Desde niña he sido admiradora del trabajo de Ernesto García Cabral. La casa de mis abuelos albergaba, entre muchos otros tesoros para los ojos infantiles, una variada colección de revistas y periódicos de distintas épocas entre las que se encontraban algunos números de Revista de Revistas con las contribuciones del Chango. Las siluetas elegantes y bañadas de color de sus hombres y mujeres caricaturizados por un ojo entrenado en la observación del más mínimo detalle para luego extrapolarlo en unas cuantas pinceladas, en unos pocos trazos, me cautivaba y me intrigaba en aquel entonces. Me cautiva e intriga hasta la fecha.

Quisiera pedirles por un momento que conserven en la mente la palabra “trascendencia”. La caricatura y la ilustración en ocasiones son bastante efímeras a causa de su coyuntura contextual y del soporte en el que se suelen publicar. Sin embargo, el trabajo del Chango logró trascender su época y su momento histórico para eternizarse en trazos y formas que marcaron profundamente la concepción visual que tenemos de lo mexicano.

Ernesto García Cabral publicó su trabajó en los periódicos y revistas más importantes de la vida nacional. Con fino humor y una fuerte y necesaria dosis de realismo, realizó una crónica visual de su tiempo intensamente marcada por la crítica política y social. Novedades, Jueves de Excélsior y Fufurufu, además de las revistas Fantoche, Hoy, Ferronales, Ícaro, Sócrates y por supuesto la célebre Revista de Revistas se beneficiaron de sus contribuciones y lucieron en sus páginas los maravillosos y certeros trazos de nuestro homenajeado.

Sin título, Revista de Revistas. El Semanario Nacional, núm. 844, 1926.
Ernesto García Cabral (dibujo), Alfonso Garduño (color). Cortesía: Taller Ernesto García Cabral

Se conoce de sobra que igual gustaba del tango que de la lucha grecorromana, que su espíritu inquieto e innovador lo llevó a ser pionero en muchas cosas, como en sus trabajos en el cine mudo y en la televisión, que fue cercano a tiples famosas y cultivó la amistad de grandes personajes de su tiempo como Siqueiros, Montenegro, Tablada, Novo, María Félix, Tin Tan, Walt Disney o Caruso. Todos ustedes saben que se trataba de un personaje de contrastes. No formó parte del movimiento muralista, pero sí pintó un mural. Jamás formó parte del Taller de Gráfica Popular ni se le puede considerar miembro de la Escuela Mexicana de Pintura y, no obstante, es quizá el más emblemático de los dibujantes de su tiempo, un verdadero maestro para incontables discípulos sin aula que tomaron inspiración de sus trazos y formas.

La obra de Ernesto García Cabral ha recibido muchos homenajes y se ha expuesto en diversos lugares como el Museo del Estanquillo (como la estupenda exposición retrospectiva titulada “El universo estético de Ernesto García Cabral”), en la Galería Torre del Reloj, donde se exhibieron serigrafías y piezas de retratos de mujeres en la exposición titulada “Ellas, Cabral y las bellas”, o pensemos en la exposición-homenaje organizada por el Museo de la Caricatura en la que caricaturistas famosos y noveles dibujan lo que representa para ellos la obra del Chango. A la lista se suma “Genios y figuras. Retratos caricaturales de Ernesto García Cabral”, montada en el Centro de Exposiciones de la Terminal 1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. El 8 de agosto caricaturistas veracruzanos le rindieron homenaje frente a su estatua en el parque de Los Berros. Y ese mismo día en la Biblioteca y Hemeroteca Nacionales. Se inauguró la exposición que recuerda medio siglo del fallecimiento de García Cabral, sitio que tiene como misión primordial custodiar y difundir el patrimonio documental mexicano y sin duda alguna las innumerables imágenes creadas por los trazos de García Cabral son ya parte de nuestro patrimonio cultural y de nuestro imaginario colectivo.

En muchas ocasiones, cuando un artista muere, su obra se va difuminando poco a poco. Celebro profundamente que no sea el caso del Chango y que el “Taller Ernesto El Chango García Cabral” a lo largo de estos años haya desempeñado una labor tan ardua en la clasificación, conservación y digitalización del vasto archivo del dibujante.

