Hace algunos días esta ciudad me enseñó cómo se siente el temor. Era lunes por la mañana en Ciudad de México. Traía en la cabeza las noticias anticipadas de la marcha del 8 de marzo y la convocatoria del paro de mujeres del día siguiente. Descubrí en mi camino de siempre un Botón de Auxilio. Sentí un corto circuito en el estómago. Mi primer pensamiento fue: “Algo pasó aquí. Tal vez no debería cruzar por este lado en la noche”. Unos pasos más adelante exhalé y fui racional: “Podría ser que sólo están colocando más en la colonia”. Verlo provocó en mí el efecto contrario de lo que explica su cartel: “Sendero seguro”; “Camina libre, camina segura”. Aquel día, antes de las diez de la mañana, supe que mi unión con las calles se había vuelto frágil, como el papel cebolla.

Ilustración: David Peón

Camino y recorro la ciudad en transporte público porque no sé manejar y me caigo de la bicicleta. Entre pasos, cambios de estaciones del metro y metrobús o paradas del camión, he visto las señales urbanas que les dicen a las mujeres que algo anda mal, que corren peligro.

Cuando caminas sola por la noche y un hombre te persigue, puedes presionar el Botón de Auxilio. Cuando viajas en el metro y quieres evitar un acoso, es mejor que subas a los vagones exclusivos de “mujeres, niñas y niños menores de 12 años”. Cuando usas el metrobús y quieres viajar segura, ve sentada o de pie en el “área de mujeres”. Cuando viajas en camión y prefieres ir acompañada sólo por mujeres, puedes esperar uno de los RTP del programa Atenea.

En Ciudad de México, el color rosa en la señalización urbana indica que “ya se están tomando medidas” para evitar que las mujeres sean víctimas de violencia sexual, aunque los discursos oficiales vayan en sentido contrario. Y también es el recordatorio de que la convivencia con los hombres debe estar delimitada por asientos rosas y por barreras metálicas o de plástico en los andenes del metro. El rosa puede ser una luz roja parpadeante.

Las mujeres también le han declarado su odio a la ciudad que, entresacando las palabras del poeta, es negra, dolorosa, colérica y cruel con ellas.

Pegan carteles con una adaptación del típico papel picado de Día de Muertos, en los que aparece una catrina con el mensaje “Ni una menos”. Escriben en muros, con caligrafía delgada, mensajes breves y dolorosos: “No es no”; “No me cuidan, me violan”; “Yo sí te creo”; “Asesinos”; “Fátima”; “Ni una más”; “Somos muchas”; “La noche es nuestra”; “Somos malas y podemos ser peores”. Cuelgan un memorial del feminicidio en México con los nombres de las víctimas. Colocan una antimonumenta sobre avenida Juárez. Prenden veladoras y dejan ramos de flores al pie de monumentos históricos. Gritan en las calles porque están cansadas del silencio. Secan sus lágrimas bajo el sol. En el presente está el dolor de las mujeres para quienes la vida es pasado.

Cada una de las mujeres que vivimos aquí tenemos un recuerdo violento fosilizado: una pieza de ámbar que vista a contraluz revela algo oscuro. Y la respuesta de la ciudad es darnos un código nuevo para movernos en la calle y en el transporte público. Aislarnos. Se dice preocupada, pero en realidad es distante.

Atrás quedaron los días en los que creía ser una superviviente capaz de enfrentar el caos urbano. En esa relación yo me sentía fuerte, me adaptaba a todo. Ahora tengo en la cabeza el mal. Les pido a mis amigas que no caminen por calles oscuras y que envíen un mensaje cuando lleguen a casa. Los hombres que transitan y quienes gobiernan en esta ciudad han perdido de vista que no hay libertad para las mujeres si tenemos que vivir entre áreas exclusivas y botones de auxilio.

 

Kathya Millares
Editora.

 

Un comentario en “Señas de una ciudad

  1. es urgente , necesario entender y frenar la violencia en contra de las mujeres , nosotros los hombres debemos de aprender una nueva masculinidad donde tod@s beneficiados con nuevas actitudes y acciones de respeto, solidaridad y empatia