La Odisea tiene 42 símiles. El más largo es el 12 (traducción de Luis Segalá y Estalella): “De la suerte que una mujer llora, abrazada a su marido, que cayó delante de su población y de su gente para que se libraran del día cruel la ciudad y los hijos —al verlo moribundo y palpitante se le echa encima y profiere agudos gritos, los contrarios la golpean con las picas en el dorso y en las espaldas trayéndole la esclavitud a fin de que padezca trabajos e infortunios, y el dolor miserando deshace sus mejillas— así Odiseo derramaba de sus ojos tantas lágrimas…”. El más recordado es quizás el 13: “Del modo que cuando un hombre taladra con un barreno el mástil de un navío, otros lo mueven por debajo con una correa que asen por ambas extremidades, y aquél da vueltas continuamente, así, nosotros, asiendo la estaca de ígnea punta, la hacíamos girar en el ojo del Cíclope…”. El mejor o más original es el 7: “Así como el pulpo, cuando lo sacan de su escondrijo, lleva pegadas en los tentáculos muchas pedrezuelas, así la piel de las fornidas manos de Odiseo se desgarró y quedó en las rocas, mientras le cubría la inmensa ola”.

[En la última The Odissey vertida al inglés, su traductora Emily Wilson (Norton, NY, 2018) comenta: “En la sabiduría griega arcaica, el pulpo era conocido como el ‘deshuesado’, la criatura que (supuestamente) sobrevive al hambre al comerse sus propios tentáculos (o ‘pies’, de los cuales, por fortuna, tiene ocho). En la imagen de la Odisea es una criatura definida por su tenacidad. Es resistente al cambio (hay que sacarlo a rastras de su guarida), pero lo cambia también su entorno alterado (los guijarros adheridos). Los dedos de Odiseo son como los guijarros de la guarida, arrancados por el pulpo; pero él es también pulpesco en su obstinación, su poder de sobrevivencia, su capacidad para adaptarse a nuevos entornos, su multiplicidad; y su aptitud escurridiza, deshuesada, autodevoradora, para cambiar. Es tal poder de autotransformación lo que le da la capacidad de reinventarse en la persona más maravillosa de todas: el yo que fue veinte años atrás, antes de ir a la guerra de Troya. El ideal de una completa autonomía y una esencia permanente depende del proceso de una reinvención constante”.]

 

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