Octubre de 1962. Los Estados Unidos y la, por aquel entonces, Unión Soviética, estuvieron a punto de un enfrentamiento nuclear sin precedente en la historia universal. Fueron solamente 13 días, pero en este período tan corto de tiempo se tomaron cientos de decisiones en un contexto de información imperfecta, se generaron múltiples hipótesis, se recolectó y analizó información desesperadamente. No había margen de error. Una decisión incorrecta podría haber significado la muerte de hasta 100 millones de personas.

La crisis de los misiles en Cuba fue un caso extremo, de apuestas muy altas. El presidente Kennedy estimó, en ese momento, que las probabilidades de que ocurriese un desastre eran prácticamente iguales que las de éxito. En el póquer este tipo de escenarios se conoce como “tirar una moneda al aire”. Todo jugador de póquer profesional se prepara durante años para evitar este tipo de situaciones, minimizando riesgos y ampliando la base de información a partir de la cual toma las decisiones de juego.

¿Por qué hablar de póquer en este contexto? La respuesta es sencilla: las semejanzas entre el póquer y la política son especialmente evidentes. Tanto los jugadores de póquer como los políticos están igualmente preocupados por construir una imagen, por recabar y analizar información de manera oportuna, por sopesar riesgos y recompensas de manera correcta, y por entablar relaciones con otros actores teniendo en cuenta la fortalezas o debilidades, tanto propias como ajenas. Pero hay una gran diferencia: no todos los políticos que llegan a ocupar un puesto público de relevancia tienen estas capacidades, las cuales no son innatas sino que se desarrollan.

Ilustración: Víctor Solís

Varios académicos han utilizado al póquer para nutrir sus estudios. Tal vez el caso más conocido sea la teoría de juegos de Von Neumann, la cual se inspira principalmente en este juego. Más recientemente la exjugadora de póquer profesional Annie Duke, quien además cuenta con estudios avanzados en psicología cognitiva de la Universidad de Pennsylvania, ha publicado el libro Thinking in Bets. Making smarter decisions when you don’t have all the facts, que trae a la mesa un conjunto de consideraciones fundamentales.

En este artículo quisiera concentrarme en tres lecciones del póquer que son importantes para tomar decisiones en general y que pueden resultar útiles para profundizar nuestro análisis de la vida política.

 

En el póquer, uno debe apuntar a tomar decisiones basadas en las probabilidades ponderadas de ganar ya sea durante una mano (corto plazo) o un torneo (largo plazo). El problema es que las probabilidades pueden estimarse sólo parcialmente porque conocemos nuestras cartas y las cartas que están sobre la mesa, pero nunca las que tiene otro jugador en su mano. Aquí es donde la introspección y la empatía comienzan a ser fundamentales: se juega contra los jugadores y no contra sus cartas. Por tanto, la primera tarea de un jugador de póquer es hacer un esfuerzo por entenderse a sí mismo como a su adversario, y el contexto que rodea a ambos.

En el póquer, y en la vida, cada persona toma decisiones sobre la base de variables muy distintas. Entender el árbol de decisiones de mis adversarios, así como el propio, es esencial. Por ejemplo, hay gente que “siente” que le van a salir cartas buenas y toma decisiones únicamente sobre la base de ese presentimiento. Para otros, una probabilidad de ganar de un 40% es ya suficiente para arriesgarse mientras que para otros un 20% de probabilidades de perder supone un riesgo muy alto.

Esto es algo fundamental para el análisis político: determinar la predisposición al riesgo de quienes nos rodean. En el póquer, si estoy jugando contra alguien a quien percibo como muy conservador probablemente mi mecanismo de toma de decisiones será distinto a cuando enfrente a un jugador al que considero amante del riesgo. En política, los diferentes actores también se adaptan al riesgo que toman los otros. En la serie O mecanismo, basada en el caso de corrupción Lava Jato en Brasil, este punto se ve claramente. El personaje que representa a Marcelo Odebrecht es presentado como alguien con una altísima predisposición a tomar riesgos, lo cual fue determinante del tipo de acciones y reacciones del resto de empresarios y políticos involucrados en el esquema ilícito.

Otro aspecto clave y que no pocas veces pasa inadvertido es estar muy conscientes de nuestro estado de ánimo y del de las personas que nos rodean. En el póquer es normal que los jugadores profesionales se retiren de la mesa al ganar o perder una mano importante, o que al menos dejen pasar varias manos antes de volver a jugar para lograr un equilibrio emocional adecuado. En política ocurre lo contrario. Los errores más frecuentes ocurren cuando las personas están “endulzadas” por alguna victoria. Volviendo al caso Lava Jato, una de las evidencias centrales para desenmascarar la red de corrupción de alto nivel tuvo que ver con la compra de un vehículo de lujo a un alto ejecutivo de Petrobras,1 lo que permitió dejar un registro formal de quién ofreció y quién aceptó la coima. Un error prácticamente infantil que se explica no sólo por la impunidad que reinaba en el país, sino también porque el personaje en cuestión estaba cegado por una sensación de “éxito” asociada a una prebenda de lujo.

