“Caras vemos, carajadas no sabemos…”

El presidente Miguel Alemán conoció, como ningún otro, las veleidades de la opinión pública: del pináculo de la popularidad adonde lo colocó la visita del presidente Truman en marzo de 1947, pasó a ser el enemigo público número uno después de la devaluación de junio de 1948; pero en mayo de 1950 había recuperado lo perdido y más.

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