Según demuestran ejemplos antiguos y modernos, los delfines son voluptuosos e inclinados al amor. Hanse ha visto delfines enamorados en diferentes puntos, entre otros, en el mar Puteolano, en tiempos de los primeros Césares, según refiere Apión, y cerca de Neupacta algunos siglos antes, según atestigua Teofrasto.
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