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Dí. Revista política semanal, México, 1980-1982

Arturo Martínez Nateras, como político, pertenece a la generación de los años sesenta, precisamente la que se formó en el curso de las luchas estudiantiles de esa década. El perteneció al grupo promotor de la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED), la última agrupación importante de los alumnos de enseñanza media y superior, misma que llegó a presidir.

Nateras, que también pertenecía al núcleo dirigente de la Juventud Comunista de México, fue hecho preso en 1968 y permaneció en la cárcel de Lecumberri hasta principios del sexenio echeverrista. Durante su cautiverio, los comunistas de los centros de estudios superiores iniciaron la publicación de Dí, Debate Ideológico, periodiquito que buscaba dar cauce a los planteamientos del PCM, organización que tenia entonces a media dirección en la cárcel y se hallaba con sus fuerzas reprimidas y dispersas.

HOMENAJE

A su salida de la prisión, en 1971, Nateras realizó una veloz carrera política que lo llevó en pocos años hasta el máximo nivel de dirección del PCM. Ahí, como integrante del comité central y de su comisión ejecutiva, desempeñó diversas funciones, entre las cuales destaca su responsabilidad al frente del secretariado, órgano encargado de coordinar los aspectos prácticos de la actividad comunista.

Arturo mostró muy pronto su capacidad para obtener recursos materiales, indispensables para el funcionamiento del aparato partidario. También gozó de cierta fama dentro del PCM como el hombre capaz de resolver los pequeños problemas administrativos, que frecuentemente traban la marcha del trabajo político.

Por otra parte, cuando la dirección golpista de Excélsior buscó legitimarse mediante la inclusión de articulistas reconocidamente independientes, la dirección del Partido Comunista encargó a Nateras que la representara en ese diario. De ese modo, Arturo contó con una importante tribuna para exponer sus puntos de vista, y aumentó su influencia dentro del partido.

Así, AMN adquirió una posición partidaria que le permitía decidir en aspectos no sólo organizativos, prácticos, sino también políticos, lo que hizo mientras contó con el apoyo de la mayoría. Sin embargo, la propia fuerza adquirida lo empujaba con frecuencia -dijeron después sus críticos- a actuar arbitrariamente; daba excesiva importancia a las soluciones administrativas, por encima de las políticas, y – lo que resulta explicable- empezó a ser cuestionado tanto abierta como soterradamente.

La situación de Nateras debió volverse insostenible en la dirección comunista, pues en agosto de 1976 presentó una renuncia a sus cargos que, posteriormente, instado por varios compañeros, retiraría para presentarla de nuevo dos años después, entonces en forma irrevocable, luego de tres lustros de militancia en el PCM.

Las causas de la retirada se encuentran en Punto y seguido, ¿crisis en el PCM? libro del propio Martínez Nateras (Ed. de autor, México, 1980) donde expone su versión de dichos y hechos y también reproduce algunos documentos y criticas de sus adversarios.

Nateras renunció a sus cargos de dirección, pero no a la militancia partidaria. Al dejar el comité central buscó acomodo en un organismo de base. Como lo anunció, se disponía a dar la batalla contra lo que originaba su disidencia; en ello incluía posiciones políticas y, por supuesto, a las personas que las sustentaban.

BENEFICIO

Pero la opinión de un militante de base tiene poca repercusión, se diluye entre las muchas que emiten los demás miembros del partido y, sobre todo, carece de suficiente peso ante la fuerza de los órganos e instrumentos de dirección. Nateras lo sabía como pocos y decidió entonces crear un medio propio de difusión, empleando para el caso toda la habilidad que había mostrado para allegarle recursos al PCM. Así con dinero salido de las mismas fuentes a las que antes había recurrido reunió los fondos para crear una empresa editora que publicaría Di, la revista que hoy dirige.

Hay que decir, contra la acusación fácil de que sirve a uno u otro funcionario, que la principal carta que pudo jugar Nateras para obtener dinero fue su situación de militante comunista -militante distinguido, desde luego- y su independencia de cada personaje de la política oficial al que se acercaba, lo que no eliminaba, por supuesto coincidencias con la actuación o las ideas de esos mismos funcionarios. La clave, en tales casos, es mantener buenas relaciones con todos, pero evitar compromisos con cualquiera de ellos, pues ahí termina la confiabilidad para los demás.

