Nuestra amiga Elena Rivas, apodada por sus íntimos La Salamandra no sólo por llamarse igual al personaje de Efrén Rebolledo sino por su sabida capacidad de cruzar el fuego sin inmutarse, nos envía el siguiente e-mail:

Me he enterado de que este 2019 se abrirá un Instituto de Educación Superior Rosario Castellanos y no pude sino recordar la mala suerte póstuma de la escritora, en materia de homenajes y surtidos bautismales, desde su muerte cuando era embajadora de México en Israel. El entonces presidente Luis Echeverría trató de organizarle tantas dichas fúnebres que hasta a un parque instantáneo, e inaccesible a pie, bautizó con su nombre. Cómo estaría el asunto que su amigo el poeta Jaime Sabines le escribió un “Recado”; en unos versos decía:

Chayo, cómo duele, te digo, que te traigan,
te pongan, te coloquen, te manejen,
te lleven de honra en honra funerarias.
(¡No me vayan a hacer a mí esa cosa
de los Hombres Ilustres, con una chingada!)

Y pues sí, como entonces no había Rotonda de las Personas Ilustres, Rosario Castellanos fue un Hombre Ilustre, entre otras echeverriadas, todo tan burdo y tan lejos del enorme talento de Castellanos. Quién sabe cuánto suma ya bautizado con su nombre; ahora lo será una UG, una Universidad Gansito. Dan ganas de pedirle a Sabines que regrese y decir juntos: Ya dejen en paz a Chayo, con una —no lo he de repetir por mis sofisticados modales.

Les mando un beso frío como mi sangre.

 

Elena Rivas, La Salamandra

 

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