La última vez, o una de las últimas veces que escribí aquí sobre futbol fue después de uno de esos desastrosos resultados que de vez en cuando asoman la cabeza en la era de Juan Carlos Osorio al frente de la Selección Nacional. Fue hace casi un año, justo cuando Alemania le asestó cuatro sin despeinarse al Tricolor y lo eliminó de la Copa Confederaciones, el torneo de calentamiento previo a la Copa del Mundo.

“Lo más digno que se puede hacer en este proceso mundialista es despedir a un entrenador cuya idea de éxito es sobreponerse a un ridículo que él mismo fabricó”, escribí en ese entonces.

Hoy, tras la primera jornada del Mundial, me como algunas de esas palabras. No todas, pero sí algunas: quedan aún dos partidos de primera ronda y un hipotético cuarto juego. Hay aún mucho camino por andar. Pero mientras escribo, con gusto –mucho gusto– acepto haberme equivocado.

Lo hecho hoy por la selección nacional es notable. Decía Guillermo Ochoa, quien ya se pelea con Antonio “La Tota” Carbajal y Jorge Campos el título a mejor portero mexicano de la historia, que ante Alemania había que hacer un partido perfecto. Y no era para menos: la Mannschaft no perdía un partido inaugural de Mundial desde principios de los 80, cuando Argelia sorprendió a Alemania Occidental –estamos hablando de tiempos previos a la reunificación, imagínense– con un dos a uno. A esto había que agregar que se trata del campeón defensor.

Previo al partido en todo México era posible contar con sólo una mano a quienes en verdad creían que esto era futbolísticamente posible. No a los esperanzados, a los que se encomiendan a la fe. De esos hay muchos, muchísimos, más del 60% según una encuesta de Reforma de hace unas semanas. Los que en verdad tenían confianza en el planteamiento táctico de Osorio eran muy pocos. Aquellos a quienes tildamos de locos una y otra vez, quizás eran visionarios. (Pero no nos adelantemos, repito.)

Osorio limitó sus experimentos contra Alemania. Jugó con lo mejor que tuvo desde un inicio. En alineaciones previas se hablaba de incluir a Jesús “Tecatito” Corona y sacrificar a Miguel Layún, pero en un golpe de cordura Osorio recordó que necesitaba al menos dos recuperadores en la media frente a un oponente cuyo mediocampo lo componen Müller, Kroos, Özil, Khedira y Draxler. En esta ocasión “El Profe” fue sensato y armó un equipo con un solo parche tras la baja de Diego Reyes a principio de semana. No rotó en exceso, al menos en la primera mitad.

Los jugadores respondieron ante la certidumbre. Layún, jugador que no se caracteriza por su virtud ofensiva –mas sí su tiro de larga distancia– orquestó gran parte de los ataques. Corrió de un lado al otro de la cancha sin cesar. Acabó exhausto. Carlos Vela, a quien muchos le recriminamos que declinara asistir al Mundial pasado y que en enero se mudara al futbol llanero de Estados Unidos, enseñó que todavía no decide adelantar su jubilación.

E Hirving “El Chucky” Lozano. Estamos ante el nacimiento de una nueva estrella, del sucesor del “Cuauh” Blanco. 22 años y ya rompió la Eredivisie de Holanda. Hoy se cargó el equipo al hombro, le quebró la cintura a la dura defensa alemana y anotó un gol que recordaremos todavía más que aquel con el que Luis Hernández le empató a Holanda en el minuto 49 del segundo tiempo en Francia 1998. Por la habilidad, por el esfuerzo que requirió, y por lo que significó ese tiro a la red.

Frío pese a su corta edad, Lozano siempre ha parecido jugador de otra selección. Hasta hoy lo era, hasta que sus compañeros al fin lo alcanzaron en ese otro equipo.

Podemos decir mucho de las circunstancias. Alemania no viene en su mejor momento. Según las notas en los periódicos de allá, la derrota caló y el vestidor está enojado. Hummels dijo a la prensa de su país, tras el silbatazo final, que sólo él y Boateng defendieron, y que así es imposible el asunto. Algunos diarios incluso lapidan desde ya a su selección: “Sólo nos quedan unas semanas más como campeones del mundo”, cabeceó Die Zeit. “Alemania entra en modo de crisis”, escribió Die Welt.

También podemos decir que México pudo dar más. Javier Hernández, que ya no quiere ser conocido como “Chicharito”, se cansó de fallar. Se nota fuera de ritmo, tras su triste paso este año por la Premier League. Raúl Jiménez no hizo diferencia al entrar de cambio, aunque difícil la tenía por el esquema de Osorio en la segunda parte. Y México se dedicó, por orden del entrenador, a defender el 1-0 a como diera lugar por más de 45 minutos. Por un momento, el fantasma del gol en contra en los últimos minutos asomó la cabeza.

Pero no pasó. Hoy todos esos pruritos que a la larga nos matan no afectaron. La selección mexicana dio un golpe de autoridad en Moscú el 17 de junio. Juan Carlos Osorio y sus jugadores nos callaron, merecidamente, a todos sus detractores. Nos mostraron que sí están unidos, y que están listos para dar el siguiente paso.

Ahora toca celebrar una victoria histórica. Pero mañana hay que volver al trabajo: quedan todavía varios partidos, y en esta Copa del Mundo México está para mucho más que un regreso de Rusia con el único –y merecido– orgullo de haber vencido al campeón del planeta. México está para hacer historia.

Que la haga.

 

Esteban Illades

 

Un comentario en “Apuntes sobre el México vs. Alemania