Declaran los pregones
los cambios de estación
y de esa forma marcan
del año los progresos.
Oíd cómo en las calles
las voces ya resuenan
vendiendo el fértil fruto
de la alta primavera,
las muy fragantes flores
y el muy tierno saúco
y los brotes de ortiga
que hacen pura la sangre.
Y en junio, cuando el trueno
los cielos aligera,
profana hasta el domingo
el grito de “¡caballa!”
La mano del frutero
se mancha en el otoño
con la acorazada nuez;
las azules ciruelas
y las jugosas peras
aumentan su ganancia.
Y después, las naranjas
a los jóvenes tientan,
a confiar a los dados,
sus fortunas de cobre.
Las bayas y el romero,
corona de poetas,
al darse su pregón,
la navidad ya anuncian.

“La felicidad de Londres no puede concebirse sino por aquellos que han estado en ella” confió en algún momento Samuel Johnson a su fiel secretario Boswell. Trivia o El arte de caminar las calles de Londres es un largo poema satírico de John Gay, publicado en 1716, cuya intención formal era servir de guía e ilustración al caminante que se aventurara a explorar aquella ciudad. La pieza, escrita parodiando las Geórgicas de Virgilio, toma su nombre de Diana Trivia, diosa romana de las encrucijadas.

A John Gay (1685-1732) se le recuerda sobre todo por The Beggar’s Opera, esa obra picaresca, dulcemente subversiva, en la que figuras del bajo mundo son los protagonistas y tras la cual Bertolt Brecht, por supuesto, basó su Opera de tres centavos.

El arte de caminar las calles de Londres traza un ingenioso itinerario humorístico del Londres de principios del siglo XVIII, previniendo al caminante de los muy reales peligros y encantos de las calles y aceras londinenses. Es también un agudo comentario social. El poema abarca desde carteristas, prostitutas y ladrones de pelucas, hasta los líquidos que son arrojados por las ventanas, los lugares a evitar a toda costa y las ropas adecuadas según la temporada. El Dr. Johnson, quien en su Lives of the English Poets escribió la biografía de Gay, califica el poema como un texto pleno de variedad, espíritu y amenidad. En su recorrido el poeta dedicó algunos versos a los pregones que los vendedores callejeros vociferaban a lo largo del año. Los pregones dejan ver en la chispa de su arte instantáneo todo el ingenio y el ritmo de la lengua popular. En una época anterior a la radio y la televisión, los pregones representaban, en su resonante poesía, la voz viva de la ciudad.

Versión y nota de Gaspar Orozco

 

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