El trabajo de García Cabral puede calificarse de visionario en muchos sentidos. No me ocuparé en este momento de su trayectoria en la caricatura política, ni de los numerosos carteles de películas que realizó, pues lo que me interesa subrayar en esta intervención es la enorme deuda que el pensamiento de vanguardia tiene con el trabajo del Chango.

Desde niño García Cabral tuvo un marcado talento por el dibujo y pudo desarrollarlo en sus estudios en la Academia de San Carlos. Sus primeros trabajos como caricaturista y dibujante los realiza en 1909 como colaborador de revistas como La tarántula y Frivolidades. Al estallar la Revolución los trabajos de García Cabral se volvieron cada vez más antimaderistas y esta postura política se vio confirmada al colaborar para la revista Multicolor que también era antimaderista. En esta época sus pinceles, guiados por su ojo crítico, realizaron caricaturas de los revolucionarios más importantes como Madero, Villa, Zapata. Al llegar a la presidencia, sin muchas ganas de pasar su periodo retratado por los mordaces trazos del Chango, en 1912, Madero le otorga una beca para estudiar en París, donde el Chango se formó no sólo en las aulas sino como colaborador de diversas publicaciones. En 1915 García Cabral abandona París, llega a Madrid y luego a Buenos Aires, donde dibuja para diversos periódicos y revistas tan importantes como La Nación y Caras y Caretas. Regresa a México en 1918.

Los años que pasó el Chango en Europa fueron fundamentales pues coincidieron con el surgimiento de las vanguardias artísticas que, a pesar de sus diferencias estéticas y conceptuales, coincidían en el hecho de que había que llevar a cabo un arte nuevo para una nueva era y de que los lenguajes artísticos debían ser renovados. Los avances tecnológicos, la ciudad y el progreso fueron elementos privilegiados por muchos movimientos de vanguardia. El culto a “lo moderno”, a la rapidez, al vértigo, a la velocidad, permeó las paletas de los pintores y las libretas de los escritores. El futuro había llegado.

Imaginen por un momento que estamos a principios del siglo XX. Imaginen cómo era nuestro país, cuáles eran los sonidos que inundaban las calles, cómo se vestía la gente, cuáles eran los temas de conversación. Y en ese contexto imaginen la sorprendente irrupción del trabajo del Chango con sus imágenes llenas de color y fuertemente inspiradas en artistas europeos. Evidentemente, se trataba de un México profundamente marcado por la Revolución, que seguía siendo mayoritariamente rural y que luchaba por reconfigurarse a la luz de un contexto internacional marcado por la Primera Guerra Mundial. A nivel internacional, la guerra de las trincheras había dejado una tremenda devastación en Europa y nuestro vecino del norte también había tenido que pagar su cuota. Sin embargo, a pesar de los conflictos bélicos y sus consecuencias para la economía y la geografía o quizá no “a pesar” sino precisamente “gracias a” ello fue una época de intensa explosión artística.  

A comienzos de los años veinte México seguía siendo un país empobrecido y en muchos sentidos rezagado y, no obstante encontrarse atrapado en las paradojas de la reorganización posrevolucionaria, tenía interés en sumar su voz al concierto internacional. En 1921, justo inaugurando la década, Manuel Maples Arce da a conocer el célebre Manifiesto estridentista, inaugurando así la primera (y única) vanguardia mexicana, un movimiento estético, ideológico y político al cual estuvieron ligados muchos artistas plásticos de la época como Jean Charlot, Tina Modotti, Diego Rivera y Fermín Revueltas.

El nombre de Ernesto García Cabral no se asocia de manera inmediata con las vanguardias y, sin embargo, sus trazos y sus colores hicieron mucho por el desarrollo del pensamiento latinoamericano de vanguardia. Evidentemente, no me refiero a que sea posible rastrear en su obra una relación directa con las preocupaciones estéticas de movimientos de vanguardia específicos como podrían ser el futurismo o el dadaísmo, que estaban surgiendo precisamente en los años en que el Chango estuvo en Europa, pero quizá su logro fue aún más importante pues lo que diseminó en México y en Latinoamérica fue el espíritu de las vanguardias: la pasión por un arte nuevo para un nuevo siglo, un arte profundamente moderno.

