Al menos desde que era candidato a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump ha repetido en varias ocasiones que el TLCAN es “el peor tratado comercial jamás hecho por país alguno en el mundo”.1 Hay numerosos tuits que dan testimonio histórico de su perspectiva abarrotera del comercio exterior. Por ejemplo, el 26 de enero de 2017 escribió: “Los Estados Unidos tienen un déficit comercial de 60 mil millones de dólares con México. Ha sido un acuerdo de un solo lado desde el principio del TLCAN con números masivos…”.2 En otro tuit afirmaba que “México se ha aprovechado de los Estados Unidos por demasiado tiempo. Déficits comerciales masivos y poca ayuda sobre la muy débil frontera debe cambiar, ¡AHORA!”.3 La visión de que un déficit en el comercio exterior es análogo a pérdidas y un superávit es análogo a ganancias no sólo es equivocada, sino que también es anacrónica. El mercantilismo es una corriente de pensamiento económico vigente en algunas naciones europeas entre los siglos XVI al XVIII, coincidentemente en el tiempo con el absolutismo monárquico, que aceptaba como medida de éxito económico el superávit comercial. Quienes hoy día saben de economía no la entienden así. Sin embargo, de poco ha servido argumentar que los déficits comerciales no son necesariamente una cosa mala y que el hecho de que uno incurra en déficit con la tienda de la esquina cada que hace falta comprar un poco de leche y pan no implica que la tienda nos esté tratando mal. Un déficit comercial puede ser positivo para los consumidores del país deficitario, sobre todo si dicho país crece lo suficiente y mantiene la capacidad de financiarlo de manera sana y consistente en el tiempo. Pero tal vez no sea necesario esforzarse en esta evangelización económica. ¿Y si le mostramos al presidente Trump que el déficit que tanto le preocupa es poco más que una mera ilusión estadística?

Ilustración: Víctor Solís

Las economías del mundo globalizado actual y particularmente las de México y Estados Unidos no sólo comercian bienes terminados, sino que cooperan orgánicamente para producir, dado que comparten cadenas productivas en ocasiones con un profundo nivel de integración. Hoy día y desde hace ya décadas el proceso de generación de un producto final suele incorporar pasos de adición de valor que se reparten entre países, pudiendo ser que el valor añadido en una etapa del proceso por un cierto país entre y salga varias veces de ese país. Por ello, en la medida en que los bienes y servicios cruzan fronteras varias veces durante diferentes etapas de procesamiento las estadísticas convencionales del comercio no están mostrando la historia completa. Puede haber “duplicidades contables” que distorsionan la comprensión de la importancia económica del comercio para el crecimiento económico y el empleo. En este sentido, resulta más apropiado medir el intercambio con el exterior en términos de valor agregado.

En la actualidad los países utilizan extensamente partes y componentes adquiridos en los mercados internacionales para darle competitividad a sus exportaciones. Las partes y componentes importados incluyen el valor agregado incorporado de los países en los cuales se produjeron. Puede darse el caso en que se tengan significativas ventas de productos y un superávit comercial de acuerdo a registros aduaneros, pero con un elevado contenido de valor agregado extranjero en las exportaciones y por lo tanto un déficit en términos de valor agregado. El intercambio en términos de valor agregado es una métrica más directamente relacionada con los ingresos que reciben los factores de la producción, capital y trabajo, de cada uno de los países participantes en el intercambio comercial.

 

Para tener una aproximación razonable a la medición del comercio exterior en términos de valor agregado es útil recurrir a una base de datos con información internacional, es decir, seguir la traza de las cadenas globales de valor a través de las distintas economías que participan intensamente en el comercio de bienes y servicios. Existen esas bases de datos en la OMC, OCDE y EUROSTAT. Este trabajo abreva de una serie de matrices de 43 países armonizada a 56 sectores productivos de la World Input Output Database (WIOD).

La economía mexicana tiene superávit comercial con Estados Unidos y Canadá, tanto en el valor aduanal registrado de las exportaciones como en términos de valor agregado. Sin embargo, si se considera el saldo con Estados Unidos sin exportaciones mineras (cuyo principal componente es el petróleo crudo) México ha tenido un saldo deficitario en términos de valor agregado durante la mayor parte del periodo:

Tomando en cuenta el saldo con minería y petróleo se encuentra que el superávit comercial de México con Estados Unidos es no mayor a 40% (y en 2001 fue de sólo 3%) del saldo comercial valorado conforme a las mediciones tradicionales que ignoran la integración productiva entre países tan característica del mundo globalizado en el que vivimos. Si dejamos fuera el saldo con minería y petróleo (que ocurriría con o sin TLCAN) el déficit de Estados Unidos desaparece. Aquí lo que vemos es que el saldo comercial México-Estados Unidos en términos de valor agregado es bastante más pequeño de lo que la medición tradicional sugiere o incluso nulo. ¿Qué tal estas cifras para hablar de “fair trade”?

Más allá del comercio en el agregado es importante también tomar en consideración las diferencias de las balanzas comerciales para productos específicos, dado que ello nos da una idea de la complejidad y diversidad de realidades que participan en la relación comercial entre México y Estados Unidos. México concentra sus exportaciones en manufacturas de alta intensidad tecnológica en las cuales, con excepción de la industria automotriz y de autopartes, su comercio en valor agregado es deficitario. Una buena parte del superávit comercial de México con Estados Unidos se debe a la exportación de productos primarios que incluyen productos agrícolas, mineros y de petróleo, que en buena medida regresa convertido en gasolina y otros refinados.

