Desde que Donald Trump anunció su candidatura a la presidencia la forma como se refirió a México y a sus habitantes fue insultante. Una vez que ganó la elección en noviembre de 2016 el insulto pasó a un segundo plano. La realidad de Trump, el personaje, como nuevo presidente del país con el cual compartimos tres mil kilómetros de frontera, un acuerdo comercial y en el cual residen el mayor número de mexicanos fuera de nuestras fronteras, se hizo patente y evidente. De inmediato el peso se devaluó. Una relación que siempre ha sido compleja, se torno así, en uno de los grandes retos del gobierno mexicano.

Esto que podría parecer un dolor de cabeza quizás no exclusivo, pero sí sobre todo para México, es en realidad un dolor de cabeza para gran parte del mundo. Socios, aliados, amigos y enemigos tradicionales de Estados Unidos padecen a Donald Trump. Un hombre que figuraba no tener posibilidad alguna de llegar a presidir a la gran potencia mundial pero que asombrosamente venció al aparato del Partido Republicano, primero, y a la gran maquinaria Clinton, después, para convertirse en el presidente número 45.

Bob Woodward, el legendario periodista del Washington Post ha escrito acerca de la Casa Blanca y la presidencia de todos los jefes del Ejecutivo desde Richard Nixon. Fue Woodward, junto con Carl Bernstein, quienes realizaron las investigaciones sobre el caso Watergate que finalmente llevaron a Nixon a renunciar. Ahora, Woodward ha sacado su libro número diecinueve sobre la presidencia de Donald Trump.

Miedo es el título del libro y lo que resume el sentimiento que genera Trump dentro de la Casa Blanca y el que busca generar fuera como estrategia para obtener sus objetivos. ¿Cuáles son sus objetivos? Ésa es la gran pregunta que muy probablemente ni el propio Trump sepa contestar.

Donald Trump ha sido, de acuerdo con lo que reporta Woodward, un improvisado en el mundo de la política, que llegó a la presidencia sin un plan trazado más allá de aparecer como el ganador que siempre le gusta demostrar que es. Esto aun cuando fue el propio Trump el primero en dudar sobre su posibilidad de triunfar en la elección presidencial de 2016. Quien lo empujó a continuar su candidatura tres semanas antes de las elecciones cuando se generó tremendo caos en la campaña del magnate neoyorquino al hacerse pública una grabación en donde decía que él podía manosear a cuanta mujer quisiera por su estatus de celebridad, fue Steve Bannon.

El oscuro directivo de Breitbart News vio en Donald Trump la posibilidad de empujar sus teorías ultraconservadoras y radicales sobre migración y el papel de Estados Unidos en el mundo. Fue Bannon quien le dio el impulso de confianza a Trump cuando su yerno, Jared Kushner, se negaba a pedirle dinero para poder cerrar las últimas semanas de la campaña y cuando incluso el aparato de inteligencia ruso daba por sentado que Hillary Clinton ganaría la elección.

Woodward cuenta en Miedo las crisis dentro de la campaña, transición y gobierno de Donald Trump. A través de entrevistas y documentos de primera mano, uno como lector, pero en mi caso, como periodista, no puede más que preguntarse ¿cómo le contaron tantas cosas, tantas personas tan cercanas a Trump a Woodward? ¿Cómo logra obtener citas de personajes como Gary Cohn, el ex ejecutivo de Goldman Sachs y ex consejero económico de Trump, en las que le cuenta a Woodward que su desesperación con la falta de entendimiento de Trump sobre comercio en sus más básicos conceptos lo llevó a “robarle” papeles del escritorio presidencial para evitar que firmara el fin del TLCAN o del Tratado de Libre Comercio con Corea del Sur?

Y es que aun cuando miedo es una buena palabra para describir lo que genera Trump, el mejor adjetivo para definir su gobierno es caos. Caos porque nunca ha tenido claro hacia dónde marcha su presidencia. Caos porque Trump es un hombre errático, ignorante, sin curiosidad de aprender ni conocer y, peor aún, con ciertas ideas fijas que ponen a Estados Unidos y al mundo en posiciones francamente peligrosas.

Ejemplos sobre ello abundan en el libro de Woodward. Dos temas son recurrentes: comercio y presencia de Estados Unidos en el mundo. En el plano comercial Trump está seguro de que tener un déficit comercial significa que Estados Unidos está siendo timado. No importa cuántas explicaciones gráficas y verbales le den sus mejores asesores en la materia, Trump es inamovible en el tema.

Gary Cohn intentó explicarle la importancia del comercio agrícola con México; de las televisiones que importan de Corea del Sur con lo que los estadunidenses pueden comprar algo sumamente sofisticado por 200 dólares; y la necesidad de importar antibióticos de China, quien es su único proveedor. Para todo análisis Trump simplemente responde: “no me interesa. Quiero acabar con el TLCAN; quiero acabar con el Tratado de Libre Comercio con Corea del Sur; quiero imponer tarifas y aranceles a los chinos”.

