Hace ya varios meses David Stockman hizo declaraciones que suscitaron un escándalo en los Estados Unidos. Nada menos que el Director de Presupuesto -del gobierno de Reagan- manifestó, crudamente, su desconfianza y hasta su desprecio por el programa económico Reaganista del que él mismo es coautor. Los opositores agradecieron su sinceridad. Sus "amigos" le retiraron el saludo. El público aumentó sus dudas o las confirmó. La secuela del escándalo no fue sino reflejo de algo más profundo: los efectos reales de un programa que favorece a los económicamente poderosos y golpea a los pobres.
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