 

En una economía mundial globalizada es frecuente que una fracción del valor de las exportaciones de cada país corresponda a insumos provenientes del resto del mundo. Poniéndole números a esta dinámica, y tomando en consideración solamente los flujos entre sectores económicos a partir de matrices de insumo producto, vemos que, en el caso de México, por cada dólar de exportaciones se requieren 34 centavos de dólar de insumos importados, mientras que, en el caso de Estados Unidos, por cada dólar que exporta sólo requiere 13 centavos de importaciones.4 Pero la historia es aún más compleja, dado que las transacciones entre países no se acaban con el intercambio de mercancías, ya que diversas empresas del país A en el país A reciben intereses desde el país B y la generalidad de las empresas del país A establecidas en el país B envían dividendos, rentas y otras transferencias a destinatarios ubicados en territorio del país A. Tomando estos flujos adicionales en consideración (es decir, usando como base información proveniente de matrices de contabilidad social) se estima que, en la actualidad, por cada dólar de exportación México genera un flujo hacia el exterior de 60 centavos para la adquisición de bienes, servicios, pagos de rentas a la propiedad y transferencias al exterior.

A nivel de actividad económica las cifras pueden ser especialmente reveladoras. Así, en el caso de las exportaciones mexicanas de “Equipo de audio y video y componentes electrónicos”, encontramos que 85 centavos de cada dólar que se exporta corresponden a la importación de bienes y servicios, pagos de rentas a la propiedad y transferencias al exterior. La cifra es de más de 75 centavos por cada dólar exportado de “Fabricación de otros equipos y accesorios eléctricos”, “Fabricación de maquinaria y equipo para industrias manufactureras e industria en general”, “Fabricación de motores de combustión interna, turbinas y transmisiones”. En contraste, el contenido de importaciones y pagos al exterior para realizar las exportaciones de petróleo y gas, así como en el de minería de minerales metálicos es de menos de 40 centavos por cada dólar exportado.

 

Estados Unidos es un país mucho más grande y complejo que México, de manera que una proporción relativamente mayor de lo que exporta corresponde a valor agregado generado en ese país. En cambio, las exportaciones de México suelen incorporar un porcentaje relativamente mayor de valor agregado generado en el exterior. Siendo Estados Unidos nuestro principal socio comercial, tenemos que un porcentaje importante del valor de las exportaciones que envía México a Estados Unidos consiste en valor agregado generado en Estados Unidos. Así, en términos de valor agregado, las exportaciones de Estados Unidos a México tienen más centavos de cada dólar exportado correspondientes a valor agregado en ese país que en las exportaciones de México a Estados Unidos. Esto significa que un porcentaje importante del valor de las exportaciones que México hace a Estados Unidos corresponde a valor agregado en Estados Unidos. Es decir, que la posición adoptada por la administración Trump respecto del déficit con México implica una queja por la (re)importación desde México de valor agregado ¡generado en Estados Unidos!

La economía norteamericana presenta un déficit comercial con México, tanto en términos brutos como en valor agregado, sin embargo, en su comercio bilateral con México los Estados Unidos incorporan más valor agregado doméstico a sus exportaciones, representando durante los últimos 15 años arriba del 83%, en promedio, del valor de sus exportaciones, tanto a nivel general como por productos. Por su parte, México incorpora en sus exportaciones un valor agregado doméstico de sólo 65% en promedio durante el mismo periodo. A nivel de sectores la situación es muy heterogénea. En las exportaciones mexicanas de los sectores mineros y de petróleo se incorpora casi un 95% de valor agregado doméstico en promedio, mientras que en computadoras y equipo óptico no va más allá de 32%.

 

En un mundo cada vez más integrado la medición del comercio internacional en términos de valor agregado resulta más útil y realista que la medición tradicional a partir del criterio de cruce de fronteras. El criterio de valor agregado evita el problema de la doble contabilidad de flujos de valores de mercancías que cruzan una misma frontera varias veces antes de quedar integradas en el producto destinado al consumidor final. Esto es especialmente relevante cuando se quiere conocer la realidad del balance comercial entre países con distinto nivel de integración doméstica en el valor de sus exportaciones, más aún cuando ellos se encuentran fuertemente vinculados en la integración de sus cadenas de valor. Las cifras para el caso México-Estados Unidos muestran claramente que las preocupaciones de la administración Trump no son sólo conceptualmente equivocadas, sino que además derivan de una interpretación errónea de la realidad. Preocuparse por obstaculizar las exportaciones mexicanas que frecuentemente tienen un alto contenido de valor agregado norteamericano es literalmente darse de balazos en los pies, y aun no hablamos de las pérdidas en la competitividad regional de limitar el libre flujo de inversiones productivas en la región de América del Norte. Esta es una actitud que daña a México, pero también a Estados Unidos. Si acaso tiene la ventaja de que acelerará el proceso de vinculación económica de México con otros países, obligando así a la aceleración de su auténtica y más diversificada integración a la economía global. Por otra parte, es importante reconocer que la construcción de las bases de datos que permiten este tipo de mediciones pueden carecer de la perfección metodológica que tienen las cifras oficiales y tradicionales de comercio exterior a partir del cruce de fronteras. Sin embargo, buscar las llaves donde está la luz más clara y no donde se perdieron, es difícilmente la estrategia óptima. Después de todo, el enfoque de comercio exterior en valor agregado es el que mejor refleja la realidad estructural de un mundo crecientemente globalizado y por lo tanto tiene la ventaja de la pertinencia.

 

Valentín Solís, Víctor Hernández y Gerardo Leyva
Economistas, integrantes del área de investigación del INEGI.

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1 https://www.youtube.com/watch?v=s5hIBNw0qj0

2 https://twitter.com/realdonaldtrump/status/824615820391305216

3 https://twitter.com/realdonaldtrump/status/824970003153842176

4 En el caso de Canadá, por cada dólar que exporta requiere 24 centavos de importaciones.