El año de 1844 vio la vulcanización del hule. El invento de ese proceso, debido a Charles Goodyear, acabó por traer la anticoncepción a la Gran Bretaña y Estados Unidos. Y algo más. Fue también el origen del dildo de hule. Una historia unida a un cruzado incansable contra la pornografía a fines del siglo XIX en Nueva York, de nombre Anthony Comstock. Los primeros condones de hule, diafragmas y cubiertas cervicales salieron al mercado en 1869; rápidamente hubo dildos de muchos colores y formas: una sola compañía llegó a vender 12 versiones.

En el papel, Comstock era como cualquier otro inspector de correos, encargado de sorprender “crímenes que de modo adverso o fradulento afecten el uso del correo estadunidense”. Pero a él lo dejaba estupefacto la extendida publicidad para estos “artículos contaminantes”, como lo describió en su indignado y perplejo informe al Congreso en 1872. Le preocupaba sobre todo quiénes compraban ese producto. En efecto no lo compraban ni las prostitutas ni las casadas ni las pobres, concluyó; de hecho “el Dildoe [sic] de hule blanco” se vendía en 6 dólares, un precio muy elevado en 1870, equivalente a unos 116 dólares de hoy. El catálogo por envío postal The Grand Fancy Bijou of the Sporting Man’s Emporium, que contenía docenas de anuncios, lo llamaba “un feliz e inofensivo” sustituto del pene para “mujeres reservadas”. Hacia 1874, mediante sus aliados en el Departamento de Policía de Nueva York y en la Oficina Postal, Comstock había ya confiscado y destruido miles de dildos en una redada de 60, 300 “artículos hechos de hule para fines inmorales”. Pero, como era de predecirse, una ingeniosa industria sexual fabricó y puso en el mercado los productos con mayor presteza de lo que él podía condenarlos, y los escritores y los fotógrafos rápidamente explotaron sus posibilidades eróticas, instructivas y comerciales.

El ascenso del dildo fue apenas uno de los muchos ejemplos de consecuencias imprevisibles de la ferviente y justiciera campaña de Comstock para limpiar a Nueva York de obscenidad. Aunque nunca tuvo un puesto oficial de gobierno, encontró patrocinadores ricos e influyentes, primero en la YMCA, cuyos directores evangélicos eran entusiastas protectores de los jóvenes contra el mal. Juntos impulsaron un proyecto de Ley contra la Literatura Obscena en la Legislatura del Estado de Nueva York, año 1868. En 1872, Comstock y sus seguidores de la YMCA circularon un robusto informe sobre el tráfico de pornografía y los materiales incautados por la policía de Nueva York, incluyendo siete toneladas de libros y 187,600 imágenes. Lectores sagaces usaron también el informe como catálogo de compras; incluía precios, distribuidores y sitios de venta.

 

Fuente: TLS, octubre 23, 2018.