Al veterano y experimentado periodista Manuel Horta, quien por el largo periodo de 1929 a 1982 dirigió Jueves de Excélsior, debemos una de las semblanzas más entrañables y divertidas de su amigo Ernesto García Cabral, con quien creó Fantoche. Semanario Loco, en 1929, y fundó un bohemio grupo con José Juan Tablada, José de Jesús Núñez, Domínguez y Jesús B. González, entre otros.1 En ese retrato escrito de quien ilustraba magistralmente sus portadas de Jueves de Excélsior y Revista de Revistas, Horta tuvo el acierto de incorporar algunos de los versos de insignes poetas que pintaban a García Cabral con admirable exactitud. No podemos dejar de evocarlos en esta galería literaria y periodística dedicada al más grande Chango del siglo XX, en estas líneas de homenaje que apenas son sólo algunas estampas que dibujan su personalidad en sus círculos más cercanos y sus espacios de sociabilidad. Comencemos pues con la venganza que cobró el escritor, periodista y epigramista José Elizondo, cuando Cabral le dedicó una caricatura:

En una caricatura artera
Cabral me aludió hace poco
y fui a verle a su gatera
¡Ay Caray! nunca lo hiciera…
Está feo de tal manera
con su aspecto tan barroco
y su hirsuta cabellera,
que el hijo de la portera
lo ve y grita: “¡Mamá el coco!”.2

El domingo 29 de mayo de 1932 la joven Adelaida Valderraim amaneció por fin al lado de su flamante marido Andrés Audiffred, a quien ahora le debía la nueva composición de su apellido: Adelaida Valderraim de Audiffred, pues la noche anterior el célebre caricaturista había contraído nupcias con ella. La joven vería aquel domingo en las páginas de sociales de varios periódicos su rostro oval de torneadas mejillas acariciadas por su ondulado y brillante cabello, con sus ilusionados ojos grandes, dulces y expresivos. Acaso Adelaida mostraría a su marido, quien ya era entonces una celebridad —un Audiffred no tan jovencito, de unos treinta y siete años, de cara afilada, fino bigote, prominentes entradas en la frente amplia y agudísima mirada bajo sus cejas cargadas— las crónicas que reseñaban la boda civil en la casa de la novia, en la calle de Lampazos número 19. Quizá recordarían juntos los detalles de la celebración en donde estuvieron los amigos de su esposo: los dibujantes Salvador Pruneda, Francisco Gómez Linares, el periodista Carlos Noriega Hope y, por supuesto, el entrañable y genial artista, Ernesto García Cabral.3

Al iniciar la tercera década del siglo XX algunos dibujantes consagrados eran verdaderas personalidades de la vida pública mexicana y dueños de un prestigio que los hacía parte de los círculos sociales más selectos, participaban de reuniones, eventos y celebraciones que, por supuesto, eran tema de las crónicas de sociales y, García Cabral, parecía ser uno de esos convidados favoritos que no faltaba a las invitaciones en donde seguramente hacía bocetos mentales de las bellas jóvenes de la aristocracia mexicana que iban a transformarse en portadas de Revista de Revistas o de Jueves de Excélsior.

Ernesto García Cabral, Rafael Freyre y Agustín Lara, a finales de los 50.
Autor sin identificar. Cortesía: Taller Ernesto García Cabral

Para acercarse a la atmósfera de la intensa vida social de García Cabral, nuevamente Horta nos lleva de la mano al recordar que otra de sus víctimas fue el poeta José Juan Tablada, quien le dedicó un acróstico hecho sobre una servilleta y que puso en manos del Chango:

De coñac siempre indigesto
Ernesto.
De noche como de día
García.
Verdugo del natural
Cabral.
Compadrito de arrabal
Negrito y empomadado
Que te den si no te han dado
Ernesto García Cabral.4

