Quiero recordar una estrofa, quizá la mejor estrofa de Leopoldo Lugones, inspirada sin duda en el canto quinto del Infierno. Es la primera cuarteta de “Alma venturosa”, uno de los sonetos de Las horas doradas, de 1922:

Al promediar la tarde de aquel día,
Cuando iba mi habitual adiós a darte,
Fue una vaga congoja de dejarte
Lo que me hizo saber que te quería.

Un poeta inferior hubiera dicho que el hombre siente una gran tristeza al despedirse de la mujer, y hubiera dicho que se veían raramente. En cambio, aquí, “cuando iba mi habitual adiós a darte” es un verso torpe, pero eso no importa; porque decir “un habitual adiós” expresa que se veían frecuentemente, y luego “fue una vaga congoja de dejarte/ lo que me hizo saber que te quería”. El tema es esencialmente el mismo del canto quinto: dos personas que descubren que están enamoradas y que no lo sabían.

 

Fuente: Jorge Luis Borges, Siete noches, FCE, México, 1980.

 

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