Cada vez es más frecuente en las protestas callejeras de distintas latitudes observar la irrupción de jóvenes encapuchados, vestidos de negro, que rayan las paredes, utilizan sopletes y destruyen los símbolos del capital global y del Estado. Grupos que se asumen anarquistas y, si bien constituyen la deriva violenta del altermundismo, hincan sus raíces ideológicas en el anarcoindividualismo y tienen los antecedentes más próximos en algunos de los núcleos armados urbanos que se formaron en la revuelta juvenil de los sesenta. Esto no quiere decir que todo el que vista de esa forma y actúe de esa manera forme parte de esta corriente, pues frecuentemente los propios movimientos sociales detectan a los provocadores infiltrados, pero da la medida de un fenómeno político en crecimiento, soslayado en México por la violencia descontrolada que padecemos. No son las viejas reivindicaciones del movimiento obrero las que los movilizan, sino la ecología, el feminismo, la autonomía, los costos de la civilización industrial, el rechazo a las distintas formas de opresión y subordinación contemporáneas, además de la oposición hacia cualquier estrategia reformista, organización jerárquica o pacto con el “enemigo de clase”.

A estos grupos se les identifica con el llamado anarquismo insurreccionalista, término que comenzó a usarse en la década de los noventa del siglo pasado. A mediados de esta, aprehendieron en Italia a varios militantes de esta tendencia por delitos o apología de la violencia, entre ellos Alfredo María Bonanno, autor de La alegría armada (1977), panfleto en el que opuso la alegría del juego, incluso armado, a la insulsa y conformista reproducción de la sociedad capitalista por parte de los medios masivos o a la disciplina centralizada de los “partidos militares” de inspiración leninista, al proponer los “grupos de afinidad” articulados en red. Sus miembros no ingresan formalmente a la organización, como en un sindicato o partido, antes bien se integran cuando se reconocen afines a otros en la acción. Ésta debe realizarse en el marco del movimiento de masas con el propósito de multiplicar su influencia, ganar adeptos y crear espacios de autonomía. En otro registro, la división clásica entre capitalistas y trabajadores de la sociedad industrial, el teórico estadounidense, resguardado en los seudónimos de Feral Faun o Wolfi Landstreicher, la remplazó por las categorías de incluidos y excluidos, esto es, quienes tienen o no derechos, como la polaridad fundamental en la que denomina era posindustrial.1

Ilustraciones: Alberto Caudillo

El anarquismo insurreccionalista se extendió en el último cuarto de siglo en no pocos países, mientras en México ha ganado terreno y notoriedad en la protesta pública de los años recientes, más todavía en las manifestaciones de 2019 con motivo de la violencia de género y el quinto aniversario de la Noche de Iguala. En virtud de ello, intentaremos hacer una reconstrucción de la trayectoria de este movimiento radical, de las líneas generales de su acción, los principios básicos que lo animan y el trazado de sus huellas en nuestro país en lo que va de la década, después de ofrecer algunos antecedentes indispensables para contextualizarlo. La información es fragmentaria y las fuentes, escasas y poco conocidas. No obstante, consideramos útil compartirlas con los lectores, aventurar algunas ideas y ofrecer el cuadro de una forma de la protesta pública con la que habrá de contender el Estado en los próximos años y frente a la cual las otras corrientes dentro de los movimientos sociales deberán fijar postura. Adelantamos que pensar en los integrantes de estos núcleos anarquistas como jóvenes rijosos, porros, desadaptados, lumpen o “conservadores” no sólo oscurece la comprensión de la violencia social, sino también minimiza su dimensión.

 

La táctica de lucha de los anarquistas insurreccionalistas es el bloque negro. Ésta integra grupos de afinidad conformados entre cinco y veinte personas, los cuales se coordinan con otros núcleos para realizar acciones de mayor envergadura, aunque cada uno conserva su autonomía y libertad de acción. El bloque negro surgió en la República Federal Alemana contra el despliegue policial más amplio de la posguerra que desmontó violentamente el plantón antinuclear de 1980. Frente  a la ola de arrestos ocurridos en diversas ciudades del país, aunado al desalojo de viviendas ocupadas ilegalmente, algunos activistas utilizaron ropa negra como distintivo en las manifestaciones y máscaras —para evitar la identificación policial— y destruyeron en el viernes negro de diciembre de aquel año un área comercial en Berlín. La música anarcopunk, la presencia de grupos antirracistas y las imágenes de los medios de comunicación facilitaron la propagación de la estrategia en otros países.

