Ser habitante de la Ciudad de México implica estar expuesto a un ambiente sonoro en el espacio público y privado que sobrepasa la normativa vigente, la cual establece que sean 65 decibeles durante el día y 62 en la noche. En la ciudad hay fuentes sonoras que impactan negativamente en el bienestar y la salud, desconociéndose que pueden ser efectos acumulativos y poco perceptibles a nivel consciente hasta que se vuelven irreversibles. Por desgracia no se tiene una asociación directa entre el ruido y las consecuencias en nuestro cuerpo.

Estamos expuestos de forma casi fija al ruido generado por una diversidad de fuentes que se confunden y que sin duda nos aturden: el transporte público —que incorpora a sus unidades equipos de sonido o cláxones “musicales”—, circulan también coches que son arreglados como discotecas ambulantes, o en el que los conductores consideran que el mejor aliado para avanzar es el uso indiscriminado del claxon; la recogida de basura que musicaliza a todo volumen la labor de separación de desechos; el generado por los puestos ambulantes que se suman a los llamados de atención con bocinas en la calle y botargas de algunas farmacias y otros comercios, el volumen estridente de algunos eventos que se organizan en plazas y parques; el paso de venta de tamales o de compra de trastos viejos, dejando atrás sonidos como el afilador de cuchillos o el de las nieves, que apenas se escuchan, el paso de aviones y helicópteros.

Ilustraciones: Estelí Meza

El espacio privado no está exento de sonidos molestos. Muchos restaurantes han decidido instalar televisiones y/o música con transmisión permanente que impide que los comensales puedan hablar. Los habitantes de algunos barrios de la ciudad tienen conflictos para conciliar el sueño por vivir en zonas de bares y espacios de ocio nocturno; algunos otros viven a expensas del párroco que celebra durante días a su santo patrono con cuetes y ferias; sin olvidar las fiestas privadas que van incrementando el volumen de la música y por lo tanto de las voces de los comensales conforme las horas van pasando.

Este ruido sucede en todos los rincones de la ciudad. Sin duda algunos ciudadanos viven más expuestos al ruido de vialidades, infraestructuras o equipamientos que por su actividad son ruidosas —pienso en los vecinos del Aeropuerto Benito Juárez o en aquellos que cohabitan con la Central de Abastos o la zona Industrial Vallejo—. Los ciudadanos cada día están más conscientes de los temas urbano-ambientales, sin embargo aún somos poco atentos con la contaminación por ruido; la contaminación del aire tiene efectos perceptibles en el cuerpo o incluso dejando un paño blanco en un balcón, pero ¿percibimos el ruido de la ciudad? ¿Qué tanto lo advertimos una consecuencia de vivir en una megalópolis? ¿Notamos los cambios de hábitos que tenemos para contrarrestar este contaminante?

Sin duda, todos nos hemos visto expuestos a algún sonido que nos distrae de la actividad que estamos realizando y nos hemos sentido perturbados, agredidos, violentados y/o cansados; pero debemos asumir que también hemos sido generadores de algún sonido que muy probablemente, sin quererlo, ha molestado a alguien. El fenómeno del ruido en la ciudad es un problema que todos padecemos —el ruido no discrimina—, pero todos hemos contribuido y permitido que se incremente.

Este “mal invisible” ha pasado también desapercibido por las administraciones de la ciudad; aunque existe una normativa local y federal, son escasas las acciones que buscan mejorar la situación; el ruido no aparece ni en la política pública ni en los discursos que prometen una ciudad más humana ni en los planes de desarrollo urbano. Se habla de la contaminación del aire, del agua, de los residuos sólidos pero nunca se asume al ruido como un contaminante que requiere urgentemente medidas de mitigación y de prevención por ser según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la segunda mayor amenaza ambiental para la salud de las personas, sin olvidar a las mascotas.

Hay sectores de la ciudadanía que han iniciado una campaña contra el ruido en la ciudad a través de las denuncias en la Procuraduría Ambiental y de Ordenamiento Territorial (PAOT) y a través de las redes sociales. Al explorar las quejas de las redes sociales en materia de ruido en la ciudad de México nos encontramos con algunas de las que mencioné anteriormente. Son sólo una pequeña muestra:

• La elevada intensidad de actividades recreativas (Santa María la Ribera y el sonidero los domingos).

• Las obras en construcción (algunas de las obras públicas se realizan en horario nocturno para no entorpecer la actividad de la ciudad y algunas otras se realizan cercanas a espacios sensibles como escuelas, hospitales o viviendas).

• El ruido generado por establecimientos mercantiles (de dos tipos: aquellos que rebasan la norma ambiental y otros en donde los asistentes salen a seguir la fiesta en la calle).

• El ruido de los transportes: coches, transporte público y aviones.

• El ruido de las fiestas patronales: los vecinos de La Candelaria y sus ferias y cuetes que duran una semana o más.

• El ruido de las instalaciones de algunos edificios, que hacia el interior cumplen con la normativa y ostentan certificaciones internacionales pero atentan contra la tranquilidad vecinal.

