Valter Longo, director del Instituto de Longevidad de la Universidad del Sur de California, ayuna varios días. Otros científicos toman metformina, el medicamento para la diabetes, por creer que es un protector de las células contra el deterioro. El bioquímico Charles Brenner bebe leche con altas dosis de nicotinamida ribósido, un tipo de vitamina B que podría ser una defensa contra el envejecimiento. Pero muchos expertos en longevidad no vivieron tanto tiempo.

En la década de los 1930 el nutriólogo estadunidense Clive McCay alimentó a sus ratas de laboratorio con una dieta baja en calorías que las conservaba muy delgadas. Dijo que sus ratas estaban activas, saludables y que dos de ellas tenían el equivalente a 130 años de edad. La dieta de McCay consistía en pequeñas cantidades de comida de su propia granja; estaba delgado y en buena condición física. Pero tuvo dos derrames cerebrales y murió a los 69 años.

Para Euell Gibbons lo mejor era una dieta vegetariana antes de que se pusiera de moda. Murió a los 64 años de un aneurisma aórtico. La nutrióloga Adelle Davis le advertía a la gente que no consumiera alimentos refinados, como el pan blanco, pero murió de cáncer al cumplir los 70. Nathan Pritikin, quien propagó el evangelio de las dietas bajas en grasas, murió a los 69 años, casi la misma edad que Robert Atkins, quien creía en la dieta opuesta.

 

Fuente: The New York Times / Reforma, mayo 12, 2018.