Durante no pocos años, Nateras había sido un militante profesional, esto es, una persona dedicada de tiempo completo al trabajo partidario a cambio de un exiguo sueldo. A su salida de los órganos dirigentes se dedicó a buscar ocupación remunerada. La encontró sin dificultad debido a sus relaciones. Por esos días presentó su examen de licenciatura y se incorporó a la planta magisterial de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, a la vez que asumía la representación en el DF de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Como suele suceder en casos semejantes, el proceso de disensión política de Nateras cobró características de conflicto personal con otros dirigentes del PCM, como puede apreciarse nítidamente en el libro citado, donde, por ejemplo, Arnoldo Martínez Verdugo es primero «estimado» y objeto de «reconocimiento personal» para acabar siendo, en el curso de la polémica, simplemente «Verdugo», apenas «un aventajado aprendiz de dinosaurio».

La aparición de la revista Dí, en el otoño de 1980, serviría para el desahogo de Nateras y daría nuevos motivos para profundizar las diferencias entre AMN y la dirección comunista, pues la característica principal de ese semanario seria su oposición sistemática y feroz contra las posiciones de la mayoría dentro del PCM y el ataque y hasta la difamación contra los dirigentes, especialmente Martínez Verdugo.

La aparición del grupo neostalinista de los autollamados renovadores, en noviembre de 1980, le dio nueva ocasión a Martínez Nateras de lanzarse contra la mayoría comunista. Por lo pronto abrió generosamente su revista a las opiniones de los renos, en tanto que minimizaba, sacaba de contexto o tergiversaba las opiniones contrarias. Algunos de sus colaboradores más cercanos, mediante notas supuestamente informativas, crónicas y entrevistas, falseaban los hechos e insultaban sin recato mientras que, extrañamente, pedían que se elevara el nivel de la discusión. Una constante había en lo que publicaba Nateras sobre el PCM: las resoluciones del partido no se presentaban como acuerdos de mayoría sino como producto de la perversidad de los dirigentes.

Tras cada portada realista socialista de Dí estaba toda la carga de rencor de dirigentes desplazados, de militantes profesionales que se sentían menospreciados y de la grillería universitaria que encabezó el intento golpista de los renos, el cuál tuvo éxito en algunos lugares, principalmente en el comité del DF, donde esa minoría se apoderó, mediante procedimientos antiestatutarios, de la dirección local.

La actitud de muchos militantes fue entonces, explicablemente, de abierta repulsa hacia Dí, su director y su equipo. Por otra parte, lo que Nateras había hecho con fines de legitimación se convirtió en objeto de desconfianza: en el directorio de Dí figuraban integrantes de varios partidos, entre los cuales se cuentan, además del propio PCM, el PST, el PSD y el PRI.

La condición pluripartidista del consejo editorial, lejos de ser garantía de veracidad, se convirtió en prueba irrecusable de la filiación anticomunista de Dí, atareada en señalar cuanto defecto real o supuesto tuviera el PCM sin dedicarle siquiera una linea a las desviaciones, errores y deficiencias de otros agrupamientos políticos, como el PST, el PSD o el PRI. El esfuerzo de Nateras por convertir a su revista en foro para la discusión política y la información sobre las actividades de los partidos se vio afectado por el visceralismo con que se enfocaba al PCM.

En el aspecto financiero, la que nació como una empresa boyante bien pronto vio menguada su liquidez, aunque los empréstitos le han permitido mantenerse y hasta crecer. Los anuncios no llegaron en la cantidad que se esperaba y no bastó el apoyo de la Universidad de Sinaloa, que a veces llenaba hasta tres páginas con publicidad, lo cual era explicable porque Nateras representaba a esa casa de estudios. Curiosamente, la generosidad de la UAS para con la revista que dirigía su representante se le negó a otras publicaciones de izquierda.

Para un observador poco enterado, el caso de Nateras parecía ser de los asuntos centrales a tratar en el XIX Congreso del PCM. Todo apuntaba en ese sentido. El mismo Arturo, en una carta, que publica en su libro, lo decía abiertamente: «Me estoy preparando ventajosamente para el XIX Congreso». Sus artículos en Excélsior y la orientación de su revista parecían probarlo, pues al no compartir las responsabilidades de la dirección partidaria quedaba en libertad para exponer sus críticas.

