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El 18 de marzo de 1975, en Lusaka, fue asesinado Herbert Wiltshire Chitepo, responsable del Consejo de Guerra de la Unión Nacional Africana de Zimbabue (ZANU), que trataba de derrocar el régimen de Ian Smith en Rodesia. La policía de Zambia informó que una mina antitanque había estallado al paso del auto de Chitepo, a la salida de su domicilio. La dirección de la ZANU, en voz de Robert Mugabe, señaló inmediatamente al presidente de Zambia, Kenneth Kaunda. Significaba una traición por parte de los Estados que servían de refugio a la guerrilla: Zambia, Tanzania, Mozambique.

A la semana siguiente, la policía corrigió el primer comunicado: no había sido una mina, sino una bomba colocada dentro del auto. El presidente Kaunda ordenó la creación de una comisión especial de investigación. Inmediatamente después del funeral fueron arrestados 57 cuadros de la ZANU y más de 1300 guerrilleros de los campamentos instalados en Zambia. En unos meses, la policía obtuvo confesiones de casi todos los responsables, y la comisión presentó su reporte final un año después. En conclusión, venía a decir que el asesinato había sido consecuencia de las rivalidades étnicas entre dos grupos de hablantes de shona, los manyika y los karanga, y acusaba directamente a dos líderes: Josiah Tongogara y Joseph Chimurenga, y a uno de los guardaespaldas de Chitepo, Sadat Kufamadzuba.

Ilustración: Estelí Meza

Ninguno de ellos fue procesado porque las confesiones habían sido obtenidas bajo tortura. En los meses posteriores circularon versiones que desmentían las conclusiones de la comisión, y contaban una historia muy diferente. En el fondo no había ningún enfrentamiento étnico, sino el conflicto entre los partidarios de la URSS y los de la República Popular China, moderados y radicales en la ZANU, y el antecedente inmediato del atentado había sido la rebelión de Thomas Nhari, en noviembre de 1974: un grupo de guerrilleros, acaso financiado por Cornelius Sanyanga, del ala moderada, que se había sublevado en Mozambique, planteando exigencias nunca del todo claras. Controlado el movimiento, Chitepo ordenó la ejecución de Nhari y de un número indeterminado de líderes, cuadros y soldados, enterrados en fosas clandestinas en Zambia. Según esas versiones, el asesinato de Chitepo había sido una decisión del alto mando, para cerrar el caso Nhari, es decir, que era básicamente un episodio de la Guerra Fría.

En 1985 aparecieron dos libros con confesiones de antiguos agentes del aparato de seguridad de Rodesia. Ofrecían una versión enteramente distinta. No parece del todo extraño que se publicasen diez años después, pero sí que los dos se atribuyesen el asesinato. En uno de los libros, el que confiesa es Taffy Bryce, en el otro, Chuck Hinde: las dos versiones explican la operación con toda clase de detalles, sólo que los detalles son distintos en uno y otro caso. Los dos describen con autoridad técnica la bomba que se empleó, sólo que describen dos bombas distintas. Coinciden los relatos en una cosa que no es menor: los dos dicen que cortaron la reja que protegía la casa para colocar la bomba en el auto; es decir, que no hizo falta colaboración de nadie del entorno de Chitepo. Los informes de la policía de Zambia no dicen nada sobre la reja, si había sido cortada o no.

La denuncia de Mugabe, las acusaciones de la comisión, los relatos posteriores de la ZANU, las confesiones de los policías de Ian Smith, todo podría ser. Pero el significado del asesinato es distinto según el relato y cada una de las versiones obliga a reconstruir toda la historia posterior de Zimbabue. Si hubiese sucedido como dijo la comisión, los conflictos étnicos habrían lastrado la historia de Zimbabue desde entonces y habría que leer toda la política en clave regional. Pero si el atentado hubiese sido una derivación del conflicto sino-soviético o de la política de Kaunda, Nyerere y Machel, el asesinato sería un episodio en una lucha por la independencia de la revolución africana en Zimbabue. Los relatos de Hinde y Bryce pintan un panorama que no tiene nada que ver con todo eso, ponen de un lado a la guerrilla, del otro a los servicios de inteligencia de Rodesia, una guerra entre blancos y negros, una guerra donde todos: Chitepo, Tongogara, Sithole, Nkomo, Mugabe tenían un único enemigo. Por cierto: en ese relato de blanco y negro es fundamental la participación de David Stirling, de la Capricorn Africa Society (CAS), un movimiento liberal, multirracial, que aspiraba a ofrecer una alternativa al nacionalismo africano. El relato dice que la CAS y la seguridad de Rodesia eran lo mismo —y se omite que Chitepo también participó en ella. Los matices estorban.

Todavía ha habido otras confesiones. En 1997, Edgar Tekere, fundador de la ZANU, publicó su versión: el asesinato había sido ordenado por la cúpula, pero no por Tongogara. El relato resultaba verosímil, porque conforme se deterioraba la imagen de Mugabe, crecía el prestigio de los líderes históricos: Chitepo, Chimurenga, Tongogara.

El asesinato de Chitepo es un mito del origen, como puede ser Tlatelolco, pero cada versión explica el origen de algo distinto.

 

Fernando Escalante Gonzalbo
Profesor en El Colegio de México. Sus libros más recientes: Si persisten las molestias y Así empezó todo. Orígenes del neoliberalismo.

 

4 comentarios en “Asesinos

  1. El relato es interesante; por supuesto los hechos son siempre complejos, incluso los aparentemente más sencillos. Un ejemplo: el múltiple homicidio ocurrido en la colonia Narvarte cuya investigación ha dejado insatisfechos a los deudos no obstante que hay presuntos responsables bajo proceso con al parecer pruebas sólidas, pero no aceptan el móvil del crimen máxime cuando entrr as víctimas figura un periodista y una activista. Este es un ejemplo sencillo

  2. El crimen de la Narvarte fue un crimen político, o fue un crimen en que algunas de las víctimas estuvieron en el momento y lugar equivocados. Los deudos dicen que fue un crimen de Estado y no faltan activistas que han tomado esa bandera. Pasolini fue asesinado en una playa solitaria por un adolescente confeso sin esclarecimiento del movil. La izquierda ha sostenido que el movil fue político y no un asesinato sórdido de un gay en busca de aventuras. Otro caso: un lider del 68 décadas después de esa protesta encontró la muerte en un hotel de paso en.una zona en la que la prostotución es habitual. Sus camaradas sospechaban de un crimen político.

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