La búsqueda del conocimiento se moderniza, como todo. Se vuelve más eficiente y más sencilla, también más democrática. Es un mundo nuevo. Existe por ejemplo un libro que se titula: Cómo escribir un artículo académico en 12 semanas. Guía para publicar con éxito (desde luego, lo más interesante es la prisa —pero no divaguemos). Lo firma Wendy Laura Belcher, de la Universidad de Princeton, y en español lo ha publicado la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, que sin duda es garantía de algo.

Los números en español: cuatro reimpresiones con tirajes de 1500 ejemplares significa que hay al menos 7500 académicos interesados en publicar con éxito (eso en México). Y eso supone, si el libro funciona y todos tienen éxito, unos 30 000 artículos anuales. No encuentro un adjetivo.

Ilustración: Estelí Meza

El prefacio explica que actualmente se exige la evaluación del trabajo académico por medio de criterios “universales, transparentes, objetivos y eficientes”. Los calificativos tienen una traducción muy simple: la calidad de los trabajos se juzga por el prestigio de las revistas en que se han publicado, y el prestigio de las revistas lo establece un índice. Parece un poco retorcido, pero la modernidad es así: se puede determinar la calidad de un texto sin tomarse la molestia de leerlo.

Pero vuelvo al libro de Wendy Laura Belcher, que explica muy bien este mundo nuevo. En las primeras líneas dice que no cree en la torre de marfil, y unas páginas más allá despacha en un párrafo “el mito del escritor solitario”. Esto es otra cosa: “La meta no es la perfección, sino publicar”. Objetivo, transparente: más claro, agua. Para su explicación toma como modelo a los “escritores académicos exitosos”, que son los que han publicado muchos artículos (así los presenta, para ponerlos como ejemplo: K. H. “ha publicado más de 250 artículos”, E. O. W. “ha publicado más de 400 artículos”). Por lo visto, comparten “actitudes y hábitos de trabajo”, lo que Belcher llama “claves para el éxito”, que tampoco son muy originales: escriben, perseveran, hacen de la escritura una actividad social y, según dice la traducción, “persiguen sus pasiones”. No hay pretextos, cualquiera puede.

Los futuros escritores de éxito son personas un poco extrañas. Muchos de ellos, dice Belcher, se hacen una idea exagerada de lo que significa publicar porque “rara vez han leído artículos de revistas académicas”. Pero además no saben qué cosas deben incluirse en un resumen y no saben lo que es un argumento o no saben que un artículo debe tener un argumento (en el libro se explican las dos cosas, generosamente). El capítulo central, donde se define el éxito, es el de las recomendaciones de lectura. Para empezar, hacer de la lectura una actividad social, para repartir el trabajo: formar un grupo y que cada quien reporte lo que ha leído, para que los demás puedan ahorrarse la lectura. En general, es importante aprender a “leer por encima”, pero sobre todo es necesario limitar la lectura, “dejar de lado” lo inútil: lo publicado hace más de cinco años, lo publicado en otra lengua (aparte del inglés, se entiende), por autores no reconocidos, de otras regiones geográficas, sobre periodos o contextos diferentes, en revistas de otras disciplinas o en formatos no electrónicos. El escritor de éxito no pierde el tiempo con tonterías.

A continuación, hay que escoger una revista para publicar, y es fundamental saber cuáles no son recomendables. Afortunadamente, está muy claro: “revistas no estadunidenses”. No por nada, sino que “se construyen en torno a estándares diferentes” (es decir, que son malas).

Resuelto lo fundamental, la redacción del artículo debe pensarse para sortear a los dictaminadores, que son personajes a los que no les gustan los argumentos demasiado generales ni demasiado concretos, que necesitan que el texto se refiera a lo que se ha publicado en Estados Unidos los últimos años y no quieren citas extensas ni de textos viejos, que descartan textos que se refieran sólo a Sarajevo, o que hablen de Ghana sin explicar por qué es relevante para los Estados Unidos. Ese tramo es casi divertido, porque se trata de asaltar la fortaleza protegida por los dictaminadores. No es la búsqueda del grial, pero sí algo parecido al juego de Super Mario, de Nintendo: hay que escoger entre varios mundos, acumular monedas, poderes y habilidades especiales, conocer los trucos para evadir a los Goomba, los Koopa Troopers, las Pakun Flowers, y llegar al banderín —y conquistar el castillo de la Princesa Durazno: ¡publicar!

Sólo hace falta perseverancia. Me viene a la memoria el caso de John Lukacs, que pudo sortear a los Goomba y a los Koopa Troopers de la traducción, y publicar con El Colegio de México una historia del siglo XX en que América Latina ocupa tres páginas y media, y donde se dice por ejemplo que “en los siglos XIX y XX” hubo pocas guerras entre estados en el continente, y “ninguna en Sudamérica” (con ánimo pacifista, borra la guerra del Pacífico, la guerra Grande, la guerra del Paraguay, la guerra del Chaco): está claro, la meta no es la perfección, sino publicar.

 

Fernando Escalante Gonzalbo
Profesor en El Colegio de México. Sus libros más recientes: Si persisten las molestias y Así empezó todo. Orígenes del neoliberalismo.

 

Un comentario en “Académicos

  1. Un “SNI 3” del área VI en un curso de “cómo entrar al SNI” aconsejaba: a cualquier cantidad de datos que hayan obtenido (no importa el cómo, por supuesto) denle el tratamiento estadístico conveniente para que hagan algún sentido. Publiquen tres artículos. Soliciten entrar a las áreas “barco” del SNI (la VI es una de ellas). Y Listo!
    Ahora ya puedes pedir tu descarga de clases, engolar la voz y actuar como investigador.

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