Nuestra amiga Elena Rivas, apodada por sus íntimos La Salamandra no sólo por llamarse igual al personaje de Efrén Rebolledo sino por su sabida capacidad de cruzar el fuego sin inmutarse, nos envía el siguiente e-mail:

No sé si sepan que en materia cultural el Pueblo Bueno, y atento a la fiebre rebautizadora de instituciones, al Instituto Nacional de Bellas Artes ya le ha llamado Instituto Nacional de Indiana Jones en el Templo de la Perdición; y ahora tiene otro rebautizo. Observemos antes que el pasado septiembre cuando el Fondo de Cultura Económica cumplió 85 años su director Paco Ignacio Taibo II abundó en vientos: “Nuevos vientos libertarios soplan sobre México… Son vientos de cambio, vientos de júbilo, vientos de esperanza”. Cuántos vientos, y más si a los anteriores viene a sumarse la colección “Vientos del Pueblo” (pobre Miguel Hernández), una serie de cómics carísimos que hasta 20 pesos a costar llegan: antes de la época neoliberal todo cómic era de a peso. Pues bien, de ahí el adecuado rebautizo de la editorial como Fondillo de Cacultura del Comiquín. Y respecto a los vientos: si se suman los vientos y los vientos y más vientos, lo que se tiene son ventosidades. Muy grandiosas y abultadas; tanto, que merecen desplazar a los meros vientos para decir de una vez y en gran tono: “Nuevas ventosidades libertarias soplan sobre México… Son ventosidades de cambio, ventosidades de júbilo, ventosidades de esperanza”.

Les mando un beso frío como mi sangre.

 

Elena Rivas, La Salamandra

 

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