Esta misma táctica de lucha se empleó en Washington en una manifestación frente al Pentágono en 1989. Durante la cumbre de la Organización Mundial del Comercio de 1999 en Seattle, un contingente vandalizó los locales de GAP, Starbucks y Old Navy. Vendrían Davos, Cancún, Praga, Melbourne, Niza y Zúrich. En Génova, con motivo de la reunión del G8 de 2001, un conglomerado numeroso dañó bancos y tiendas, además de destrozar automóviles. Durante la Tercera Cumbre de las Américas (Quebec) del mismo año, el bloque negro se encargó de derribar la barrera protectora que impedía el paso de los manifestantes al centro de la ciudad. Occupy Oakland, la Primavera Árabe, las protestas griegas e italianas contra las políticas de austeridad, la manifestación el día de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto en Ciudad de México y las movilizaciones de 2013 en Río de Janeiro y São Paulo contaron también con la presencia del bloque negro.

El 21 de diciembre de 2003 varios grupos anarquistas italianos suscribieron la “Carta abierta al movimiento anarquista y antiautoritario” en la que convocaron a internacionalizar la lucha libertaria. La proclama se acompañó de varios artefactos explosivos caseros que estallaron fuera de la residencia de Romano Parodi, en Bolonia, entonces presidente de la Comisión Europea. Con ella nació la Federación Anarquista Informal (FAI). Desde aquella noche, diversos actos violentos (particularmente cartas bomba enviadas a ejecutivos de varios corporativos italianos) los suscribieron los miembros de la FAI. La carta se alzó como el manifiesto de la agrupación libertaria. Cada individuo o grupo adherido a la FAI se compromete con ella únicamente en cada acción específica (incluyendo el proceso formativo), a modo de quedar libre para, en contextos diferentes, sumarse a otras causas. La FAI autoriza a sus integrantes (individuos o colectivos) emplear sus siglas al añadir la denominación particular de cada organización. Ahora bien, quien pertenece a ella debe acatar el pacto fundamental de apoyo mutuo. Esta es una federación porque “es difusa y horizontal”, sin líderes; es anarquista en la medida en que está por la destrucción del Estado y el capital, contra la explotación del hombre por el hombre y de éste con respecto de la naturaleza; es informal, ya que carece de cualquier “tipo de concepción vanguardista”.

Las acciones de la FAI continuaron más o menos en la misma línea hasta que la conformación en 2008 de la Conspiración de Células del Fuego (CCF), en Grecia —incorporada a la FAI tres años después—, les planteó la necesidad de adoptar posturas más radicales y de buscar mayor coordinación internacional. El repertorio operativo de la CCF incluye pintar consignas, romper vidrios en bancos y tiendas de lujo, ataques incendiarios y paquetes explosivos, además de la ejecución de “representantes del sistema”. El objetivo del grupo libertario griego es acabar con “la civilización del Dominio” —sobre las personas y la naturaleza— enquistada en nuestra propia psique, y fundar el conjunto de las relaciones humanas “en la pasión”. Por lo que, el verdadero antagonismo no es el que enfrenta a las clases, sino el que opone al rebelde con el sumiso, a la persona con el esclavo voluntario. Esta ruptura con un orden que genera y reproduce la esclavitud social y mental requiere la insurrección permanente de individuos y comunidades (necesariamente violenta) de manera tal “que cada uno de nuestros días sea un acto de hostilidad dirigido contra la manera de vivir moderna”. Los ataques al sistema atemorizan al “bando enemigo”, provocan “que los que tienen el poder, los jefes, los ricos, los periodistas, los jueces… se mantengan inquietos y continuamente miren hacia atrás”. Por tanto, “apenas la oscuridad de la noche nos da la bienvenida, nos volvemos la botella de nitroglicerina que balancea sobre la cabeza de un alfiler”.2

La conexión en red del anarquismo insurreccionalista y la “autocomunicación de masas”, propia de los movimientos sociales contemporáneos de acuerdo con Manuel Castells, posibilitaron que la corriente se extendiera rápidamente en distintas regiones del planeta, al convertirlo en un movimiento antisistémico global. Ácratas griegos e italianos lanzaron en 2013 el Proyecto Fénix con el objetivo de excarcelar a sus compañeros presos, sin escatimar en el empleo de la violencia, “con armas, con el terrorismo anarquista y la intensificación de la nueva guerrilla urbana anarquista”. Los ecos de esta directriz resonaron en las distantes geografías de Rusia, Indonesia, Chile y México, donde grupos de este perfil llevaban ya varios años operando.3