Una mañana de 9 de julio de 1934, mientras desayunaba, la señorita Cecilia Montiel abrió su Excélsior en la sección “De lunes a lunes”. Se sorprendió al verse en las fotografías con sus amigas Alicia Gómez Arias y Lupita Sánchez Alducin. Para ese día, una de sus amigas, Martha Vázquez, la ha invitado al banquete en honor de una amiga suya, Delia Cubillas, quien terminará su año de reinado en el Country Club de Churubusco. Por la noche, el banquete en el prestigioso club que, según la crónica, había sido decorado con “esplendidez y buen gusto”, se encendió con la presencia de prestigiados periodistas —entre ellos Manuel Horta, director de Jueves de Excélsior—, que se mostraban ingeniosos, bromistas y lúcidos improvisadores de epigramas.5 También se encuentra el espléndido dibujante del diario Excélsior, Ernesto García Cabral, espigado, con su abundante cabello abultado y su agudo mentón, de buen humor, tal vez con los brazos cruzados, la mirada atenta y penetrante con la que seguramente esboza en su mente las conductas, las miradas, los vestidos, los sombreros, las líneas de los rostros y de los cuerpos de esas elegantes y estiradas señoritas que, convertidas en paradigma femenino, serán inmortalizadas por los trazos sensuales del Chango.

Si bien García Cabral era partícipe y en ocasiones protagonista de las celebraciones que daban el tono moderno a la vida social de las elites mexicanas de la belle époque de la posrevolución, también tomó parte en la construcción de los espacios de diversión y sociabilidad donde se materializaba dicha modernidad, como lo mostraba la nota periodística sobre la inauguración del restaurant y salón de baile Grillon, que sería inaugurado la noche del jueves 30 de enero de 1936 y que estaba equipado con “muebles especialmente construidos por El Palacio de Hierro”, “suntuosas cortinas” encargadas a la compañía SyR, el parquet de la pista de baile, instalado por la casa Ralph, tenía tersura de espejo y el salón, que era obra del arquitecto Gustavo Struk, contaba con clima artificial y aire acondicionado como ningún otro edificio en México. Además, habría una impresionante plataforma giratoria para las orquestas; los espejos de oro y los vitrales fueron diseñados por Andrés Audiffred, mientras que su amigo, Ernesto García Cabral, había puesto, según se leía en la nota, su “mano mágica” en el diseño y decoración de la fuente luminosa del vestíbulo. Aquella noche la estación de radio XEB transmitiría los detalles de la “suntuosa noche de gala” del “restaurant-dansant”.6

A propósito de fiestas y bohemias en las que García Cabral era invitado permanente, tampoco lo perdonaron los versos del excepcional poeta Luis G. Urbina quien, como dice Horta, “a boca de jarro le lanzó este dardo”:

Este caso de Cabral
es un caso excepcional,
unas veces es botón
y otras veces es ojal.
O lo que resulta igual;
unas veces es jaibol
y otras veces es Cabral.7

Los artistas plásticos no sólo eran invitados a estos convites, también se hacían fiestas en su honor, como la que se anunció en los diarios para el viernes 25 de mayo de 1934 dedicada a Ernesto García Cabral y al pintor Roberto Montenegro, coctail-party organizado por Ángel Falcó, encargado de negocios de Uruguay, y por Fernando de la Llave, que tendría lugar en la calle de Campeche 233, precisamente en la sede diplomática uruguaya en México, suceso para el cual, como se acostumbraba a decir en la prensa de entonces, las invitaciones habían estado circulando “profusamente”.8

Un domingo 17 de abril de 1932, después de ir con su familia de paseo, un hombre que al fin se sienta en su mullido sillón para leer el periódico se topa con un peculiar anuncio de cigarros Monte Carlo. No es un artista de cine ni de teatro, ni un cantante afamado el hombre cuyo retrato dibujado aparece junto a la cajetilla con letras góticas de la que sobresalen los cigarrillos. No. Es nada menos que Ernesto García Cabral, sonriente, con su ondulada melena, viste de saco, chaleco y corbata y parece tomar un respiro en su mesa de trabajo para fumarse un Monte Carlo que sostiene entre sus dedos índice y cordial. El texto del anuncio reza: “El genial caricaturista dice mucho en pocas palabras” y debajo de esa frase, con su puño y letra el dibujante escribe: “¡Montecarlo 20! ¡Qué maravilla!”; enseguida aparece su firma, con la que avala que se trata de cigarros de “personalidad” y que son suaves aun “para la garganta más delicada”.9

No fue esta la única ocasión en que el Chango sería la imagen de un producto, pues la celebridad internacional de la que gozaba García Cabral serviría para prestigiar a la cerveza Monterrey Lager. Un sábado 26 de marzo de 1938 en un anuncio de esa bebida apareció una fotografía del dibujante acompañada de la frase: “Monterrey es mi cerveza”. Y en el  texto publicitario se leía:

