Al día siguiente (sábado 11 de septiembre de 1580) nos fuimos después de comer, y llegamos a dormir a Vitry le François, a siete leguas. Es una pequeña ciudad asentada sobre el río Marne, construida desde hace treinta o cuarenta años, en lugar del otro Vitry que fue quemado. Tiene todavía su primera forma bien proporcionada y agradable, y en la mitad hay una gran plaza cuadrada, de las más hermosas de Francia.

Allí nos enteramos de tres historias memorables. La primera, que la Señora dotaria [viuda rica] de Guisa de Borbón, vieja de ochenta y siete años, estaba aún viva y podía hacer aún un cuarto de legua a pie.

La otra, que desde hace pocos días habían sido colgadas en un lugar llamado Montirandet, vecino de allí, para esta ocasión: siete u ocho muchachas de los alrededores de Chaumont en Bassigny que habían conspirado, hace algunos años, por vestirse como machos y seguir así sus vidas por el mundo. Entre las demás, una vino a Vitry bajo el nombre de Marie y se ganaba la vida como tejedora, la tomaban por un joven bien educado y que trataba a todos como amigo. Entonces en Vitry tomó por esposa a una mujer que aún está viva; pero por algún desacuerdo que sucedió entre ellos, su asunto no duró mucho. Después de haberse ido para Montirandet, se ganaba aún la vida con el mismo oficio, se enamoró de otra mujer, con quien se casó, y vivió con ella cuatro o cinco meses con su consentimiento, según se dice; pero luego de ser reconocida por alguien de Chaumont, y como el asunto había sido anunciado a la justicia desde antes, fue condenada a la horca: ella decía preferir el sufrimiento que regresar al estado de mujer. Y así fue colgada por sus invenciones ilícitas de sustituir su sexo.

La otra historia es de un hombre aún vivo llamado Germain, de baja condición, sin ningún oficio ni profesión, que ha sido muchacha hasta la edad de veintidós años, vista y conocida por todos los habitantes de la ciudad, y señalada todavía más porque tenía un poco más de pelo en torno al mentón que las otras muchachas; y la llamaban Marie la barbue [María la barbuda]. Un día, haciendo un esfuerzo al saltar, su maquinaria viril se hizo notar y el Cardenal de Lenoncourt, obispo por entonces de Chalons, le dio el nombre de Germain. No se ha casado pese a esto; tiene una gran barba muy espesa. No lo fuimos a ver porque estaba en el pueblo. Se escucha todavía en esta ciudad una canción ordinaria en boca de las muchachas, en que se advierten unas a otras no dar zancadas muy largas por miedo a volverse hombres, como Marie Germain. Dicen que Ambroise Paré [célebre cirujano, 1510-1590] ha puesto este cuento en su libro de cirugía [De monstruos y prodigios], lo cual es cierto, y así se lo atestiguaron al Sr. de Montaigne los más importantes oficiales de la ciudad.

 

Fuente: Michel de Montaigne, Diario de viaje a Italia por Suiza y por Alemania (1580-1581). Selección y notas de Camilo Rodríguez. Traducción de C. R. y Álvaro Ruiz Rodilla. Prólogo de Jorge F. Hernández. Minerva Editorial, México, 2018.

 

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