En el siglo XVI el Imperio español llegaba a Asia. La lengua española se oía en todo el mundo conocido por Europa. Hoy el español, no gracias a marinas y ejércitos, sino a una muchedumbre de trabajadores hispanoamericanos y peninsulares, se extiende aún más. Es un imperialismo pacífico del Pacífico cuyos resultados son beneficiosos tanto para los inmigrantes como para los países en donde se asientan. El libro Historia cultural de los hispanohablantes en Japón da cuenta cabal de sus efectos en el país asiático más próspero, Japón. Descubrimos en él una comunidad ibérica afín, pero lejana, y en proceso de asimilación a otra dominante y ajena; es una situación muy distinta a la de las colectividades latinoamericanas en Estados Unidos y otros países del mundo occidental, como España, donde hay un trasfondo común, aparte de una relativa proximidad geográfica. Japón es otro mundo, de una lejanía real y cultural inmensa, casi infranqueable. Pero ahora tenemos a alguien que la ha franqueado y nos cuenta el proceso de otros como ella.

Araceli Tinajero,
Historia cultural de los hispanohablantes en el Japón.
Nueva York, Escribana Books, 2019, 305 pp.

Araceli Tinajero es una mexicana de Ciudad de México que pasó parte de su adolescencia en Japón, donde aprendió japonés y se enamoró de la cultura, que se ha convertido en su objeto de reflexión como escritora, crítica, profesora y poeta. Titular de literatura hispanoamericana en el City College de Nueva York, ha enseñado japonés en el Reino Unido y español en Yale. Es autora de Orientalismo en el mundo hispanoamericano (2004) y El lector de tabaquería (2007), que recibió mención honorífica en el Premio Casa de las Américas y es su obra más conocida. En el 2012 publicó Kókoro: una mexicana en Japón, unas emotivas y reveladoras memorias traducidas también en inglés. Sus ensayos de crítica y poesía han aparecido en múltiples publicaciones españolas, hispanoamericanas, norteamericanas y japonesas, y ha dado charlas y conferencias en todas esas regiones. Tinajero reparte su tiempo entre Nueva York y Ciudad de México y visita con frecuencia Japón.

La inmigración hispana a Japón empezó durante los años noventa del siglo pasado; la mayoría, el 80 %, son peruanos, no pocos nissei o nikkei, hijos de japoneses, o nisei, nietos de japoneses. Pero hay también no pocos brasileños, de estirpe similar, además de colombianos, mexicanos, chilenos y españoles. Tinajero ha realizado una amplia y minuciosa investigación que tiene mucho de antropología, entrevistas a traductores, escritores, locutores de radio, profesores, y de bibliografía: el acopio detallado de revistas, periódicos y otras publicaciones, además de una historia de la música, el baile y la cocina de esa comunidad. A esto se suma la crítica literaria: porque Tinajero hace gala de su vertiente de profesora de literatura y poeta al evaluar, con justo criterio, la producción escrita en español de esos inmigrantes, cuyo vínculo más fuerte y socorrido es el idioma. Se podría decir que los problemas de aprendizaje del japonés, la enseñanza del español (y portugués) a japoneses domina la vida de estos latinoamericanos desplazados, asediados por la nostalgia, la soledad, el aislamiento y la discriminación. Todo esto se expresa en poemas, cuentos y hasta novelas que Tinajero ha leído, clasificado y juzgado con ojo certero. Sus paráfrasis son en sí literatura. También, de pasada hace una justipreciación valiosa de la literatura japonesa que se ocupa de temas hispánicos y otros; está muy al tanto de la literatura actual del archipiélago del Sol Naciente.

Los latinoamericanos y españoles somos uno y varios. Lo que nos une es la lengua y la religión, sobre todo la lengua, por eso el libro de Tinajero se focaliza en actividades que la tienen en su centro; el aprendizaje, la enseñanza, el periodismo, la radio, los espectáculos y la literatura. Hay rituales patrióticos y religiosos en que los inmigrantes solazan su nostalgia y ansia de congregación con sus iguales. El periodismo y la radio los reúnen y mantienen informados inclusive de lo que ocurre en sus países de origen. Pero es en la literatura donde el choque de culturas tan diferentes se hace más dramático. Sé ahora que el japonés no tiene ni singular ni plural, ni masculino ni femenino, y carece de artículos; traducir de o al japonés es una tarea de creación literaria, porque el cruce de idiomas remite al origen mismo del acto poético. Aquí es donde yo encuentro lo más valioso del libro de Tinajero y donde sus selecciones de poemas y el comentario de los mismos nos aproximan lo más que es dado a la chispa donde surge la poesía. Algunos de los poemas me parecen verdaderamente notables. La música también destaca las diferencias y es un medio que alivia la nostalgia de una forma emotiva, y tiene además la ventaja de que, aparte de las letras de las canciones, las melodías y ritmos son ajenos a las dificultades del idioma. La música es una lengua sin lengua que nos llega a lo más profundo del espíritu y esto es fundamental para la comunidad hispanohablante en Japón, y para los japoneses que disfrutan e invierten en música latinoamericana y española; esto incluye el baile, como el flamenco, la salsa y la marinera. El nivel de información sobre la música en este libro es muy alto. Pero desde un punto de vista de erudición literaria y conocimiento antropológico lo más sobresaliente es la atención dedicada a las bibliotecas, desde las más pequeñas y humildes hasta las de los grandes centros de enseñanza y las de las cárceles y centros de detención. Tinajero puntualiza a qué libros tienen acceso los prisioneros hispanos en esas entidades. Al aspecto antropológico del libro se suman las muchas y muy buenas fotos que contiene, tomadas por la propia autora. Hay que quitarse el sombrero ante semejante escrupulosidad.

En breve, aunque el tema de Historia cultural de los hispanohablantes en el Japón parezca marginal no lo es. El libro nos enfrenta a asuntos fundamentales sobre la cultura en todas sus dimensiones.

 

Roberto González Echevarría
Profesor del Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Yale.