De todos los animales, mi corazón es del camello.
Se toma un descanso—y de nuevo a andar, con sobrecarga.
Hay en su joroba una sombría vitalidad,
vertida por siglos de esclavitud.

Arrastra su carga, pero anhela el azul nuboso,
aúlla con la furia del amor.
Su paciencia alimenta el desierto.
Soy del todo como él—de mis canciones a mis pezuñas.

No pienses pobremente del camello.
Sus rasgos son remilgados, pero amables.
Míralo, más antiguo que la lira,
y sabe todo lo que nadie sabe.

Va en su tranco, estirando el cuello de un susurro,
real y descarnado lleva su carga—
el cisne de las dunas, pesaroso workohólico,
el monstruo más hermoso: un camello.

Su destino es horrible y altivo,
y entre las olas rosas del desierto,
mirando con tierno desprecio entre su equipaje polvoso,
me gustaría orinar junto con él en la arena.

Como él, no fui el consentido de mi Dios.
Muelo el mismo forraje sabio,
y todo lo que soy es una mueca pestañeante,
y una joroba caliente, y las piernas de un errabundo.

 

Fuente: Plata y acero. Poesía rusa del siglo XX, antología en inglés de Evgueni Evtushenko (Doubleday, NY, 1993).


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