—¿Y si se le diese un poco de cognac? —dijo de pronto Julián. Y añadió, al ver la mirada espantada del doctor: —A veces, estos síntomas de comatosis no significan que esté desorganizado el cerebro, pueden ser la inacción de la fuerza nerviosa. Si la muerte es inevitable, nada se pierde, y si es una depresión del sistema nervioso, se puede salvar.

El doctor caminaba; con el labio caído, movía incrédulo la cabeza.

—Teorías —murmuró.

—En los hospitales ingleses… —empezó Julián.

Caminha se encogió de hombros con desprecio.

—Si el doctor leyese…

—No leo nada —dijo Caminha con voz recia—. Los libros deben ser los enfermos.

 

Fuente: Eça de Queiroz, El primo Basilio, tomo II (traducción de Ramón del Valle Inclán), Casa Editorial Maucci, Barcelona, 1904. Biblioteca Digital de la UANL.