (ojo, señores industriales) y generar una industria propia. Lo peor que nos puede suceder es seguir comprando tecnología, y además continuar, para usar las palabras de Pérez Tamayo, en el colonialismo intelecutal. Ojalá las palabras del doctor Ruy Pérez Tamayo tengan un impacto en correspondencia con la fuerza de su artículo, pues pide lo que todos queremos: el apoyo a una actividad cuyo éxito repercutirá plenamente en beneficio de todos los mexicanos.

A diferencia de Ruy, yo sí pienso que su artículo será leído y entendido por los candidatos. Lo que me deja un poco inquieto es que a lo mejor el que llegue no haga algo al respecto, lo cual en última instancia sería como si no se leyera ni se entendiera el mensaje.