La fama del caricaturista huatusqueño es indiscutible y sólida. Sus graciosos trabajos se reproducen con orgullo en las mejores revistas de Europa, Estados Unidos, Centro y Sudamérica. Jovial, optimista, extraordinario burlador del tiempo, lo mismo triunfó en el medio bohemio parisién, que en la media noche “milonguera” de Buenos Aires, o en la dinámica y cosmopolita de la vorágine de la Babilonia de Hierro [Nueva York]. En México, su popularidad y simpatía no tienen barreras porque este “verdugo del natural” es dueño de imanes extraños para atraerse las más sinceras amistades.10

García Cabral, buen hombre de mundo, también era un gran viajero y no dejó de cultivar sus vínculos con sectores intelectuales, políticos, literarios, artísticos o empresariales. No era raro, por ejemplo, verlo como invitado a alguna conmemoración cívica como la que tuvo lugar en las fiestas patrias de septiembre de 1940, en una caravana que recorrería los lugares históricos de la ruta independentista del cura Hidalgo. El Chango estaba en la lista de los funcionarios e intelectuales de invitados a esta celebración, entre quienes figuraban también el editor Enrique Díez Canedo, el filósofo Luis Recaséns; el rector de la Universidad Nacional, Gustavo Baz; el poeta José de Jesús Núñez y Domínguez; el escritor Francisco Rojas González; el pintor Roberto Montenegro y Manuel Horta, director de Jueves de Excélsior.11

A propósito de este semanario cuyas portadas ilustraba deliciosamente García Cabral, la noche del 25 de junio de 1943 Jueves de Excélsior celebraría su vigésimo primer aniversario con un lujoso banquete en el centro social El Patio, que contó con un ramillete hermosas estrellas cinematográficas como Hilda Kruger, Amparo Morillo, María Luisa Zea, María Antonieta Pons, entre otras, así como notables periodistas como Rafael Heliodoro Valle, Miguel Ordorica y Carlos Denegri, así como los dibujantes Rafael Freyre, Ángel Zamarripa y el infaltable Ernesto García Cabral.12

Un cálido sábado 24 de febrero de 1951, hacia las dos de la tarde, la crema y nata de la comunidad veracruzana radicada en la Ciudad de México, particularmente artistas y escritores, comenzó a llegar al restaurant Torino en la colonia Del Valle. Se trataba de una comida en honor al gobernador de Veracruz, Marco Antonio Muñoz. A mitad del agasajo, el anfitrión, Ernesto García Cabral, tomó la palabra para reconocer la labor cultural que el mandatario estatal había hecho en la entidad. “Si es cierto que el amor a la patria chica —dijo el dibujante— es la base del amor a la patria, los veracruzanos de esta ciudad son verdaderos patriotas mexicanos”. Mientras el banquete era amenizado por la cantante Rosalba Johnson y un trío de música veracruzana típica, seguramente platicaban otros veracruzanos distinguidos que se dieron cita, como Rafael Solana, José Mancisidor y Neftalí Beltrán.13

“Salvador Novo en La Capilla”, Ernesto García Cabral, Novedades, hacia 1960.
Cortesía: Taller Ernesto García Cabral

En el verano de 1951, la noche del 25 de junio, García Cabral se acomodaba, con la copa de vino en mano, en un sofá estilo provenzal, un poco apretado, al lado de los artistas Raúl Anguiano y María Izquierdo, así como la escritora Martha Elba, Chelo Montalbán y otras invitadas a la elegante residencia de la señorita María Álvarez Icaza, como lo mostraba la fotografía que ilustra la nota que informaba el “cocktail” ofrecido en honor a la destacada pintora Izquierdo.14

En los primeros días de abril de 1954 comenzó a circular entre periodistas, escritores, actores y artistas una divertida invitación que convidaba a celebrar y homenajear a Ernesto García Cabral en estos jocosos términos:

Pachanga pa’l Chango. Un grupo de seres racionales conscientes de que al chango hay que darle la razón, aunque no la tenga, ha organizado un “Monkey Shower”, al cual queda Ud. invitado de la manera más mona, para celebrar la reencarnación del simio pintamonas huatusqueño, Gorila Cabral, quien tras haberse encontrado en la obvia situación de dar el changazo ha vuelto a su segunda infancia, motivo y pretexto para este desorden. Para no andarnos por las ramas —actividad que dejamos para el homenajeado— la cita es a las 9 pasado (de copas) meridiano, en la isla de los monos del “Grillon”, donde todos podrán beber y mover el bigote, aunque sólo el último chango es el que se ahoga entre las palmeras borrachas de sol y otros tanguarnices

A propósito de estas concepciones simiescas de la vida social de García Cabral, Salvador Novo le dedicó estos versos:

¿Cómo hablarás, Ernesto, de humorismo:
cómo de bromas leves o pesadas;
cómo de risas ni de carcajadas
sin hablar, como es justo, de ti mismo?

