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Hace ya varios meses David Stockman hizo declaraciones que suscitaron un escándalo en los Estados Unidos. Nada menos que el Director de Presupuesto -del gobierno de Reagan- manifestó, crudamente, su desconfianza y hasta su desprecio por el programa económico Reaganista del que él mismo es coautor. Los opositores agradecieron su sinceridad. Sus «amigos» le retiraron el saludo. El público aumentó sus dudas o las confirmó. La secuela del escándalo no fue sino reflejo de algo más profundo: los efectos reales de un programa que favorece a los económicamente poderosos y golpea a los pobres.

Pero junto a estas revelaciones constructoras del escándalo muy al estilo del show gringo con el sello de los media, Stockman dictó cátedra sobre un tema siempre vigente: la relación entre teoría y política económica. Traduzco un párrafo de Time: A principios de 1981 «Stockman incorporó en una computadora los datos de las medidas anunciadas por Reagan: plan de recorte impositivo a tres años y enormes aumentos en el gasto militar. Encontró resultados desastrosos absolutely shocking. La máquina proyectó un déficit presupuestal de 82 mil millones de dólares en 1982 y de 116 mil millones en 1984. Así que Stockman, simplemente reprogramó la computadora incorporando nuevos supuestos sobre cómo las «políticas económicas ofertistas»(*) reducirían tanto los precios como las tasas de interés y elevarían la productividad. Ello permitió proyectar un superávit para 84…»

El mismo artículo transcribe una reveladora frase de Stockman, el joven maravilla que a los 35 años había escalado hasta uno de los puestos más importantes de lo que en México llamaríamos «gabinete económico»; ese joven ex estudiante de teología en Harvard, que impresionó por su lucidez y profundo conocimiento de las estadísticas. Stockman dijo a su entrevistador: «Ninguno de nosotros entiende realmente qué está sucediendo con todos esos números». Ni más ni menos: un gran sacerdote que en un ataque de humildad y sinceridad baja del templo, se sienta en un rincón, sostiene su cabeza entre las manos, y le confiesa a su pueblo: «no entiendo nada».

Para seguir en el tema de los sacerdotes y las profecías, en el mismo número de Time, aparece una gráfica sugerente; contiene los promedios de los pronósticos que sobre crecimiento económico hicieron por ahí del mes de mayo cinco templos prestigiosos(**). El resultado es el siguiente: tres flechas optimistas apuntan crecimientos de 4.2%, 5.1% y 3.0% para el último trimestre de 1981 y primero y segundo de 1982 respectivamente. Pero en el mismo cuadro presentan los pronósticos hechos seis meses después por las mismas firmas; entonces las flechas se oscurecen y señalan un descenso de – 3.2% y -1.1% en los primeros dos periodos. La tercera flecha, casi apenada, señala un aumento de 2.2% en el segundo trimestre de 1982.

íAy los economistas! Nunca se equivocan del todo porque al fin y al cabo siempre hay un nuevo supuesto por incorporar, una nueva variable que tomar en cuenta o un nuevo y oscuro recurso esotérico.

Paradójico que las ciencias que nos aproximan al conocimiento de ciertas «obras divinas» se les llama «exactas» y a las que tienen por objeto. el estudio de «obras humanas» no haya más remedio que llamarlas «ciencias sociales». Quizá no tan paradójico: al final de cuentas se trata de hombres frente a obras en las que están involucrados y en ocasiones no pueden evitar un sentimiento humano por excelencia: vergüenza. Quizá no sea casual que el escándalo político económico al que hicimos referencia, haya tenido como protagonista a un ex-estudiante de teología. Y quizá -el último quizá- el comentarista Roger Rosenblatt haya dado en el clavo: «Stockman está pagando por haber deseado que sus palabras sonaran más comprensibles… El peligro de ser comprensible es que la gente te entienda.»

(*) Referencia a la «economía del lado de la oferta», teoría en la que están basadas las políticas instrumentadas por la administración Reagan.

(**) Las firmas de los pronósticos: Conference Board, Data Resources, Evans Economics, Townsend-Greenspan, Wharton Econometric Forecasting.

Nov.- 1981