 

Cuando un jugador se cree uno de los mejores jugadores del torneo, es muy frecuente que no quiera arriesgarse a perder apostándolo todo en una sola mano. Lo más probable es que opte por realizar apuestas calculadas y progresivamente incrementales. Esto es distinto al mero cálculo de probabilidades ponderadas que mencionábamos antes: aquí no hablamos de la variable oportunidad sino del cuándo. Así, este jugador esperará hasta haber conocido mejor a sus adversarios (incrementando el nivel de información a su disposición) y haber acumulado una cantidad de fichas suficiente como para decidirse a tomar más riesgos.

La variable oportunidad es clave para el análisis político, sobre todo durante periodos de elección. Cuando un político ve que está cerca de ganar las elecciones, es probable que sus decisiones sean más conservadoras pues es mucho lo que está en juego. Por el contrario, arriesgará más cuanto más improbable perciba la victoria electoral. 

Veamos un ejemplo donde la variable oportunidad es generalmente subestimada. Los períodos electorales, al menos en Latinoamérica, se ven y se analizan frecuentemente como un juego de suma cero. Los políticos y los partidos políticos se reciclan frecuentemente. Un partido pierde el Ejecutivo, pero un año más tarde tiene mayoría en el congreso y viceversa. Los políticos profesionales tienen esto muy claro. Saben que la política es una maratón y no una carrera de 100 metros, y “juegan sus fichas” de manera acorde. Sin embargo, con frecuencia los analistas políticos no llegamos a comprender los pormenores del juego político. No es que no entendamos el concepto, el problema es que no tenemos la práctica, lo cual nos dificulta ver las acciones individuales o colectivas sobre la base de la variable oportunidad.

El póquer da una solución práctica: acumular suficiente información relevante para generar un “colchón” (en el póquer, de fichas) que permita contrarrestar la mala suerte o algún eventual error en la ponderación de las probabilidades. Sin ese colchón, se juega siempre al límite. En política, esto significa saber gestionar el capital relacional, que incluye el poder de influencia de los políticos en redes sociales. Para el análisis político, esto significa ir más allá de la coyuntura. En períodos inflacionarios o en el contexto de una derrota electoral en Latinoamérica abundan los análisis que firman indiscriminadamente actas de defunción de los gobiernos, de los partidos, y de políticos individuales. La mayoría de las veces se equivocan rotundamente.

 

Uno de los errores más comunes de quienes empiezan a jugar al póquer es la exageración del bluff, es decir, hacer creer al adversario que tienes unas cartas que en realidad no tienes. La realidad es que mentir frecuentemente termina volviendo vulnerables a los jugadores, dado que los demás miembros de la mesa son capaces de predecir con mayor facilidad sus cartas. Por el contrario, los jugadores profesionales utilizan este recurso sólo excepcionalmente, sobre la base de la empatía y del criterio de oportunidad que hablábamos antes.

En política ocurre lo mismo. Un político puede hacer promesas irrealizables para ganar una elección o sacar provecho de algún asunto en particular, pero las mentiras se pagan caras en el largo plazo. Actualmente, la ola de la transparencia y el creciente control de los ciudadanos2 han incrementado sustantivamente las probabilidades de que a los políticos los “agarren” con alguna mentira. Nuevamente, Odebrecht y sus ramificaciones a nivel regional son buenos ejemplos de ello. Todo se termina sabiendo, tarde o temprano.

Evidentemente, el póquer y la política tienen mucho en común. Sin embargo, existe una diferencia sustancial: en el póquer nos jugamos unas fichas mientras que en política lo que está sobre la mesa es la vida de las personas, su bienestar, su acceso a servicios básicos, su seguridad.3 Como dijo Kant, la mentira en la política no debería ser un recurso en ningún caso y bajo ninguna circunstancia. Sin embargo, dado que con frecuencia se practica, conviene aclarar que, tarde o temprano, mentir conduce al fracaso.

 

Juan Cruz Vieyra
Especialista en Modernización del Estado en la División de Innovación para servir al Ciudadano del BID.


1 Leahy, Joe y Samantha Pearson, “Brazil’s Petrobras: Tarred by corruption”, The Financial Times, 10 de agosto de 2014.

2 Santizo, Carlos y Ángel Melguizo, “Repensando las instituciones: Por un nuevo contrato social sin ‘letra pequeña’”, BID, 18 de abril de 2018.

3 Cruz Vieyra, Juan y Alejandro Barón, “Así frena la corrupción la inversión pública y el crecimiento”, BID, 7 de mayo de 2018.

 

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