 Gracias a su estancia en el extranjero, en particular en París, trajo a nuestro país y a América Latina una estética nueva: el art nouveau y el art decó. Especialmente fértil para la difusión de este tipo de trabajos fue su colaboración en la célebre Revista de Revistas que, desde su título, pretendía ser una publicación referencial.

Revista de Revistas aparece por primera vez en enero de 1910 con el propósito de convertirse en un semanario para todos los gustos e inclinaciones. En sus páginas se han efectuado cambios de diseño y de contenido a lo largo de más de 80 años.

El trabajo que realizó el Chango en Revista de Revistas permitió difundir una serie de imágenes vinculadas con la vida moderna, con un espíritu cosmopolita e internacional. Se trata de imágenes de hombres y mujeres vestidos al último grito de la moda del momento, personajes que parecen suspendidos en el aire, siluetas femeninas con telas vaporosas y ligeras que parecen saltar liberándose de las ataduras del pasado. Imaginen de nuevo cómo era nuestro país y el impacto que debieron tener estas imágenes hechizantes llenas de color y que preconizaban un futuro vinculado a lo moderno, a lo nuevo. Veamos por un momento algunas de las portadas que García Cabral realizó para Revista de Revistas. No sólo en las imágenes sino en la tipografía misma García Cabral introdujo una estética que era nueva para México.

Estas imágenes, inspiradas en los trabajos de artistas europeos, se fueron volviendo cada vez más familiares para los ojos mexicanos, gracias a la gran difusión que tenía Revista de Revistas y contribuyeron a generar un discurso visual relacionado con la modernidad y sus valores. Las audaces composiciones de García Cabral, su paleta de colores y la apuesta conceptual detrás de cada una de estas imágenes era una apuesta por la vanguardia.

La dama de otoño, Revista de Revistas. El Semanario Nacional, núm. 756, 1924
Ernesto García Cabral (dibujo), Alfonso Garduño (color). Cortesía: Taller Ernesto García Cabral

La historia de las publicaciones periódicas es una historia de textos y de imágenes. Muchos de los artistas plásticos de la primera mitad del siglo XX colaboraron en periódicos y revistas, por ejemplo, Diego Rivera, que ilustró las páginas tanto de estridentistas como de contemporáneos. Sin embargo, muchos de ellos se decantaron por la pintura mural, con toda su carga de adoctrinamiento ideológico y, sin lugar a dudas, contribuyeron a perfilar una identidad iconográfica de lo mexicano. García Cabral dedicó su vida a las publicaciones periódicas, que a diferencia de los murales y los lienzos son mucho más efímeras y, no obstante, sus obras han podido conservarse en un prolífico archivo. Las imágenes de Cabral llegaron a tantos o incluso a más ojos que los murales o los lienzos de muchos artistas, gracias a los diversos canales de distribución de las publicaciones periódicas, que llegaban incluso a países latinoamericanos y europeos. A pesar de los merecidos reconocimientos que ha recibido su obra, tal vez no se ha reconocido lo suficiente la trascendencia de su trabajo en la consolidación de la identidad iconográfica de lo mexicano. Quizá el Chango no se ocupó de los temas que los muralistas privilegiaron en su obra ni pretendió alfabetizar visualmente a obreros y campesinos, pero su legado de trazo y color fue la puerta a nuevas estéticas en nuestro país, favoreció que muchos lectores de prensa tuvieran un acercamiento a tendencias internacionales y nos permitió construir un repertorio de imágenes indisociables de la historia del siglo XX. 

García Cabral contó con el reconocimiento de pintores contemporáneos como Diego Rivera y José Clemente Orozco, que lo consideraban el mejor dibujante del país, ni más ni menos. Al lado de Julio Ruelas, Roberto Montenegro y Gabriel Fernández Ledesma fue uno de los exponentes más importantes del modernismo y, como ya dijimos, fue el pionero del art nouveau y del art decó en México. Los pintores que vinieron después abrevaron necesariamente de sus colores, de sus formas. La vanguardia artística es heredera del trabajo del Chango en muchos sentidos, desde su espíritu innovador hasta su ojo crítico y mordaz, el siglo XX mexicano habría tenido una historia distinta sin la presencia constante del Chango y sus imágenes. ¡Larga vida al legado de Ernesto García Cabral!

 

María Andrea Giovine