 

La huelga estudiantil de 1999 en la UNAM y el movimiento autogestivo oaxaqueño de 2006, finalmente doblegados, representaron una experiencia seminal para las luchas sociales posteriores. Ambas concluyeron con la intervención de la Policía Federal y fortalecieron las tendencias radicales, convencidas de que con el Estado es inútil negociar, pues el poder público lo único que busca es ganar tiempo, para, llegada la hora, reprimir a los subalternos. El endurecimiento estatal con la primera administración panista, el recurrente asesinato de líderes sociales y la indiferencia hacia los reclamos populares en el gobierno de Felipe Calderón redundaron en respuestas más ásperas de los movimientos sociales. Posiblemente a mediados de la primera década del nuevo milenio se formaron los nuevos núcleos anarquistas, quienes, tras un lustro, poseían una decena de ramas y multiplicaron sus ataques “al capital”.4

Aunque suele llamársele “nueva guerrilla urbana”, más que nada cuando emplea la táctica del bloque negro, el anarquismo insurreccional tiene poco que ver con las guerrillas modernas, todavía activas en México. Las demandas de estos grupos no atañen al mundo rural ni tampoco se organizan como ejércitos. Están también distantes de la guerrilla urbana de la década de los setenta, por la matriz militarista y la centralización de las decisiones que conllevaba su guerra social. Ello, si bien abonaba a su eficacia, las hacía bastante vulnerables cuando los órganos de seguridad estatales descabezaban los liderazgos y descubrían la estructura de mando. La naturaleza horizontal de los grupos de afinidad los previene contra esta eventualidad y multiplica su capacidad de acción.

De las 55 acciones reivindicadas por estos núcleos en 2011, es decir, enfrentamientos con la policía y agresiones a las firmas emblemáticas de la empresa privada, la mayoría se atribuyen a las Células Autónomas de Inmediata Revolución Práxedis G. Guerrero (12), a la CCF/FAI-México (9), al Frente de Liberación Animal/Frente de Liberación de la Tierra (5) y a los Individualistas Tendiendo a lo Salvaje (4). Dos terceras partes de los atentados acontecieron en Ciudad (23) y Estado de México (15), seguidos por Veracruz (5). Nueve sabotajes de las Células Autónomas de Inmediata Revolución Práxedis G. Guerrero ocurrieron en Ciudad de México, uno en Estado de México y dos en lugares no especificados (posiblemente Ciudad de México); multinacionales, embajadas y figuras públicas son los destinatarios de sus actos de fuerza.

El Frente de Liberación de la Tierra buscó sus objetivos en la entidad mexiquense (explosivos en una concesionaria de autos de lujo y contra una oficina de policía); la primera acción en solidaridad con los presos políticos de la CCF griega. Individualistas Tendiendo a lo Salvaje remitieron paquetes explosivos a universidades y centros de investigación en Ciudad (2) y Estado de México (2). Dado que la CCF/FAI-México es una federación, sus acciones cubrieron más puntos del territorio nacional: tres en Ciudad de México, tres en la entidad mexiquense, una en Jalisco, una en Chihuahua y otra en un lugar no especificado: las fábricas textiles y las cadenas de tiendas comerciales estaban en la mira. El Frente de Liberación Animal colocó bombas en cajeros automáticos de Estado de México e intentó incendiar una granja de propiedad austríaca. Cabe destacar que es objetivo de estos grupos no dar tregua al “sistema tecnoindustrial” y eliminar “a los hipercivilizados”. “Matamos porque esto es una guerra”, clamó un comunicado de los Individualistas Tendiendo a lo Salvaje.5

Los ataques de las Células Autónomas de Inmediata Revolución Práxedis G. Guerrero, entonces el grupo más activo, pueden rastrearse en un compendio con información de distintos sitios anarquistas en el que también se adjuntaron fotografías de los daños ocasionados, susceptibles de confirmación en la prensa nacional.