Esta actitud desencadena caos dentro de la estructura de gobierno, porque Donald Trump se encarga de confrontar a los distintos personajes dentro de la Casa Blanca, y también genera caos en otros ámbitos ya que, por ejemplo, acabar con el acuerdo comercial con Corea del Sur pasa por temas de seguridad nacional. Estados Unidos tiene un complejo sistema de detección de misiles colocado en Corea del Sur. Éste permite detectar un misil lanzado desde Corea del Norte en tan sólo siete segundos. Si dicho sistema es colocado en Alaska la detección ocurre en 15 minutos y los misiles norcoreanos tiene ya la capacidad de llegar a Los Ángeles en 38 minutos.

El sistema es complejo y costoso para Estados Unidos. Además de que implica la presencia de 28,500 soldados estadunidenses en suelo sudcoreano. Trump siente que el costo lo debe pagar Seúl y que las recomendaciones de los militares de Estados Unidos, incluyendo al secretario de la Defensa, James Mattis, y las agencias de inteligencia (FBI, CIA) no entienden de números ni de negocios. Para ellos, piensa Trump, lo fácil es pedir tropas y pagarle a gobiernos extranjeros por garantizarles seguridad a otros países, con quienes además existe un déficit comercial.

¡No, no y no! Es la exclamación frecuente, furiosa y recurrente de Trump cuando se habla de la importancia del sistema global de instituciones y comercio para la seguridad y éxito económico de Estados Unidos.

Esa misma reacción de furia se le ve, de acuerdo con la descripción de Woodward, de forma constante a Trump en sus interminables horas frente al televisor en donde utiliza Twitter como válvula de escape. Reince Priebus, quien arrancó como jefe de Gabinete de Trump, tiene un nombre para el tiempo que pasa Trump en su recámara viendo horas y horas de noticias: es el taller del demonio.

Todos en el ala oeste de la Casa Blanca padecen el uso que Trump le da a Twitter. Es ahí en donde hace público su carácter impulsivo y paranoico que varios miembros y ex miembros de su equipo en la Casa Blanca se ven obligados a soportar.

Es a través de Twitter en donde Trump siente que puede ventilar sus frustraciones, agredir a sus oponentes y premiar a sus leales. Es ahí también en donde puede dejar plasmadas varias de las imprecisiones, o más bien mentiras, que ya lo definen.

Desde que lo vimos bajando la escalera eléctrica en junio de 2015 rumbo al anuncio de su candidatura presidencial llamó la atención su tono anaranjado. Ese tono de bronceado falso es quizás un perfecto símil de lo falso que es Trump. Ni su bronceado es auténtico.

Mentir sobre el bronceado es una cosa. Mentir sobre su resultado de golf, sobre el tamaño de sus manos, sobre la relación que lleva con su esposa Melania, sobre lo poco que ve la televisión, todo eso es una cosa. Pero Trump no miente solamente sobre estos temas personales e incluso banales. Trump miente compulsivamente, insistente e instintivamente sobre cualquier tema y lo hace sin el más mínimo pudor. Con total descaro.

Y es esa compulsión por mentir uno de los grandes temas que abarca Woodward en su libro. Es incluso el tema con el que concluye, citando al abogado personal de Trump, John Dowd, quien fue contratado por el presidente como asesor para la investigación especial de Robert Muller sobre la posible colusión e intervención rusa en la campaña presidencial.

Dowd es quien Woodward describe como la persona que ha estado tratando de convencer a Donald Trump de no testificar en la investigación especial de Robert Muller. En el libro Woodward relata una sesión de prueba en la que Dowd actúa como Muller y lo cuestiona sobre la salida de su asesor de Seguridad Nacional, Mychael Flynn, el despido fulminante del director del FBI, James Comey, y la reunión de su hijo Donald Trump Jr. con un grupo de rusos en la Torre Trump durante la campaña.

Al ver la actitud y las respuestas de Trump, Dowd le hace una recomendación en voz alta a Trump: si testificas ante Muller vas a terminar en un uniforme naranja, o sea en prisión. A su vez, Dowd se queda con una observación que no se atrevió a decir en voz alta a Trump: “eres un pinche mentiroso”.

Ese caótico, mentiroso, es quien ocupa la silla presidencial más poderosa. Y Woodward lo desnuda con citas textuales de quienes circulan entre los pasillos de la Casa Blanca a tan sólo semanas de las elecciones intermedias en las que el mandato de Trump estará en escrutinio.

 

Ana Paula Ordorica
Periodista.