La primera noticia que hay sobre los bagaudas en la península ibérica está en la crónica de Hidacio de Limia, o Hidacio de Chaves, obispo de Aquae Flaviae: se refiere a una expedición del general romano Asturius, en el año 441, para defender la Provincia Tarraconense de los bagaudas. El texto dice que masacró a muchos bagaudas (multitudinem bacaudarum). Son apenas dos líneas. La siguiente mención, un poco más extensa, corresponde al año 443: el sucesor de Asturius, su yerno Merobaudes, dirige una nueva campaña contra los bagaudas aracelitanos. Son los años finales del imperio, años de batallas confusas.

Hidacio habla de los bagaudas sin dar otros detalles ni explicar nada. O sea, que se trata de algo que es para él de sentido común, algo que sabe cualquiera. Y, sin embargo, es difícil saber a quiénes se refería con esa expresión. Es claro que no se trata de ninguno de los pueblos germánicos que atravesaron el imperio en esos siglos, pero nada más, y podrían ser rebeldes, campesinos sublevados, milicias locales, bandidos.

Ilustración: Estelí Meza

El siguiente pasaje del Chronicon de Hidacio es más problemático. Según la lectura que se ha hecho tradicionalmente, en 449 Basilio convocó a los bagaudas y los reunió para asaltar la ciudad de Tarazona: allí aniquilaron a los federados que defendían la plaza, junto con León, el obispo de la ciudad. Ese mismo año, como aliados del rey suevo Requiario, saquearon la región de Zaragoza y asaltaron Lérida, donde hicieron numerosos prisioneros. Hidacio los menciona una vez más, dice que los bagaudas tarraconenses fueron sometidos a la autoridad de Roma por Frederico, el hermano del rey godo Teodorico II. Prisionero Requiario, los suevos se retiraron a Gallecia, en el extremo occidental de la península.

Es el relato que repiten casi todos los libros de historia. Pero hay un problema: en la historia de los suevos de Isidoro de Sevilla, escrita un siglo después, el episodio es muy distinto, no se menciona a Basilio, y son los bagaudas quienes defienden Tarazona, junto con su obispo. Normalmente se pasa por alto, porque es una discrepancia menor. La otra lectura del pasaje de Hidacio es como sigue. Basilio es un romano, aliado de los suevos, junto con los que saquea la Tarraconense, y en Tarazona aniquila a los bagaudas. Es un problema de traducción que tiene enorme interés. En vez de leer: Basilio reúne a los bagaudas y mata a quienes estaban en la iglesia de Tarazona, se lee: Basilio mata a los bagaudas que estaban reunidos en la iglesia de Tarazona. Me interesa porque muestra la absoluta ambigüedad de la imagen de los bagaudas, que pueden ser una cosa o la contraria.

El significado del nombre sigue siendo discutido. La idea más común es que la expresión proviene del celta, y significa guerrero. Se ha querido derivar también del latín bachando, del dios Baco, es decir, borrachos, o de vagantes audacter, vagabundos. Las primeras menciones que se registran los identifican como tiranos locales, tiranos campesinos, o sea, usurpadores. En los textos romanos la palabra tiene siempre connotaciones negativas: los bagaudas son rebeldes, insurrectos, bandidos.

A fines del siglo III, en 285, Diocleciano envió a Maximiano Hercúleo a combatir una sublevación en las Galias. Los líderes del ejército rebelde, Aeliano y Amando, fueron los primeros bagaudas. La historia es confusa, pero parece claro que los bagaudas eran romanos, o romanizados en todo caso, apoyados por la población local, cristiana, necesitada de protección contra las primeras invasiones germánicas —una protección que Roma ya no podía brindar. En los siglos siguientes, el nombre aparece de vez en cuando en leyendas y tradiciones populares, con los bagaudas convertidos en héroes cristianos.

En el noroeste de la península itálica, en el sur de la Galia, circulaba en el siglo V la leyenda de san Mauricio y la legión tebana, martirizados por haberse rehusado a combatir a los cristianos, y se confundía con la historia de san Germán de Auxerre, obispo defensor de los bagaudas (cuya defensa figura en la historia eclesiástica de Orosio). Hay otras historias. Las cartas de fundación del monasterio de saint Maur des Fossés, del siglo VII, se hacen eco de una tradición popular según la cual los bagaudas cristianos, Aeliano y Amando, habían defendido una fortaleza (Castro Bagaudarum) en el mismo lugar en que después se levantó el monasterio. Aparece además Bacauda como nombre propio, nombre de notables y de prelados eclesiásticos.

Las bagaudas son claramente un síntoma de la decadencia del imperio, cuando la inseguridad hace que se multipliquen los grupos armados. Aparecen como una forma de defensa local, enemiga del imperio, de los grandes propietarios, que acaso respondía a la estructura paralela formada por la iglesia, organizada a partir de la autoridad local de los obispos. Por eso pueden ser tiranos locales, rebeldes, bandidos o héroes cristianos. La disolución de las formas políticas ofrece paisajes fascinantes.

 

Fernando Escalante Gonzalbo
Profesor en El Colegio de México. Sus libros más recientes: Si persisten las molestias y Así empezó todo. Orígenes del neoliberalismo.


1 El pasaje del Chronicon de Hidacio dice exactamente esto: Basilius ob testimonium egregii ausus sui congregatis Bacaudis in ecclesia Tyriasone foederatos occidit, ubi et Leo ejusdem ecclesiæ episcopus ab isdem, qui cum Basilio aderant, in eo loco obiit uulneratus.