Alguna vez el poeta chileno Vicente Huidobro trabajó en una “oficina salitrera en donde (sus) bostezos tenían la dimensión de la oficina, único caso comprobado en que el contenido ha igualado al continente”. El “capataz” era un francés, Monsieur Dupont, que detestaba a los rusos y todas las tardes entraba a la oficina exclamando: “Grattez le russe et vous trouverez le tartare”. “Se acercaba a mí”, dice Huidobro, “y sonreía con amargura. ‘Raspad al ruso y encontraréis al tártaro’”. Todas las tardes. A la enésima vez en que Monsieur Dupont le asestó a Huidobro la frase, Huidobro ya tenía listo un “hermoso juego”. Esa tarde, “apenas Dupont había llegado al medio de la oficina, le hice señas de acercarse a mi mesa, preparé mis cañones, abrí mis trincheras, emplacé mis ametralladoras, le clavé los ojos en sus ojos y rugió en los aires el gran Halalí de guerra”. Le fue diciendo Huidobro a Dupont:

Raspad al ruso y encontraréis al tártaro.
Raspad al tártaro y encontraréis al tiempo.
Raspad al tiempo y encontraréis la barba.
Raspad la barba y encontraréis al francés.
Raspad al francés y encontraréis al queso.
Raspad al queso y encontraréis al chino.
Raspad al chino y encontraréis al río.
Raspad al río y encontraréis al artista.
Raspad al artista y encontraréis al peluquero.
Raspad al peluquero y encontraréis al drama.
Raspad al drama y encontraréis la estrella.
Raspad la estrella y encontraréis la piedra.
Raspad la piedra y encontraréis al español.
Raspad al español y encontraréis la parada.
Raspad la parada y encontraréis al alemán.
Raspad al alemán y encontraréis la máscara.
Raspad la máscara y encontraréis al japonés.
Raspad al japonés y encontraréis al loro.
Raspad al loro y encontraréis la flor.
Raspad la flor y encontraréis al dúo.
Raspad al dúo y encontraréis al italiano.
Raspad al italiano y encontraréis el color.
Raspad el color y encontraréis al clima.
Raspad al clima y encontraréis la mariposa.
Raspad la mariposa y encontraréis la muerte.
Raspad la muerte y encontraréis la sonrisa.
Raspad la sonrisa y encontraréis el árbol.
Raspad al árbol y encontraréis el paraguas.
Raspad al paraguas y encontraréis la jirafa.
Raspad la jirafa y encontraréis al ogro.
Raspad al ogro y encontraréis las pirámides.
Raspad las pirámides y encontraréis al cielo.
Raspad al cielo y encontraréis al poeta.
Raspad al poeta y encontraréis la tierra.

Concluye Huidobro: “Dos compañeros de oficina me contemplaban torear con la boca abierta. Yo había entrado a matar, pero ellos adivinaban que sería el muerto. Monsieur Dupont estaba convertido en estatua de sal. La estatua del estupor, la estatua de la venganza. De pronto la estatua despertó. Monsieur Dupont me dio vuelta la espalda, se dirigió a la puerta y se alejó echando chispas como los cascos de un caballo furibundo en la noche”.

 

Compactado de: “El hermoso juego”. Vicente Huidobro, Textos inéditos y dispersos (recopilación, selección e introducción de José Alberto de la Fuente A.), Biblioteca Nacional/Dirección de Bibliotecas, archivos y museos, Santiago de Chile, 1993.

 

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