La otredad es un tema que pertenece a la ética. “Todo lo que es valioso en mí, sin excepción, viene de fuera de mí, no como un don, sino como un préstamo que debe ser renovado sin pausa”, advierte Simone Weil. No somos sin los otros, sugiere la filósofa francesa. Cierto: la suma de uno, de los unos de uno, depende de la suma de los otros, de los otros de uno; sin otros, no somos nadie. Weil también nos recuerda que la construcción de la persona depende de los préstamos de otras personas, los cuales deberían reciclarse y renovarse para alimentar a otros. Pacifista radical, sindicalista y luchadora social, Weil murió en 1943. Setenta y cinco años después sus palabras no mueren: basta observar el mundo para saber que los otros, ya sea por razones sociales o enfermedades, no encuentran acomodo en nuestros tiempos.

Ilustración: Kathia Recio

Eduardo Lazcano y Gregorio Katz han publicado tres libros cuyo hilo conductor es la alteridad, la cual, en este caso, busca colocar en el mundo a grupos olvidados y excluidos, cuya condición los estigmatiza, tanto a ellos como a sus allegados. Los padres que deseaban concebir un príncipe y tuvieron una cenicienta (2015), escrito con la colaboración de Carlos Oropeza, Niños en cuerpos de adultos (2017), y Los olvidados con mentalidad imperfecta (2018), promovidos por el Instituto Nacional de Salud Pública y editados por SPM ediciones, conforman una trilogía imprescindible para mirar el mundo a partir de la mirada y las vivencias de los grupos en cuestión.

En un mundo donde la polarización crece día a día y temas ingentes como refugiados, desplazados, sincasa, sintierra, desaparecidos y migrantes ocupan páginas enteras en periódicos, los habitantes de la trilogía de Lazcano y Katz conforman, por otras razones, fragmentos del mundo donde el mismo mundo, i.e., sus habitantes, excluye e impide la vida.

¿Quiénes son las personas que habitan las páginas de los libros?, ¿son lejanas y ajenas?, ¿caminan por los caminos donde “los sanos” transitamos? La distancia depende desde dónde se mire y cómo se mire. No se elige tener mentalidad imperfecta, no se escoge tener bajo coeficiente intelectual, no es grato ser denominado cretino y no es fácil, sobre todo en un Estado Ladrón como el mexicano, lidiar sin recursos con hijos e hijas víctimas de retraso mental. Los autores dan en el clavo: la indolencia y el desdén en la atención a esos grupos de personas es infinita.

Lazcano y Katz escriben y retratan. Predominan las fotografías trazadas, ora con palabras, ora con cámaras, de los grupos aludidos: hojear y reparar en las palabras y los dibujos de Niños en cuerpos de adultos, Los olvidados con mentalidad imperfecta y jóvenes víctimas del desarrollo intelectual reta: no hay espacio en la mayoría de las sociedades para esos grupos.

Mirar la escritura a través de fotografías siembra: la gleba aguarda. Cultivarla u olvidarla, después de repasar las reflexiones de la trilogía depende del uno que no debería ignorar al otro. Los autores, al escribir, tocan; leer y sentir, y después actuar depende del lector ávido, de quien al leer se compromete con la vida, de quien lleva inscrito en su código familiar y social la palabra otros. La advertencia de los autores denuncia y exige: “Las personas que viven con estas discapacidades son blanco de exclusión, estigma y discriminación: no hay pauta para el respeto de sus derechos humanos”.

Cuando la pobreza es constante, como sucede en países robados ad nauseam, México entre ellos, valores como justicia e inclusión son espacios muertos. Eso experimentan las personas que circulan por los libros de Katz y Lazcano. La violación de los derechos de los sin —sin presente, sin voz, “sin humanidad”— es una de las constantes de los textos.

En el prólogo a Los olvidados con mentalidad imperfecta Sandra Lorenzano, tras cavilar sobre la compasión, el cuidado y el respeto por el ser humano, escribe: “Las políticas públicas, tanto de formación de médicos como de atención a la población, están, como todo lo demás en el país, alejadas de la búsqueda de justicia y equidad…”. Lorenzano acierta: sin compasión y sin solidaridad la atención médica es magra.

