Imposible definir cuál es el bien más preciado para los seres humanos. Las circunstancias de cada persona y de la sociedad son determinantes. También lo son el tiempo, el estado civil, la situación económica. Hogar adecuado, alimentación sana, empleo digno, paz, seguridad, educación y salud, inter alia, conforman ese tejido. En mi última entrega apunté algunas ideas fundamentales sobre salud; subrayé la trascendencia de la calidad de vida y del Índice de Desarrollo Humano como pilares de la salud. ¿Ha mejorado en 2018 la salud individual y poblacional? Todo depende del prisma con el que se mira.

En la columna previa cerré mencionando la Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud de Alma-Ata, la cual  se efectuó en 1978 en Kazajistán, patrocinada por la hoy desaparecida URSS. Fue organizada por “los grandes”: Organización Mundial de la Salud y Unicef (Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia). El lema de la Conferencia fue: “Salud para todos en el año 2000”. El fracaso ha sido estrepitoso: Después de 1978, la falta de voluntad médica, política e ideológica ha incrementado la brecha sanitaria. Asimismo, se crearon sistemas de salud mixtos y dispares: para las clases bajas, el subsidio estatal es deficiente y, para las clases beneficiadas económicamente, la alternativa es la medicina privada.

Ilustración: Kathia Recio

La visión optimista de políticos y organismos internacionales contrasta con la realidad de los números. Enlisto, por comodidad, algunos datos:

1. Cerca de un 97 % de los abortos clandestinos se realizan en países en desarrollo en África, Asia y América Latina.

2. Cerca del 40 % de las mujeres que tienen complicaciones por abortos clandestinos, nunca reciben tratamiento médico.

3. Al menos el 8 % de las muertes maternas en todo el mundo provienen de abortos inseguros o clandestinos.

4. El riesgo de morir durante el embarazo es 300 veces mayor entre las mujeres de países pobres.

5. Alrededor del 45 % de las muertes de menores de 5 años tienen que ver con desnutrición. En su mayoría se registran en países de ingresos bajos o medianos.

6. 52 millones de niños menores de 5 años presentan emaciación —adelgazamiento patológico—, 17 millones padecen emaciación grave, 155 millones sufren retraso del crecimiento y 41 millones son obesos.

7. 6.3 millones de niños menores de 15 años murieron en 2017 por causas en su mayoría prevenibles. La mayoría de estas muertes, 5.4 millones, suceden en los primeros cinco años de vida; alrededor de la mitad son recién nacidos.

8. Los niños y niñas nacidos en un país en desarrollo tienen catorce veces más probabilidades de morir durante su primer mes de vida que un niño o niña nacido en el primer mundo.

9. 1, 900 millones de adultos tienen sobrepeso o son obesos.

10. El promedio de la esperanza de vida, en 2017, en países de ingreso alto fue de 80 años; en países de ingreso bajo fue de 63.

11. En seis naciones africanas el promedio de vida, en 2017, fue menor a 55 años; en veintisiete países, la gran mayoría europeos, el promedio de vida fue mayor a 80 años.

12. Más del 95 % de las muertes por tuberculosis sucedieron en países de ingresos bajos y medianos.

13. África y Asia Sudoriental acumulan el 78 % de todas las muertes registradas en el mundo entre los niños que viven en países en desarrollo.

14. De acuerdo con la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación, cada día mueren 25 000 personas en el mundo a causa del hambre y la pobreza.

15. Se calcula que cada día mueren 19 000 niños por causas evitables.

16. De los 36.1 millones de personas que padecen VIH/sida, 95 % vive en los países en desarrollo.

17. En África vive apenas una décima parte de la población mundial; nueve de cada diez casos de nuevas infecciones por VIH son de africanas o africanos.

18. El 83 % del total de muertes por sida ocurre en África.

Sobran datos, falta espacio. Sobra entusiasmo —el Día Mundial de la Salud se celebra cada 7 abril—, hacen falta resultados. Aunque la mayoría de los datos ofrecidos por organizaciones como el Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud, Onusida, etcétera, aseguran que la salud en el mundo ha mejorado, los familiares de las personas que fallecen por las causas enlistadas, todas prevenibles, por ser testigos de las muertes de los suyos denuestan el optimismo de las agencias mencionadas. Las muertes prevenibles son sucesos incuestionables de los dobles raseros de la humanidad y de los fracasos de reuniones como la de Alma-Ata. De todos los bienes anotados en el primer párrafo, la salud ocupa el primer lugar.

 

Arnoldo Kraus
Profesor, Facultad de Medicina, UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

 

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