Pensemos en la lírica de Rudolf Alexander Schröder (1878-1962). Nada hay en ella en busca de novedades, de caza de originalidad, sino que todo es un atenerse a lo tradicional, un moverse dentro de las posibilidades expresivas heredadas, dentro de las formas y de los géneros más viejos: la antigua oda y el soneto romántico; la ligera canción popular y la canción religiosa de severa arquitectura; Horacio y Dante; siglo XVII y Hölderlin. Y, sin embargo, siempre percibimos un determinado y peculiarísimo sonido del alma; unas veces es más apagado, otras más fuerte, unas veces aparece disimulado y otras resuelto, pero nunca puede pasar inadvertido. Por ejemplo:

Desde la angustia de muerte y de vida,
y desde el núcleo mismo de este tiempo,
te invoco a gritos, y te invoco en vano,
te llamo, pero tú te encuentras lejos.

De la tortura eterna y obstinada
en lóbregas tinieblas prisionero,
no me arrepiento; y que entre los hombres
ya no me cuenten, es mi solo anhelo.

Ya muchas cosas me han acontecido,
y muchas otras más aún se preparan;
pues es que todo, todo, muerte y vida
no son, sin ti, sino palabras vanas.

Mucha tradición literaria palpita en estos doce versos. El simbolismo bíblico, el tono de Lutero, la poesía religiosa del siglo XVII, el “Grito primaveral de un siervo desde lo profundo” de Brentano. Y, sin embargo, la expresión es muy vigorosa y hay gran energía en el ademán verbal.

Igualmente cargados de reminiscencias literarias (el Cantar de los cantares, san Juan de la Cruz, fray Luis de León) están los siguientes versos de Miguel Hernández (1910-1942):

Era cano y moreno,
alto y mejor mirado que una roca
florecida de hinojos y cantueso,
nutrida de jarales.
Como la paz de bueno,
la regalada llaga de su boca,
entre la voz y el beso
destilaba panales.
¡Ay dolor sin compaña!
¡Ay pena sin pareja!
¡Ay qué grande sin él es la cabaña!
¡Ay qué sola sin él está la oveja!
Despiértate a mi queja:
no duermas, que me muero,
no mueras, que no vivo.
¡Válgame, mi cordero!,
¡qué triste, qué roncero!,
¡qué blanco!, ¡qué inactivo!

 

Fuente: Johannes Pfeiffer, La poesía. Traducción de Margit Frenk. FCE, México, 4.a reimpresión, 1971. [La traductora añade a su trabajo la virtud de ofrecer ejemplos o equivalencias en lengua española a todos los poetas de lengua alemana que Pfeiffer cita].