En El Arte, periódico semanal madrileño del siglo XIX, una breve nota escrita en 1874 llamaba la atención sobre la importancia de la música para sor Juana Inés de la Cruz, la “monja de México”. La nota sorprende porque sirve para demostrar que se trata de un tema mucho más viejo de lo que pudiera creerse y porque es una evidencia clara de la fuerza con la que los ecos musicales de sor Juana han resonado a través del tiempo. Va una parte sustancial:

Entre las grandes notabilidades científicas y literarias que con sus obras y producciones han dado margen o han sido causa de que se acrecienten y se desarrollen los estudios biográficos y bibliográficos, se cuenta en primer término la célebre Monja de Méjico [sic], mujer de raro talento y de una imaginación prodigiosa, dotada de todas las condiciones y cualidades que se necesitan para brillar y figurar dignamente en las ciencias, las artes y las letras.

La gran fama de que goza esta mujer, célebre en todo el mundo literario, nos relevaría aquí de hacer su apología, si no fuera por la circunstancia especial de que la mayor parte, o casi todos los biógrafos y bibliófilos que se han ocupado de la vida y de las obras de esta mujer eminente, lo han hecho bajo el punto de vista científico o literario, y ninguno lo ha verificado en el del artístico-musical.

[…] bien puede decirse que la música ocupó siempre como ciencia, y como ciencia seria y profunda, un lugar muy preferente en el catálogo de las obras emanadas de los grandes escritores y de los grandes genios, ya fueran éstos científicos o literarios. Sin aducir citas que vengan a comprobar lo que acabamos de decir, porque esto es de todos bien sabido, sólo expondremos ahora nuestra opinión particular de que sor Juana Inés de la Cruz, conocida generalmente por la Monja de México, y nacida en Nueva España el 12 de Noviembre de 1651, fue también muy versada y docta en el arte de la música, y que cultivó y estudió dicho arte de un modo serio y profundo, escribiendo sobre la teoría y la práctica de la música, y haciendo de este arte y de las matemáticas el principal objeto de sus investigaciones.

Desde muy niña demostró esta singular mujer su precoz talento y gran disposición para la poesía y para la música, artes en las que rayó a gran altura, y en las que ha sido verdaderamente mal juzgada, a lo menos en la parte que se refiere a la música, por los biógrafos y por los comentadores de su vida y sus talentos […siendo que desde] muy joven todavía era ya renombrada y conocida en la capital de Méjico [sic] por su gran ingenio poético y por su gran habilidad y destreza en cantar y tañer varios instrumentos…

 

Fuente: Ricardo Miranda, Ecos, alientos y sonidos: Ensayos sobre música mexicana, FCE, 2001.

 

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