Diarios, cartas, memorias

30 de marzo [1934]

En dos o tres ocasiones he considerado en mi vida la posibilidad del suicidio, pero creo que nunca con tanta fuerza y claridad como esta noche, durante el breve lapso que transcurrió entre los Campos Elíseos y la calle Vaneau, en el taxi que me dejó delante de mi puerta.

¿Para qué me quiere este señor que se me acerca mientras le pago al chofer?

—¿El señor Gide?

Respondo con un gruñido. El otro insiste:

—Por favor, ¿es usted el señor Gide?

A esta hora de la noche, en la calle ya desierta, ¿para qué me puede requerir este hombre?

—Es—me dice—que está corriendo esta noche por todo París el rumor de que usted se ha suicidado. Soy redactor de Le Petit Journal y, como otros colegas, he venido a informarme.

André Gide, Diario

Ilustración: Estelí Meza

 

De películas y poesía

Toritos y trivia

En la pantalla televisiva se lee:

DEPELHD 910. HD. AMOR LIBRE. SC 1978. Dos amigas de la clase media se hacen independientes económicamente y viven como socias de una tienda sin represión familiar.

En un pasaje de la película, dirigida por Jaime Humberto Hermosillo (1942-2020), el personaje de Julissa le lee al personaje de Alma Muriel un poema de un poeta mexicano del siglo XX. ¿De qué poema y poeta se trata? Busca la respuesta en “Cacatúas danzarinas y zoomusicología”.

 

Últimas famosas palabras

[Benjamin Constant, filósofo y novelista francés, muerto en 1830. Tomándose un respiro mientras corregía galeras del libro que iba a publicar:]

Mañana el resto.

 

Ojo revistero

Este 20 de enero se cumplió el bicentenario del nacimiento de Anne, la menor y el “patito feo” de las hermanas Brontë. Mesa de Noche se explica: Charlotte tiene a Jane Eyre (1847), Emily tiene a Cumbres borrascosas (1847), Anne tiene Agnes Gray (1847), que en comparación con la fama póstuma de las hermanas es como no tener. O era. El suplemento literario del Times (17/1/20) tituló ingeniosamente “She too” un número de homenaje a Anne Brontë. Uno de los artículos escrito por Emma Butcher destaca la manera en que la mencionada novela de Anne Brontë se ha abierto paso lentamente hasta quedar como una piedra fundadora en el camino a los derechos y la independencia social de las mujeres: lo que Anne escribió ronda la era del #MeToo. Otra colaboradora, Samantha Ellis, dice que en el personaje de Agnes Gray asistimos a una especie de #MeToo del largo de una novela para institutrices maltratadas. Tanto Anne como Charlotte sufrieron como institutrices, pero mientras Charlotte romantizó su experiencia (dándole a su heroína un jefe atractivo, una ama de llaves maternal y un solo y adorable pupilo) Anne escribió una novela que revelaba las cosas. Y cómo estarían que cuando salió Agnes Gray firmada bajo seudónimo masculino (como hicieron todas las Brontë) un crítico supuso que “el autor… debió haber sobornado ampliamente a una institutriz, ya fuera con amor o con dinero, para que le revelara los secretos de su prisión-casa”. En la novela Anne Brontë conectó del mismo modo la violencia contra las mujeres con la violencia contra los animales, anticipando a activistas como Frances Power Cobbe (1822-1904), quien veía en ambas violencias un solo espectro de violencia masculina. A Anne le habría gustado saber que tiempo después Lady Amberley, sufragista y (de modo incidental) madre de Bertrand Russell, dijo que quisiera darles Agnes Gray a todas las familias con institutrices para que la leyeran.

La otra novela de Anne Brontë que volverá con fuerza en su bicentenario es The Tenant of Wildfell Hall (1848). Es la historia de Helen, una joven que se cambia a un nuevo vecindario con su hijo. Los vecinos dudan de su respetabilidad por ser madre soltera, pero, como se lo revela a su amigo cercano y futuro segundo esposo, Gilbert Markham, era la víctima de un matrimonio abusivo y se ha escapado en secreto de su narcisista y alcohólico esposo, Arthur Huntington, para intentar una vida nueva e independiente como artista. Este fue un ejercicio desafiante de autonomía femenina en el siglo XIX. Primero, y antes que nada, las acciones de Helen eran ilegales. Fue sólo hasta la introducción de las Actas de Propiedad de las Mujeres Casadas en 1870 y 1882, y enmiendas subsecuentes, que las mujeres casadas obtuvieron el derecho de considerar sus salarios, bienes e hijos como propiedades separadas de sus esposos. La creación de Anne fue un desafío a los principios de la sociedad británica. Tiempo después, en 1913, la escritora y activista May Sinclair escribió que el ruido de Helen al azotar la puerta de la recámara contra su marido reverberó por toda la Inglaterra victoriana. Lo sigue haciendo.

 

Libro en mano

Sobre la Mesa de Noche está el libro La locura divina. Poetas místicas de la India (ERA, 2019), con introducción, selección y traducciones de la poeta mexicana Elsa Cross. De una poeta incluida, Akka Mahadevi (circa 1130-1160; significa “hermana mayor”) se dice que tuvo que casarse muy joven con un rey de la región donde vivía. “Se cuenta que impuso dentro del matrimonio ciertas condiciones que, cuando el rey no respetó, le dieron un magnífico pretexto para abandonarlos a él y a su reino. Uno de los relatos cuenta que el rey le dijo que podía irse, si quería, pero que no se llevara nada que él le hubiera dado, ante lo cual, Mahadevi se desnudó allí mismo, y cubierta sólo con sus largos cabellos, salió del palacio hacia una vida incierta de asceta errante.

“Otro relato dice que fue en un acto extremo de renuncia que ella se despojó de toda posesión externa, incluso de su ropa. Esto era algo frecuente entre ascetas hombres, tanto jainas como shivaítas, pero resultaba insólito en el caso de una mujer. Era un desafío flagrante a la sociedad entera. Lo fue incluso para la comunidad de devotos a la que llegó en sus peregrinajes”.

 

La fotofona

Sobre la Mesa de Noche el teléfono celular iluminó su pantallita y se envió a sí mismo una fotofona, una foto al vuelo y de vida cotidiana tomada ese mismo día. Ya traía título: “El Involuntario Ingeniero Junghanns. Toma de perfil”. Hela aquí:

 

Antes de dormir

En su autobiografía, Carl Gustav Jung cuenta un sueño en el que se halla frente a una casa para la oración, sentado sobre el suelo en la posición del loto, cuando advierte a un monje absorto que medita profundamente. Se acerca y ve que el rostro del yogui es el suyo. Presa del terror, se aleja, despierta y piensa: “Es él el que medita; ha soñado y yo soy su sueño. Cuando despierte, ya no existiré”.