Prueba viviente tú del darwinismo,
Tú demuestras que el hombre en sus pasadas
épocas mono fue, y a las andadas
suele volver —simiesco mimetismo15

La vida social de Ernesto García Cabral es un muy largo capítulo de su biografía aún por escribirse. Su poderosa vocación para cultivar amistades y hacerse querer por varias generaciones de escritores, intelectuales y artistas era inmensa, tanto como sus redes de sociabilidad, igualmente inagotables. Una buena parte de esta historia está en las páginas de la prensa y en la Hemeroteca Nacional en espera de rescate. Mientras tanto, un bello retrato de la vida familiar de García Cabral.

El 23 de mayo de 1948, en las páginas de sociales de El Dictamen de Veracruz16 se publicó una serie de bellas fotografías de niños que hicieron su primera comunión con vela y rosario en mano y engullendo la ostia. Entre esas fotos aparece la imagen de dos pequeños impecablemente peinados, con camisas blancas de cuello largo; en sus ojos brilla la inocencia y la inteligencia. El niño mayor, que apenas esboza una sonrisa, abraza por el hombro a su hermanito, quien luce un copete abullonado por los rizos y con la boquita apretada. En un breve texto se lee: “A la derecha, los niños Vicente y Ernesto Cabral, hijos del famoso caricaturista Ernesto García Cabral y de la señora Lalis Sans de García” (Eulalia Sans). A propósito de la paternidad y la vida familiar del artista, Horta nos regala los versos del escritor Carlos León, inspirados también por el ánimo de venganza contra el lápiz inclemente del Chango:

Como sucede que a veces
su mujer se siente mal,
el hogareño Cabral
cuida de su hijo de 3 meses.
Y de nana hizo las veces
como ingeniárselas pudo
al biberón con embudo
le puso Avena, Nestlé,
y otra cosa que no sé.
El niño amaneció crudo
y nadie sabe por qué…17

 

Edwin Alcántara
IIB-UNAM.


1 “Falleció el ameritado periodista y revolucionario Jesús B. González”, El Nacional, 13 de mayo de 1955, p. 6.

2 Citado por Manuel Horta, Siluetas en la neblina, México, Jus, 1977, p. 61.

3 “Señorita Adelaida Valderraim de Audiffred”, El Nacional, 29 de mayo de 1932, 2ª sec., p. 4.

4 Horta, op. cit, p. 62.

5 “De lunes a lunes”, Excélsior, 9 de julio de 1934, 3ª sec., p. 3.

6 “Esta noche abre sus puertas el ‘Grillon’”, El Nacional, 30 de enero de 1936, 1ª sec., p. 2.

7 Horta, op. cit, p. 62.

8 “Fiestas”, El Nacional, 24 de mayo de 1934, 1ª sec., p. 5.

9 El Nacional, 17 de abril de 1932, 1ª sec., p. 8.

10 El Nacional, 26 de marzo de 1938, 1ª sec., p. 6.

11 “Todo está preparado para la ceremonia”, El Nacional, 13 de septiembre de 1940, 1ª sec., p. 8.

12 “Nuestro banquete de aniversario en El Patio”, Jueves de Excélsior, 1 de julio de 1943, p. 10.

13 “Intelectuales y artistas comieron con el gobernador Marco A. Muñoz”, El Nacional, 25 de febrero de 1951, 1ª sec., p. 6.

14 “Coctkail en honor de María Izquierdo”,  El Nacional, 25 de junio de 1951, 1ª sec., p. 7.

15 Citado por Carlos Alcocer y Tarsicio García Oliva, “El Chango García Cabral: la vida en un volado”, en Carlos Monsiváis et al., La vida en un volado. Ernesto El Chango García Cabral, México, Conaculta, 2005, p. 35.

16 El Dictamen, 23 de mayo de 1948, p. 20.

17 Horta, op. cit., p. 63.