La Eneida de Virgilio tiene 73 símiles. Los dos más largos son el 11 (traducción de Eugenio de Ochoa): “Como cuando los vientos de los Alpes luchan entre sí por descuajar con su empuje en todas direcciones una robusta y añosa encina, y rugen con furor, y sacudiendo su tronco cubren toda la tierra en torno desgajadas ramas, mientras ella persevera clavada en las rocas, y tanto levanta su copa por las etéreas auras cuando hunde sus raíces en el Tártaro, no de otra suerte el héroe, combatiendo por aquellas incesantes súplicas, vacila a veces, y su gran corazón devora el dolor…”. Y el 48: “Como un jabalí, guarecido por largos años en el pinífero Vésulo y entre los espesos cañaverales de los pantanos laurentinos, baja de los altos montes, acosado por los colmillos de los perros y, luego que ha caído en las redes, se para, ruge feroz y eriza sus cerdosos miembros, sin que montero alguno se atreva a acometerle ni aun a acercarse a él, antes todos le hostigan de lejos y en seguro con sus venablos y sus gritos, mientras él, impávido, hace frente a todos lados, rechinándole los dientes y rechazando con su duro lomo los palos con pinchos; así… nadie se atreve a acometer a Mecencio cuerpo a cuerpo sino de lejos…”. Los breves símiles 34 y 35, unidos en un solo pasaje, son de los mejores: “(Euríalo cae herido de muerte.) Corre la sangre por sus hermosos miembros y su cuello se dobla sobre sus hombros, (34) semejante a una flor purpúrea cuando, cortada por el arado, desfallece moribunda o (35) cual las adormideras inclinan la cabeza sobre el cansado tallo a impulso de un recio aguacero”.

El más interesante o peculiar es sin duda el penúltimo, 72: “Y como de noche, entre sueños, cuando un lánguido letargo abruma nuestros ojos, se nos figura que pugnamos en vano por correr afanosos, y en medio de nuestros conatos sucumbimos con doliente angustia, y ni acertamos a hacer uso de la lengua, ni sostienen el cuerpo las acostumbradas fuerzas, ni podemos gritar ni hablar: así a Turno, por más que se esfuerce con valor por hallar camino para salir de aquel trance, le cierra la infernal Furia toda salida”.

 

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