La Comedia de Dante tiene 128 símiles. El primero ocurre muy pronto, a partir del verso 22 (traducción de Nicolás González Ruiz/Giovanni M. Bertini): “Y lo mismo que aquel que ha logrado salir, tras afanosa noche, del piélago a la orilla, se vuelve a mirar el agua llena de peligros, así mi espíritu fugitivo aún, se volvió hacia atrás y contempló el paraje del que nadie salió vivo nunca”. Y el último ocurre muy cerca del final, 13 versos antes de que acabe toda la Comedia: “Como el geómetra, que se aplica a cuadrar el círculo y no encuentra, pensando el principio que necesita, estaba yo ante aquella visión; quería ver cómo se adaptaba la imagen al círculo…”. De mucha fama es el símil 5, por resolver hasta la última frase y de modo fino e inesperado una tremenda enumeración previa: “Suspiros, llantos y profundos ayes resonaban en aquel aire sin estrellas… Extraños lenguajes, horribles blasfemias, palabras de dolor, acentos iracundos, voces fuertes y roncas, batir de manos desesperadas, formaban un continuo tumulto en aquel aire eternamente denso y caliginoso como la arena arremolinada por el vendaval”.

Una curiosidad mayor la da el hecho de que símiles asociados a imágenes de sastres ocurren tanto en el Infierno como en el Paraíso. El primero es el símil 18: “Encontramos un tropel de almas que venía a lo largo del ribazo, y cada una nos miraba como se suele mirar la gente por la noche cuando hay luna nueva, frunciendo las cejas para mirarnos, como un sastre viejo para enhebrar la aguja”. El segundo es el 126: “Haremos punto aquí, como buen sastre que según el paño que tiene hace la ropa…”.

 

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