Martín Cortés tenía seis años cuando le dijo adiós para siempre a su madre. El pequeño era hijo de la Malinche y de Hernán Cortés, y en marzo de 1528 se embarcó a España para convertirse en paje del joven príncipe Felipe. Cuando se despidió de su ilustre madre, ella vestía el atuendo de una noble indígena casada, una larga falda, un huipil de hermosos bordados y el cabello en dos moños. Lo exhortó, como toda madre lo hubiera hecho, a soportar lo que pudiera venir, a honrar a quienes lo amaban.

Ilustración: Alma Rosa Pacheco Marcos

Malinche no le estaba pidiendo a su hijo nada que ella misma no hubiera logrado hacer. Hoy en día a mucha gente le gusta decir que se había vendido a los españoles. Pero sólo lo dicen porque no entienden cuál era realmente su situación.

Nació en las inmediaciones de Coatzacoalcos, de padre noble y madre plebeya. Cuando todavía era una pequeña los aztecas y su guerra irrumpieron en la zona y amenazaron a su gente. Ella y varias niñas fueron entregadas como ofrendas de paz; los aztecas las vendieron después como esclavas a los mayas chontales. Malinche fue arrancada de sus seres queridos y en un solo día lo perdió todo. En 1519 los mayas la entregaron (junto con otras diecinueve mujeres jóvenes) a los españoles, de nuevo como ofrenda de paz. Esta vez la niña se vio esclavizada por amos más despiadados. A diferencia de los mayas estos hombres no dudaban en cometer violaciones. Se convirtió en la esclava sexual privada del arrogante Alonso Hernández de Puertocarrero, primo del conde de Medellín en España.

Después del desembarco de los españoles la niña esclavizada entendió que los recién llegados buscaban encontrar y conquistar al antiguo enemigo de su pueblo, los aztecas, la misma gente que la había convertido en esclava la primera vez. Los recién llegados necesitaban un traductor, alguien que pudiera hablar tanto náhuatl como maya chontal. Juan Jaramillo, uno de los españoles, hablaba maya, pues había sido prisionero durante muchos años. Cortés podía hablar con Jaramillo, Jaramillo con Malinche, y Malinche con los representantes de Moctezuma, en una perfecta cadena de traducción.

¿Qué mujer habría escogido quedarse como una silenciosa esclava sexual en vez de ayudar a aquellos extranjeros a derribar a los enemigos de su padre? Solamente una loca. Y Malinche no era una loca. Era valiente, lista y digna. Sus dolorosas experiencias le habían enseñado a tener valor, y la dignidad le venía de su crianza como hija de un noble. También tenía una facilidad estupenda con los idiomas y pronto aprendió español; en cosa de meses ya no necesitó a Jaramillo.

Durante horas Malinche habló con los hombres del otro lado del mar y rápidamente entendió la amenaza que representaban para “nosotros, los de aquí”, como se llamaban a sí mismos los habitantes de su mundo. (No tenían palabra para “indígenas” porque nunca antes había llegado gente de ultramar con los que pudieran contrastarse.) Dondequiera que iba aconsejaba a los jefes locales que fueran precavidos y evitaran el desastre, que mejor se aliaran con los extranjeros en vez de convertirlos en enemigos porque de lo contrario los europeos derramarían más sangre de la que jamás habían derramado los aztecas en sus pueblos.

Durante la guerra por Tenochtitlan los indígenas la llamaban constantemente para intentar parlamentos. Y después del final de la guerra trabajó día y noche tratando de hacer arreglos de paz con cada altépetl que pudiera satisfacer a la gente local. Los anales indígenas, y no las fuentes españolas, nos dicen todo esto, así que no tenemos razón para dudar de ellos.

En 1528 Malinche envió con gusto a su hijo a España para que pudiera entrar en ese mundo, nunca fuera esclavo y no corriera ni el riesgo de sufrir abusos. Pero ella sintió esa pérdida de modo terrible. Desde 1519 había estado expuesta a los microbios que los europeos traían consigo pero, ahora que su hijo se alejaba navegando, Malinche sucumbió de repente a ellos. Murió a principios de 1529; intentó siempre hacer lo correcto ante cada dolorosa situación que tuvo enfrente.

Quienes descienden de ella, o de las miles de mujeres indígenas muy parecidas a ella, deberían sentirse muy orgullosas.

 

Camilla Townsend
Historiadora. Imparte clases en Rutgers University. Ha publicado Malintzin: Una mujer indígena en la conquista de México, Ediciones Era, y Annals of Native America, Oxford.

Traducción de Álvaro Ruiz Rodilla.

 

4 comentarios en “Una traductora valiente y digna

  1. Fue breve esta extraordinaria semblanza de Malintzin. Esperaba saber más de ella y abruptamente dicen que murió.