Considero que debe retomarse el artículo 4 constitucional en donde se establece que “toda persona tiene derecho a un ambiente sano para su desarrollo y bienestar. El Estado garantizará el respeto a este derecho. El daño y deterioro ambiental generará responsabilidad para quien lo provoque en términos de lo dispuesto por la ley”, y se propone la creación de un decálogo contra el ruido en el cual se exija la consideración del #DerechoAlSilencio y el #DerechoAlDescanso como fines e iniciativas ciudadanas, en el entendido de que el disfrute de ambos derechos es responsabilidad de todos, porque todos contribuimos al ruido; es así que #TodosSomosResponsables de recuperar el equilibrio sonoro.

Para alcanzar este objetivo se debe actuar de manera conjunta y por ello pedimos que los actores políticos, en colaboración con la Academia y en acuerdos con la ciudadanía:

1. Promuevan cambios en las prácticas sociales #NoMásRuido.

Se hace indispensable buscar lazos nuevos entre los ciudadanos; la interacción social y la comunicación entre sectores es indispensable. El reconocimiento de los otros sin que sea necesario que se haga ruido por ellos, la realización de actividades socioculturales que cumplan con las recomendaciones de la OMS en los ámbitos espaciales pero también temporales.

2. Impulsen concientización/sensibilización de la sociedad #EducaciónSonora.

Se hace necesario reaprender a escuchar, evaluar los entornos sonoros al poner atención a lo que nos rodea.

3. Asuman la función del control ambiental de la contaminación por ruido #RuidoEnLaAgenda.

Las instituciones gubernamentales se han desatendido del problema y su respuesta a la problemática ha sido por demás insuficiente e insatisfactoria. La falta de un seguimiento y una coordinación por las instituciones responsables debe abordarse de manera urgente.

4. Entiendan que el sonido es transversal a cualquier decisión en materia de planeación urbana #CiudadPreventiva.

En el diseño urbano y los programas el sonido, aunque es invisible, debe ser considerado porque cualquier planteamiento que se haga repercutirá en un comportamiento sonoro de las fuentes que hay o aquellas que se agreguen.

5. Se incorporen los impactos en la salud en las decisiones en materia urbana #SaludUrbana.

Pensar la ciudad y los impactos que tiene en la salud, en el entendido de que la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y emocional.

6. Promuevan la creación de una policía ambiental como servicio público de inspección y control de ruido; revisar las buenas prácticas #PAOT.

Reconocer el indiscutible trabajo de denuncia, seguimiento y monitoreo en materia de ruido de la PAOT; colaborar en este sentido y establecer su liderazgo en la materia replicando lo hasta ahora alcanzado.1

7. Promuevan mesas y foros de participación ciudadana para la gestión de conflictos sociales emanados del exceso de ruido de establecimientos mercantiles, fiestas, etcétera #ParticipaciónCiudadana.

La búsqueda de acuerdos entre los vecinos, los establecimientos mercantiles y los cultos y/o fiestas religiosas o patronales. Es parte de una labor de restructuración del tejido social en donde podamos ser escuchados y que esta escucha no sea impuesta por ser la más ruidosa.

8. Promuevan la elaboración y/o modificación del Reglamento de Construcciones acorde a las leyes en materia de ruido. En este mismo sentido hacer público el mapa de ruido de la CDMX #ReglamentoDeConstruccionesRuido.

La inexistencia de un reglamento de construcciones que vaya acorde a lo que exigen las leyes en materia de ruido, en donde a través de materiales se consiga lo que se exija y quizás más adelante se pueda cumplir con las recomendaciones de la OMS para los distintos espacios habitables. Se hace necesario hacer público el mapa de ruido para saber de antemano el nivel de exposición en el que se encuentra la nueva construcción.

9. Incorporen a las fuentes carentes de regulación en materia de ruido al tráfico, el ambulantaje, los espacios públicos, la comunidad (fiestas, mascotas, etcétera), fiestas religiosas, obras #RuidoDeTráfico.

Un gran número de quejas por ruido las generan por fuentes no reconocidas en las normas; se recomienda hacer grupos de trabajo de expertos para regularlas y normarlas.

10. Promover los estudios sobre ruido ambiental y sus efectos en la sociedad #Bienestar.

Es importante invertir recursos económicos y humanos en la elaboración y publicación de resultados en materia de ruido, buscar la interdisciplina y generar propuestas en diferentes escalas.

Entender que el ruido es de interés común y que para mejorar acústicamente la ciudad debemos trabajar en conjunto como sociedad #DecálogoContraElRuido.

 

Jimena de Gortari Ludlow
Profesora de tiempo completo del Departamento de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería Civil de la Universidad Iberoamericana. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Autora del libro Guía sonora para una ciudad. Consejera ciudadana de la Procuraduría Ambiental y de Ordenamiento Territorial de la Ciudad de México.


1 La PAOT cuenta ahora con un programa de Vigilancia Ambiental en el cual se incluye al ruido.