[Titania a Oberon:] …nunca, desde que nace el verano,
Ya sea que nos reunamos en la colina,
En la cañada, en el bosque o en el prado,
En fuente con guijarros, en arroyo con juncos,
O a la orilla del mar y su oleaje,
Para bailar en círculos al ritmo del viento silbante,
Has hecho sino perturbar con tus broncas nuestros juegos.
De modo que los vientos, al silbarnos en vano,
Como en desquite han sorbido del mar
Nieblas nocivas, que al caer sobre la tierra
Hacen que los ríos más apocados se hinchen
Con tanto orgullo, que sobrepasan sus riberas.
Así que el buey ha tirado de su yugo inútilmente,
El labrador ha sudado en vano, y el grano verde
Se ha podrido tierno, imberbe.
Los rediles, vacíos en el campo anegado;
Los cuervos engordan de rebaño enfermo.
El nueve hombres de morris* está lleno de lodo,

Y los peculiares senderos intrincados en los prados exuberantes,
Porque nadie los transita, son ya indistinguibles.
A los mortales les falta su invierno alegre.
Ya no hay noche agraciada con canto o villancicos.
De modo que la luna, señora de crecidas,
Pálida de rabia, humedece todo el aire,
Y hace que abunden los males respiratorios;
Y a través del mal clima vemos cómo
Se alteran las estaciones; la escarcha con sus canas
Cae sobre el joven regazo de la rosa encarnada;
Y sobre la fina corona de hielo que lleva don Invierno,
Se posa como en burla una guirnalda
De capullos olorosos. A la primavera,
Al verano, al otoño de las cosechas,
Un invierno airado les cambia los uniformes
Habituales, y el mundo perplejo ante aquello
Que produce la estación, no sabe ya cuál es cuál.
Y la progenie misma de estos males
Viene de nuestros pleitos y disensiones.
Sus padres somos, origen les dimos.

 

Fuente: William Shakespeare, A Midsummer Night’s Dream, II, 1, Penguin Books, NY, 1979.


* Juego con nueve hombres o “peones” en un tablero con tres cuadrados concéntricos. Los cuadrados se marcaban con un cuchillo sobre la tierra al aire libre. Ganaba el juego el peón que al final se apropiaba de una piedra en el cuadrado del centro.