Crítica de la razón cínica, de Peter Sloterdijk, está ilustrada, en buena parte, por una serie de caricaturas e imágenes cómicas de los siglos pasados. Cito tres: en una publicación alemana (1899) aparece el dibujo de un hombre a quien un banquero está a punto de cortarle la cabeza. Antes de hacerlo le dice para consolarlo: “Dé gracias a que es socialista pues de lo contrario le iría mucho peor”. Antes, en 1863, el mismo Otto von Bismark aparecía también en un cartón cómico poniendo huevos y bailando con falda cuando se desempeñaba como secretario de conflictos en Alemania. En otra ilustración, Napoleón aparece charlando con la muerte después de su derrota durante la batalla de Leipzig, en 1813. La imagen va acompañada por la frase: “Los dos reyes del espanto”. Aludo a estas antiguas imágenes luego de revisar y leer el libro del caricaturista mexicano Daniel Camacho, ¡Ya supérenlo! (Penguin Random House, 2018), y cuyo tema es el sexenio de gobierno del señor Peña Nieto. (La medición sexenal en política no me convence: ¿quién podría justificarla más allá de la tradición histórica? Luego de los últimos presidentes que el país ha padecido parece más sabio o prudente que su mandato durara seis meses, seis días o, en el colmo de la sabiduría, seis minutos.)

Ilustración: Kathia Recio

En el libro se incluyen varios textos, pero de inmediato se hace claro que las palabras no explican los dibujos, sino que sólo acentúan su sentido trágico o acompañan al escarnio o la burla. En su libro La risa, Henri Bergson ha escrito que la comicidad es esencialmente humana, y que el mayor enemigo de la risa es la emoción. “El hombre es un animal que sabe reír, pero, sobre todo, que hace reír”. José Woldenberg, en su texto incluido en el libro en que Camacho hace escarnio del sexenio anterior escribe: “En ocasiones parece que nuestros políticos trabajan para el caricaturista”, y aprecia la sonrisa en vez del azote, la ironía contra lo que nos flagela, la sonrisa como fórmula para filtrar o atenuar, momentos espinosos o pronunciamientos necios. Yo estoy de acuerdo en que la risa puede ser curativa, mas lo terrible es que, después de que la risa se disipa, los dinosaurios siguen todavía ahí. Y se pasean muy campantes y sin castigo. De la mayoría de los políticos y funcionarios yo guardo muy mala opinión. Creo que, en general, nos gobiernan los peores y que ello ha sido una constante de los gobiernos mexicanos.

¿Cómo han llegado ahí? ¿Qué devenir trágico y cínico los llevó a tener una silla en el Congreso o un puesto civil que afecta a tantas personas? Jean Baudrillard sostuvo que Disneylandia existía para hacernos creer que Estados Unidos era real. Así yo creo que los malos políticos existen también para hacernos creer que nosotros no somos como ellos, o que no son una extensión de nuestra cultura, pasividad y de nuestro gusto por la violación y el descalabro. Los líderes sindicales millonarios y corruptos, los artífices de la penuria, la lacra financiera y demás caterva. ¿La risa atenúa su presencia? John Keats, el poeta romántico, escribió en una carta: “Aborrezco este mundo bestial que te hace sonreír. Odio cada vez más a los hombres y a las mujeres”. Era un azotado. Sin embargo, se trataba más de un misántropo que un resentido. Lo anterior me hace preguntar si Camacho odia (si en general el caricaturista político se emociona, contra lo previsto por Bergson). No lo creo, su sátira es lúdica, aunque los temas que toca son, por lo general, crueles y cínicos en sí mismos. Él mira salir de la coladera a los modelos de sus cartones y los retrata con mordacidad y precisión haciendo visible el desprestigio de la política en estos días.

En esencia el poder político es ridículo y el cinismo que emana de él es desmoralizador, ya que por principio nadie podrá vencer a la muerte. ¿O acaso la sátira cómica o caricatura de los poderosos es el privilegio de los vencidos? ¿El diario elegiaco de la derrota? Camacho es parte de una tradición de dibujantes, caricaturistas y artistas mexicanos que hicieron escarnio del personaje público político. Desde Gabriel Vicente Gaona, Picheta (1828-1899), crítico satírico de la sociedad yucateca hasta José Guadalupe Posada (1852-1913), Julio Ruelas (1870-1907), y los contemporáneos Quesada, Naranjo, Rius, Jis y Trino, Daniel Camacho más un largo etcétera, existe una tradición en México de artistas de la sátira, la caricatura y el dibujo quienes ofrecen visiones y perspectivas humanas y morales que el lenguaje literario no puede narrar. Como lo sospechaba Bergson: “La comicidad exige pues, para surtir todo su efecto, algo así como una anestesia momentánea del corazón, pues se dirige a la inteligencia pura”.

 

Guillermo Fadanelli
Escritor. Entre sus libros: Mis mujeres muertas, Mariana Constrictor y Hotel DF.