Sin embargo, en el XIX Congreso del PCM, Nateras apenas sí mereció una o dos referencias, ambas señalándolo como derechista y hasta gobiernista. Nadie, ni aquellos a quienes cedió espacio en su revista, abrieron la boca para defenderlo. Nateras dejó de ser el ex dirigente discrepante para convertirse, simplemente, en el director de una revista que, en su fobia hacia el PCM, competía ventajosamente con Razones.

A fines de octubre último Dí cumplió un año de aparición ininterrumpida. Nateras hizo el balance: se creó la Sociedad Cooperativa de Comunicación Social Debate Ideológico, que es editora de Dí; antes, como sociedad anónima, «obtuvimos -dice AMN- un crédito de más de millón y medio de dólares para la adquisición de una línea completa de producción editorial», destinada a una planta industrial que se inaugurará el primero de marzo, la cual será propiedad de Dí y Por esto!, grupos editores que han decidido asociarse, «manteniendo cada revista su propia fisonomía».

Nateras, aunque denunció los actos represivos de que ha sido victima el equipo de Dí, reconoció que «el gobierno federal nos ha respetado y alentado», lo que demuestra que «también en la comunicación es posible el pluralismo» y, por lo tanto, resulta factible que el grupo de Dí se proponga «editar un diario» siempre que se cuente con «el apoyo de lectores y anunciantes y la comprensión del gobierno».

La persistente voluntad de Nateras permite augurar la permanencia de Dí. Los cambios habidos en el equipo editor y las experiencias adquiridas han mejorado sensiblemente la revista, si bien no acaba de encontrar una linea editorial lo suficientemente definida. La idea de publicar un diario no es tan descabellada, si se piensa en la facilidad con que proliferan los periódicos en el DF. Más difícil será hacer un buen diario, pues ciertamente no abundan los profesionales calificados, aunque, como dijo alguna vez José Pagés Llergo, en México se hace chocolate sin cacao y periódicos sin periodistas. Pero Dí pese a todo lo que tenga de criticable, merece una suerte distinta, pues el campo democrático está urgido de más y mejores medios de expresión. Si Nateras y el equipo de Dí logran ya no el diario, sino una publicación semanaria más cerca del interés de los trabajadores, toda la izquierda saldrá ganando.

DESPEDIDA

El 11 de noviembre, apenas terminada la asamblea donde nació el Partido Socialista Unificado de México, Martínez Nateras escribió el responso de su disidencia y anunció que pasaba a ser «un mexicano más sin partido». (Valga anotar una coincidencia: en el mismo número de Excélsior donde AMN hacía pública su decisión, otro colaborador de ese diario volvía a sus páginas editoriales, mismas que había abandonado desde el 8 de julio de 1976 para seguir a Julio Scherer a Proceso. Se trataba de Marcos Moshinsky, a quien Víctor Rico Galán llamó «el teórico de las tinieblas» por su inequívoca filiación ultraderechista).

Pero en fin. Nateras exponía en la edición citada de ese diario los motivos de su negativa a ingresar al PSUM: «En la convención de los fusionados hubo de todo: acarreos maniobras, trafique de delegados, fintas, gambitos y la síntesis de todo la hace el diputado Arnoldo Martínez Verdugo, quien en impresionante demostración de minusvalía al final se alzó como el candidato del nuevo partido político. Todo lo que él hizo para llegar a esta postulación me ha llevado a la decisión de no solicitar mi ingreso al nuevo partido».

Aparte de llamar al PSUM hermano siamés «y enano» del PRI, Nateras vació entonces toda su bilis contra Arnoldo Martínez Verdugo, a quien llama burócrata, «incapaz de reconocer siquiera el drama del pueblo», frío espectador, maniobrero «del mejor corte fidelvelazqueano», ajeno a las luchas obreras y populares, «individuo ambicioso que al salir de la campaña electoral volverá a las andadas para apoderarse del mando del nuevo partido…»

En fin, que Nateras sólo olvidó calificar a Martínez Verdugo de político, pues esa y no otra cualidad es la que antes y ahora, sorprende y deslumbra al acusador, a quien se augura un buen papel en la próxima legislatura como diputado por el Partido Social Demócrata. De ser cierto, habrá de ser harina de un costal distinto. Por lo pronto, una disidencia comunista ha terminado.