Durante los últimos años, la corrupción y la desigualdad han ocupado cada vez mayores espacios de la discusión pública, no sólo en países con altos niveles de desarrollo, sino prácticamente en todo el mundo. Diversas investigaciones han documentado que existe una relación entre ambos fenómenos.1

Si bien no es posible determinar qué problema genera al otro, es cierto que la existencia de uno permite la exacerbación del otro: la corrupción causa condiciones en la sociedad que llevan a una mayor desigualdad, y la desigualdad ocasiona que la corrupción se vuelva un mecanismo natural para el cumplimiento de intereses personales o de grupo. Así, ambos fenómenos entran en un ciclo de retroalimentación que los vuelve más fuertes y provoca la repetición del proceso.

La correlación que existe entre corrupción y desigualdad tienen impacto en el ámbito económico y de justicia de la sociedad. Por un lado, uno de los actos de corrupción más recurrentes es la desviación de recursos públicos para intereses privados. Esto supone que la corrupción disminuye la cantidad de recursos públicos disponible para ejercer en servicios de salud, educación y seguridad que benefician principalmente a quienes menos tienen; sin embargo, esa no es la única consecuencia.

La corrupción también genera incertidumbre sobre las acciones de las autoridades. El Estado de derecho supone que el gobierno está obligado a actuar conforme a las leyes que reflejan los acuerdos hechos por quienes integramos a la sociedad. Sin embargo, si no existen mecanismos para garantizar el cumplimiento de los derechos por igual, quienes tienen más recursos podrán dedicarlos a que el gobierno atienda primero sus necesidades e intereses, provocando que quienes tienen menos recursos puedan influir menos en las acciones de gobierno.

Ilustración: Víctor Solís

 

En la encuesta realizada por el periódico Reforma y Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) a inicios de 2019, 13% de las personas consultadas reconoció que en los últimos doce meses se les solicitó alguna “propina, mordida o favor”. Entre quienes afirmaron haber pagado un soborno, 34% reportó hacerlo sólo una vez; 27% dijo que dos y 22%, tres veces o más.  En promedio, las personas cuestionadas pagaron 1,876 pesos por cada soborno; sin embargo, al analizar la frecuencia del monto pagado, pareciera haber una relación con el monto de los billetes disponibles. Los pagos más frecuentes fueron 500 y 200 pesos (12.6% y 12.2%, respectivamente. Ver gráfica 1).

Gráfica 1. Monto promedio del soborno

Fuente: Encuesta Percepciones sobre corrupción e impunidad 2019, Reforma-MCCI.

La corrupción tiene más costos para los hogares con menos recursos. Estudios realizados por diferentes organizaciones internacionales desde los noventa aportan evidencia en este sentido. Sirva de ejemplo un estudio publicado por el Banco Mundialen 2001, en el que reportó que en Paraguay los hogares pobres destinan el 12.6% de su ingreso en sobornos, mientras que los hogares con ingresos altos dedican el 6.4%; en tanto, Sierra Leona reporta un comportamiento similar: 13% en hogares de bajos recursos y 3.8% en hogares de ingresos altos.2

Para el caso de México, Transparencia Mexicana desarrolló el Índice Nacional de Corrupción y Buen Gobierno en 2010.3 Esta encuesta encontró que, en promedio, los hogares mexicanos destinaron ese año el 14% de sus ingresos en sobornos; esta proporción alcanzó el 33% en aquellos hogares con ingresos de hasta un salario mínimo.

Al considerar el ingreso de los hogares, la encuesta realizada por Reforma y MCCI encontró que, en el grupo de ingresos entre 20 y 32 mil pesos mensuales, el soborno pagado representa 9.3% de sus ingresos; mientras que para el grupo de hogares con ingresos entre 2,600 y 6,000 representa el 38.3% (Gráfica 2). En el cálculo elaborado por Transparencia Mexicana en 2010, el 33% de los ingresos por hogar representaba exclusivamente el porcentaje destinado por hogares con un salario mínimo o menos; por su parte, el cálculo elaborado en 2019 con esta nueva encuesta abarca hogares entre uno y tres salarios mínimos.