En febrero de 2011 las Células Autónomas remitieron paquetes explosivos a los directores del Reclusorio Preventivo Varonil Norte y del Centro Varonil de Readaptación Psicosocial, ambos en Ciudad de México. El motivo: protestar contra el reclutamiento de guardias penitenciarios, pues los centros de reclusión liquidan la dignidad humana y provocan problemas mayores que los que dicen resolver. En mayo, las Células Autónomas estallaron bombas caseras en sucursales bancarias de Bancomer y Santander, por su responsabilidad corporativa en el armamentismo y en la contaminación del planeta. En septiembre, un explosivo de las Células Autónomas dañó una patrulla en Iztapalapa y detonaron una bomba casera en el centro de Atención a Clientes de la Comisión Federal de Electricidad, en Iztacalco, sin causar heridos: en un caso, para llamar la atención sobre la brutalidad policial con que se sometió el movimiento de Atenco; el otro, por la destrucción de la naturaleza ocasionada por las plantas hidroeléctricas. Posteriormente, los objetivos fueron Norberto Rivera, Miguel Ángel Mancera y el Instituto Italiano de Cultura. Al cardenal, por representar a una iglesia opresiva, arcaica e intolerante, cómplice de la dominación y responsable del control mental de la población. Al procurador, en protesta por la política de orden y control llevada a cabo en la ciudad “tan amada por los socialdemócratas”. Al Instituto, en solidaridad con un prisionero anarquista italiano y contra el Estado represor. En 2012 las Células Autónomas de Inmediata Revolución Práxedis G. Guerrero continuaron su ofensiva contra las sucursales bancarias.6

Concluyó 2013 con la recuperación del auditorio Justo Sierra (Che Guevara) —usurpado a la comunidad universitaria por distintos grupos estudiantiles desde la huelga de 1999— por parte de los anarquistas insurreccionalistas tras desalojar a quienes lo confiscaron “de manera brutal”, al declarar “amos y dueños”. No era sin embargo un acto para congraciarse con los universitarios, antes bien se trataba de disponer de un foro para realizar el Simposio Internacional de las Jornadas Informales Anarquistas, efectuado la siguiente semana con la presencia de aproximadamente 250 participantes de distintas edades y nacionalidades (estadounidenses, italianos y españoles). La prensa nacional reportó la asistencia de los teóricos insurreccionalistas Constantino Cavalleri, autor de El anarquismo en la sociedad posindustrial (1999), y Jean Weir, de Elephant Editions. También consignó que Migración deportó a Alfredo María Bonanno desde el Aeropuerto Benito Juárez. Los presos políticos griegos enviaron una colaboración escrita al simposio. Acaso vinculado con el evento ácrata, en los primeros días del año nuevo, las autoridades capitalinas consignaron a dos ciudadanas canadienses y a uno mexicano al responsabilizar de atacar con bombas molotov el inmueble de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes en Ciudad de México.7

El anarquismo insurreccional ganó posiciones en el último lustro al multiplicar sus núcleos, extender la distribución geográfica de sus acciones y ampliar las demandas. Tan es así que en 2014 este movimiento ocupaba el cuarto lugar en la agenda de seguridad nacional, al haber relegado a la guerrilla al quinto sitio. Para 2016 el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) tenía identificadas cincuenta células anarquistas insurreccionalistas en cinco entidades federativas (Ciudad y Estado de México, Morelos, Oaxaca y Baja California), aunque los ataques alcanzaron diecisiete estados. En el periodo 2008-2016, de las 220 acciones violentas atribuidas a éstas, 52 corresponden al Frente de Liberación de la Tierra, 44 al Frente de Liberación Animal, 32 a las Células Autónomas de Inmediata Revolución Práxedis G. Guerrero, 30 a las FAI y 12 a la CCF. La mayoría de los ataques se concentraron en Ciudad de México (91), seguida por Estado de México (79) y Jalisco (16), lo que desplazó a Veracruz. Las mujeres también organizaron núcleos propios contra la violencia de género, como el Comando Feminista Informal de Acción Antiautoritaria (COFIAA), el cual se responsabilizó de la colocación de artefactos explosivos en el inmueble de la Conferencia del Episcopado Mexicano en julio de 2017.8

 

De acuerdo con el anarquismo insurreccional no hay que tomar el poder, sino acabar con él. El poder, sin embargo, no es para éste únicamente político, es sobre todo económico; quien gobierna la sociedad moderna es el capital. Como señaló hace cuatro años la Coordinadora de las Sombras, ligada con las CCF griega: “el sistema-mega” estructura pone las cartas sobre la mesa, la estrategia es global y a futuro; eliminar lo diverso, evitar la experiencia común, sostener la aberrante producción, homogeneizar las existencias, asimilar las potencias, aplastar las uniones autónomas, suprimir de los tiempos la posibilidad del quehacer libre, controlar hasta el último resquicio de vida”. Este anarquismo sin utopía se consuma en la acción directa donde cada cosa dañada o policía fuera de combate son el fin y no un paso para alcanzarlo, el objetivo último de un presente desprovisto de horizonte, dado que el Estado y el capital “nos han impuesto las condiciones de una guerra que de ahora en adelante nos vemos obligados a librar. Apretamos los dientes, alzamos los puños, preparamos la artillería casera, guardamos silencio y también nos hablamos”.9

