En la Ilíada hay 178 símiles. Los dos más largos son el 55 (traducción de Luis Segalá y Estalella): “Como los rojizos chacales circundan en el monte a un cornígero ciervo herido por la flecha que un hombre le disparó con el arco —sálvase el ciervo, merced a sus pies, y huye en tanto que la sangre está caliente y las rodillas ágiles; póstralo luego la veloz saeta, y cuando los carnívoros chacales lo despedazan en la espesura de un monte, trae la fortuna un voraz león que, dispersando a los chacales, lo devora—, así muchos teucros… arremetían a Odiseo”. Y el 64: “Como espesos caen los copos de nieve cuando en un día de invierno Zeus decide nevar, mostrando sus armas a los hombres; y adormeciendo los vientos, nieva incesantemente hasta que cubre las cimas y los riscos de los montes más altos, las praderas cubiertas de loto y los fértiles campos cultivados por los hombres; y la nieve se extiende por los puertos y playas del espumoso mar, y únicamente la detienen las olas, pues todo lo restante queda cubierto cuando arrecia la nevada de Zeus; así, tan espesas, volaban las piedras por ambos lados combatientes…”.

Los dos más breves son el 85 (para el lector mexicano es curioso ya que anticipa dos versos del Himno Nacional de Francisco González Bocanegra: “Como al golpe del rayo la encina/ se derrumba hasta el hondo torrente…”): “Como viene a tierra la encina arrancada de raíz por el rayo del padre Zeus…”. Y el 130, que es también el símil mejor o más singular de toda la Ilíada: “Como la mosca que, aunque sea ahuyentada repetidas veces, vuelve a picar porque la sangre humana le es agradable…”.

 

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