Gráfica 2. Porcentaje del ingreso destinado a soborno por grupo de ingreso

Fuente: Encuesta “Percepciones sobre corrupción e impunidad 2019” Reforma-MCCI.

Un ejercicio reciente elaborado por los investigadores del CIDE Oliver Meza y Elizabeth Pérez-Chiqués4 concluyó que los ciudadanos recurren al uso de mecanismos ilegales, como el uso de un favor, para conseguir un servicio municipal que no tiene sustitutos en el mercado. Tomando este argumento como base, es posible señalar que si para recibir un servicio público (hospital, escuela, policía) es necesario pagar un soborno, quienes tengan la opción de buscar una alternativa en el mercado, lo harán. Sin embargo, las personas de menos recursos —Rose y Pfeiffer5 plantean que los hogares con menores ingresos hacen uso en mucho mayor proporción de las instituciones públicas y sus servicios— no tienen alternativa y están obligadas a recurrir a estos servicios y a pagar los sobornos solicitados. Así, la corrupción tiene un doble impacto para quienes tienen menos recursos: quienes tienen la posibilidad pueden recibir mejores servicios privados.

De acuerdo con el barómetro global de corrupción, elaborado por Transparencia Internacional6 en países de América Latina, 19% de los usuarios de hospitales públicos en México reportó haber tenido que pagar un soborno; para usuarios de escuelas públicas fue de 16%. Así como la corrupción está relacionada con la desigualdad económica, también está relacionada con otras desigualdades: el mismo estudio encontró que las mujeres son más propensas a pagar sobornos en servicios de salud y educación pública. Lo anterior puede verse explicado al ser pilares de las familias y los hogares. Este mismo reporte señala por primera vez una forma muy preocupante de corrupción con un marcado componente de género: la extorsión sexual o sextorsión —cuando la persona se ve obligada a realizar favores sexuales a cambio de obtener servicios públicos. En México dos de cada diez personas son extorsionadas sexualmente a cambio de un servicio. Adicionalmente, las denuncias hechas por hombres tienen mayor probabilidad de seguimiento y sentencia que las realizadas por mujeres. 

La corrupción extractiva o pequeña —aquella obtenida a partir del cobro de sobornos para obtener un servicio público— representa, entonces, un gasto mayor para los sectores más vulnerables de nuestras sociedades: las personas de menos ingresos, las mujeres y otros grupos discriminados deben sacrificar una proporción mayor de sus ingresos para obtener servicios públicos a los que tienen derecho. Esta condición debilita a las instituciones públicas que pueden reducir la brecha entre quienes tienen altos ingresos y quienes no. La corrupción vuelve más ineficiente a las escuelas y clínicas públicas, amplía la brecha entre ricos y pobres, y allana el camino para la comisión de nuevos actos de corrupción (facilitadora para los hogares de altos ingresos o extorsiva para los de menores ingresos).

Romper esta dinámica puede ser complejo, pero existen medidas relativamente sencillas que pueden empujar las cosas en la dirección adecuada: una de ellas es modificar aquellos esquemas legales que benefician principalmente a las personas de mayores ingresos, tales como las exenciones fiscales o los bajos impuestos a las ganancias. por otra parte, es necesario fortalecer la rendición de cuentas al sancionar a quienes abusen de su posición de poder para obtener beneficios privados.

 

Cecilia Castro Pellat y Ricardo Alvarado Andalón
Integrantes de la Unidad de Investigación Aplicada de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad.


1 (Sanjeev, et. Al., 1998, You y Sanjeev, 2005; Transparencia Internacional, 2015; De la Calle, 2018)

2 Banco Mundial (2001) World Development Report. Attacking poverty.

3 Transparencia Mexicana, Índice Nacional de Corrupción y Buen Gobierno.

4 Meza y Pérez-Chiqués (2019, 9 de septiembre), “La corrupción en el gobierno municipal”. nexos

5 Peiffer y Rose (2016), “Why are the poor more vulnerable to bribery in Africa?”.

6 Transparencia Internacional Barómetro global de la corrupción 2019.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.