El horizonte sin utopía del anarquismo insurreccional, las causas que suscribe y la violencia empleada se inscriben plenamente en el estado de ánimo y la perspectiva posmoderna. El individualismo, la libertad personal, la defensa de la naturaleza de la voracidad de la sociedad industrial —posindustrial, según ellos y Lyotard—, el rechazo a la violencia de género se corresponden con los movimientos sociales contemporáneos y con parte de la agenda reformista en las sociedades avanzadas. La diferencia básica estriba en los métodos de lucha, el desacuerdo explícito de los ácratas con las estrategias gradualistas y el discurso antipolítico empleado: son ellos el envés radical de la globalización, verbalizan el realismo descarnado que opone la acción inmediata y la ira al consenso neoliberal y a la violencia estructural del capitalismo desregulado. No hablamos del anarquismo colectivista, que procede de la tradición ilustrada; tenemos frente a nosotros el proveniente del individualismo extremo, de las anti-Luces, el que crece en las sombras.

 

Carlos Illades
Profesor distinguido de la UAM, miembro de número de la Academia Mexicana de la Historia. Autor, entre otros títulos, de Conflict, domination and violence. Episodes in Mexican Social History (reimpreso en 2019) y de Vuelta a la izquierda. Del despotismo oligárquico a la tiranía de la mayoría (en prensa).


1 Juan Avilés Farré y Miguel Morán Pallarés, “¿Ha vuelto Mateo Morral? El anarquismo insurreccionalista del siglo XXI y sus antecedentes históricos”, Cuadernos de Historia Contemporánea, núm. 38, 2016,
pp. 148-149.

2 Conspiración de Células del Fuego, La nueva guerrilla urbana anarquista (Atenas, Internacional Negra, 2013), pp. 47, 44, 59, 29, 63.

3 Manuel Castells, Redes de indignación y esperanza, Madrid, Alianza, 2012, p. 24; Avilés Farré y Morán Pallarés, “¿Ha vuelto Mateo Morral?”, p. 157. Se cita éste.

4 Carlos Illades, Conflicto, dominación y violencia. Capítulos de historia social, México, Gedisa/UAM, 2015, p. 185n.

5 Insurrectionary Anarquism in Mexico 2011 (s.p.i.), pp. 4-11; Conspiración de Células del Fuego, “Liberación total… Contra toda forma de dominación y en defensa de la Tierra”, liberaciontotal.lahaine.org (consulta: 7/1/2014); Marco Appel, “Alarma por los anarquistas mexicanos”, Proceso, 21 de abril de 2013; “Eco-extremistas se atribuyen asesinato ocurrido en la UNAM; habrá más crímenes, anticipan”, Proceso, en línea, 1 de julio de 2016. Las cifras provienen del primero.

6 Insurrectionary Anarquism in Mexico 2011, diversas páginas; Conspiración Ácrata, núm. 8, noviembre de 2012, s.p.i.; Illades, Conflicto, dominación y violencia, pp. 192-194.

7 Tres meses después, los colectivos estudiantiles desplazados intentaron infructuosamente recuperar el espacio. Illades, Conflicto, dominación y violencia, p. 194n.

8 “50 células anarquistas en guerra contra el capitalismo y el Estado”, contralínea.com.mx, 16 de octubre de 2016 (consulta: 4/10/2019); “Mexico: insurrectionary anarchist-feminist gropupbombs Episcopal Conference headquarters”, libcom.org (consulta: 4/10/2019).

9 “Cuarto mensaje desde los territorios oprimidos por el Estado mexicano”, septiembre de 2015, Contra Info, 28 de septiembre de 2015.

 

Un comentario en “El fuego y la estopa.
El anarquismo insurreccional en México

  1. Es interesante, más me parece un error involucrar a los ITS y semejantes dentro del anarquismo, ya que incluso aquellos han manifestado de las más diversas formas su desprecio por los militantes del anarquismo. ITS parece jugar su propias reglas y propuestas, y se hace necesario verlos de manera independiente de los anarquistas en general, porque se deja la impresión, en su texto, de que hablamos de grupos más o menos homogéneos y con agendas semejantes, lo que creo que no es cierto.

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