Desde hace varios años en México ha aumentado la preocupación por mejorar la atención médica de las personas en el final de su vida, para lo cual se han implementado medidas como: 1) el respaldo a que las personas rechacen tratamientos que ya no desean recibir, incluso si como consecuencia de ello sobreviene su muerte; 2) el documento de voluntad anticipada para que una persona competente establezca qué tratamientos querría y no querría recibir en caso de llegar a encontrarse en una situación en la que no pueda expresar por sí misma su voluntad; 3) la obligatoriedad de brindar cuidados paliativos (aunque falta todavía instrumentar los mecanismos para que esto sea posible).

Beneficios de la muerte asistida

Ilustración: Estelí Meza

Encomiables, y a la vez mejorables, estas medidas significan un avance en el reconocimiento de los derechos de los pacientes pues, por un lado, contribuyen a que éstos reciban la mejor atención en el final de su vida y, por otro, a que se respete su autonomía. Sin embargo, se necesita ir más lejos, porque hay enfermedades y condiciones médicas que causan tal sufrimiento a las personas que éstas preferirían morir cuando no existan tratamientos que puedan aliviarlos, para lo cual necesitarían que se les apliquen o proporcionen medicamentos que causen su muerte sin dolor.

En esto consiste la muerte médicamente asistida, la cual engloba a la eutanasia (en que el médico ayuda directamente a morir al paciente que lo solicita) y el suicidio médicamente asistido (en que el médico brinda los fármacos para que el paciente ponga fin a su vida). Según la encuesta realizada por la asociación Por el Derecho a Morir con Dignidad, A.C. en 2016, alrededor de 70% de los mexicanos aprueba esta ayuda. De permitirse legalmente, podrían optar por ella los enfermos que cumplan ciertos criterios y quieran ejercer su autonomía para decidir cómo y cuándo morir y la aplicarían los médicos que estén de acuerdo en hacerlo, lo que garantiza el respeto de quienes no deseen ayuda para morir.

Como en todos los países en que se ha permitido legalmente, en México deben establecerse criterios para aplicar y supervisar la muerte médicamente asistida. Los requisitos indispensables son: 1) que el paciente, adulto y competente pida voluntariamente la ayuda (lo que implica tener un conocimiento completo de su condición médica); 2) que padezca un sufrimiento que le resulte insoportable (el cual puede ser físico o emocional, como lo sería el hecho de sentir que, desde su punto de vista personal, es indigna la forma en que vive); 3) que no haya forma de aliviar su sufrimiento. Habría que definir si la ayuda se pudiera brindar mediante las dos modalidades (eutanasia y suicidio médicamente asistido) o sólo una de ellas. Desde nuestro punto de vista no se debe limitar esta ayuda a las personas con enfermedad terminal, porque excluiría a muchos enfermos que cumplen estos criterios y que padecen una condición amenazante y limitante para la vida, aunque todavía podrían tener un año o más de vida.

Permitir la muerte médicamente asistida implica reconocer la vida como un bien jurídicamente disponible por su titular (sujeto al cumplimiento de ciertas condiciones), aunque sin duda es muy compleja su concreción normativa. Además, se necesita definir a qué ámbitos de nuestro sistema federal corresponde legislarla. Si se estima que forma parte de la regulación sanitaria de la profesión médica, se trataría de una materia federal, en tanto que si se estima que incide en la materia penal, preponderantemente correspondería a los congresos locales. Aun resuelta esta cuestión también existe la posibilidad de que la autonomía calificadora de los órganos legislativos se traduzca en normaciones disímiles, resultantes de la especificidad del derecho sanitario y del derecho penal, lo que no es deseable.

Más allá de la definición de los procedimientos para la toma de decisiones que garanticen el cumplimiento de los requisitos (sobre todo la primacía de la voluntad de la persona solicitante), debe procurarse que se configure un derecho exigible que garantice que los pacientes no queden supeditados al apoyo discrecional y/o arbitrario del personal de salud. Esto a partir de una interpretación sistemática de diversos derechos humanos, entre los que podemos enumerar el derecho a la vida (en su dimensión positiva de vida digna), el derecho a la protección de la salud (con énfasis en su aspecto prestacional, lo que permitiría la universalidad de los servicios), el derecho al libre desarrollo de la personalidad y el derecho a la dignidad.

Ha llegado el momento de emprender la tarea que permita que en nuestro país sea una realidad que las personas que así lo quieran puedan beneficiarse de la muerte médicamente asistida, y que los médicos dispuestos a brindar esta ayuda tengan la certeza de que están actuando legalmente.

 

Asunción Álvarez del Río
Doctora en bioética. Es profesora de la Facultad de Medicina de la UNAM. Ha publicado Práctica y ética de la eutanasia.

Beatriz Vanda Cantón
Doctora en bioética. Es profesora en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (UNAM).

Pedro Isabel Morales Aché
Licenciado en derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM, especializado en el tema de salud y derechos humanos. Es director de Medilex, Consultoría Médico Legal.

 

2 comentarios en “Beneficios de la muerte asistida

  1. Aun están por considerar: los limites de la medicina alopata, las remisiones inexplicables, los tratamientos alternativos, los errores medicos de diagnostico y tratamiento, los medicamentos fraudulentos y las deficiencias hospitalarias. Aparte de los trtamientos alternativos y los crasos errores medicos posibles. Habria que considerar tambien el estado psicologico y la capacidad de compresnsion del enfermo. Busquemos la MEDICINA SAGRADA.