A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

Rodolfo González Guevara, quien coordina la Comisión de Modernización del Partido Revolucionario Institucional, toma como punto de partida el ensayo de Lorenzo Meyer «La democratización del PRI: ¿Misión imposible?» (Nexos 126) para precisar los objetivos de esa comisión y las expectativas de la autocrítica priísta.

Coincido en lo fundamental con el estudio de Lorenzo Meyer acerca de la democratización del PRI. Tengo algunas diferencias con algunos de sus juicios, como los que utiliza al analizar las estructuras y funcionamiento de los sectores pero, en este comentario exclusivamente me referiré a los párrafos relativos a «las voces de miembros importantes del partido del Estado que consideran indispensable iniciar un proceso de modernización del mismo que le lleve a cambiar las reglas internas del juego para que pueda autotransformarse y adaptarse a las nuevas circunstancias de su entorno social, de ahí que en los últimos meses se haya creado dentro del PRI la llamada Comisión de Modernización».

Comenzaré por precisar los objetivos que perseguimos con los cambios propuestos: 1) impulsar la lucha social para realizar las metas de la revolución mexicana, incluidas en los principios del partido, o sea apoyar las demandas de los obreros, campesinos y clases medias; luchar al lado de los sectores por su aceptación y cumplimiento por parte del Estado y b) ampliar y profundizar la democracia interna mediante la participación de los miembros y cuadros del partido, en la discusión y toma de decisiones en las asambleas, consejos y sesiones.

El cumplimiento de los anteriores objetivos nos conducirá a convertir al PRI en un partido revolucionario y democrático que apoye al gobierno para que éste tome con firmeza las determinaciones que exigen las grandes mayorías nacionales. Queda clara la conclusión de lo hasta aquí mencionado: la acción política dirigida al fortalecimiento de la lucha revolucionaria, será la base de la lucha política electoral para ganar o conservar el poder. No podemos triunfar en las elecciones si no hemos defendido a las masas en la conservación y mejoramiento de sus derechos y garantías sociales.

Ahora bien, el sistema político que ha conservado al PRI en el poder, exige que el Presidente de la República sea el líder del partido. Por lo mismo, en la medida que aquél se fortalece con el cambio, en la misma medida se fortalece el Presidente. No puede darse en estas circunstancias la oposición supuesta por Meyer. ¿Por qué? Porque me refiero a su función de líder, no de jefe autoritario. Es decir, el Presidente determinará (así es nuestro sistema) qué clase de partido va a dirigir: ¿Uno que funcione como dependencia del Gobierno, se maneje por la línea telefónica, solamente reciba «órdenes superiores», y por lo mismo no presente problemas ni dificultades, pero en cambio, no apoye ni aporte fuerza popular sino más bien sea un lastre para el Gobierno? ¿O un partido que trabaje la calle, con las masas, recoja demandas y presente problemas y soluciones, discuta y defienda ideología, programa y conductas, y por lo tanto obtenga el apoyo de las grandes mayorías para un gobierno democrático y revolucionario?

Claro, un partido así considerado, como debe ser, requiere una dirección priísta formada por políticos revolucionarios que sepan cómo manejar los problemas políticos y sociales. No burócratas y menos tecnócratas. Ambos son útiles en otras tareas pero nunca para dirigir al partido.

Cierto, como afirma Meyer, que las cúpulas de los sectores, en especial el obrero, se opondrán al cambio democrático. Pero vayamos al fondo de este problema. La relación PRI-sectores se ha vaciado completamente hasta perder su esencia política. Propiamente no existe, sólo en la forma, y solamente como presión de los sectores sobre la dirección del partido en materia de política electoral, pero no en la lucha social que es la sustancia que le da vida, acción y por lo mismo crea y forma la relación política.

¿Por qué se ha extinguido esa relación?

Porque el PRI ha abandonado la responsabilidad adquirida cuando se transformó de PRN a PRM, la responsabilidad de luchar al lado de los sectores para que sus demandas sociales y económicas sean atendidas. Este abandono comenzó cuando cambió a PRI. Esto no explica la pérdida de fuerza popular del partido, la cual ha venido en aumento de sexenio a sexenio y por lo tanto del cambio de Presidente de la República-líder del partido a solamente Presidente de la República.

Este es el primer cambio que el PRI necesita. Al recuperar el sitio que le corresponde frente a las masas, recuperará el apoyo y respeto de los sindicatos, ejidos y organizaciones de la clase media, de sus sectores. Este primer cambio nos conduce a formar la relación política con ellos y abrir el camino hacia el segundo cambio: la democratización interna, precisamente con el apoyo de sus sectores. De no ser así, este segundo cambio no será posible.

Pasemos a la forma. ¿Cómo lograr la democratización, o sea la participación en la toma de decisiones? Ampliando la representación popular: al lado de los representantes de los sectores en toda clase de asambleas, convenciones, consejos, nacionales estatales o municipales, los representantes de los comités. ¿Cuál es el instrumento que debemos utilizar para que todo esto funcione? La política, es decir, la discusión, la crítica y autocrítica y perder el miedo a las masas y a sus representantes. Triunfarán las decisiones de la dirección nacional del partido, cuando interprete correctamente las necesidades y soluciones que las masas plantean para conquistar mejores condiciones de vida y de trabajo.