La vulnerabilidad es una de las grandes mermas de estos grupos. La vulnerabilidad lacera, “mata un poco”. Vulnerabilidad es tema ético. A pesar del fracaso societario y estatal, o más bien debido al fracaso, se deben idear, desde la ética laica, los caminos para atender el inmenso contingente de seres humillados y vulnerables. Incluir a los grupos en cuestión en la sociedad es una obligación. ¿Tienen límites la humillación y la vulnerabilidad? Pensemos que sí: el simple hecho de pensarlo es un acto ético.

Un nuevo libro de Lazcano y Katz será bienvenido.

 

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor en la Facultad de Medicina, UNAM. Es autor de Dolor de uno, dolor de todos y de Recordar a los difuntos, entre otros libros.

 

8 comentarios en “Otredad

  1. Excelentes obras, la sociedad debe ser más empatica y sensible a él Trastorno se desarrolló intelectual. Nadie estamos excentos de vivir una situación así.

    • Gina,
      Sí, tienes razón, los libros retratan, con amor, dignidad y sabiduría las vivencia de poblaciones desvalidas.
      Gracias por el comentario,
      Arnoldo Kraus

  2. ¿Quiénes son las personas que habitan las páginas de los libros?, ¿son lejanas y ajenas?, ¿caminan por los caminos donde “los sanos” transitamos? La distancia depende desde dónde se mire y cómo se mire!.
    Brillante!!! Excelentes libros.

  3. Héctor,
    Humano y provocador tu correo -lo agradezco-. Las preguntas que haces merecen respuestas. Deben contestarse desde la perspectiva individual y comunitaria. En ambos rubros se falla, fallamos. No hay espacio en la sociedad para personas con capacidades diferentes. Educar es el único camino. Perdemos. No educamos.
    Gracias,
    Arnoldo Kraus

  4. Héctor, buen día -espero no repetirme, se borró el comentario que mandé ayer-.
    Aprecio tus palabras y tus sensibles ideas transformadas en preguntas, Esas cuestiones, las de los seres con capacidades distintas deberían responderse desde un plano individual y comunitario. Ambos fallamos, aunque las comunidades reprueban. No hemos creado, parte de la condición humana, espacios para “los otros”, y, no lo haremos: en mundo que se encuentra a la deriva, cada vez más polarizado, es infrecuente cavilar en la otredad..
    Gracias,
    Arnoldo Kraus

  5. muchas veces la distancia empieza en el seno familiar, es ¿ ignorancia, impotencia, enojo? seguido por una sociedad poco tolerante y falto de empatía, que nos está llevando, no solo a no entender la vulnerbilidad de estos grupo, si no a no entender la vulneabilidad de muchos otros sectores de la población . ¿Será ésto solo tarea del Estado?

  6. La indolencia y separación hacia èstos grupos vulnerables, a veces empieza desde su núcleo familiar por ¿ marginación, ignorancia, enojo? seguido por una sociedad con un grado alto de intolerancia y muy poca empatía, no solo a estos grupos, si no a otros grupos de la sociedad que también son vulnerables , ¿será que como sociedad estamos olvidandónos de ser compasivos y solidarios? o ¿ es el Estado con su políticas sociales fallidas los responsables ?

  7. Gracias querida Olivia por tu comentario, comparto tus opiniones y, como bien señalas, los responsables del descuido hacia los grupos vulnerables, que en México son muchos, no sólo los descritos en los libros de Lazcano y Katz, sino la mitad de la población por la inmensa pobreza y miseria, son el Estado y las familias; el Estado por ladrón y las familias, no siempre por descuido, muchas veces por falta de recursos económicos y educativos son incapaces de ayudar. La cuestión, como en otras circunstancias, me remite al uso inequitativo del conocimiento y a las prioridades que se le dan a eset, que en múltiples ocasiones, no son el ser humano en sí.
    Mil gracias,
    Arnoldo