Entre 1966 y 1968 David K. Jordan realizó unas investigaciones de campo en un pueblo al norte de la ciudad de Tainán, en el sudoeste de Taiwán, donde se habla el idioma hokkien. Vio que entre los taiwaneses hokkien había una interacción permanente entre este mundo y el invisible de los espíritus; el mayor ejemplo era el matrimonio entre una novia fantasma y un novio humano. Una tang-chi (experto en interpretar la voluntad de los espíritus) femenina se especializa en bodas de espíritus y puede alquilarse por día. La futura novia, digamos el fantasma de una joven muerta en la infancia, reclama una boda al aparecerse en el sueño de alguien de su familia o al causar la enfermedad o la mala fortuna de alguien cercano. La tarea de la médium consiste en determinar la voluntad del espíritu y de asistir a la familia en el matrimonio. En ciertas épocas el novio era elegido al azar —se elegía al primer hombre que recogía un sobre de color rojo abandonado en la calle—, pero, según Jordan, en tiempos posteriores el matrimonio tendió a mantenerse en familia, casando al fantasma con uno de los maridos de la hermana de éste. Como explicación, Jordan sugiere un posible agotamiento de todas las futuras novias fantasmas en alguas comunidades rurales; pero no se pueden descartar los factores económicos, ya que la novia fantasma recibe una dote considerable. Así, mantenerla en familia debe ser del agrado de todos los implicados. La boda tiene lugar y parece una boda real, excepto por el hecho de que cuando la novia baja del coche es un maniquí de ochenta centímetros de altura, vestido como un muerto, con tres capas de vestimentas; su rostro, en vez de estar pálido y preocupado como el de una verdadera novia, esboza la sonrisa perfecta de una modelo de calendario japonesa. La novia fantasma es una amenaza para su marido. Es más, no se le puede engañar: si el marido intenta evitar esta presencia ultramundana y no hace honor al contrato matrimonial, ella puede vengarse de los vivos, incordiándolos igual que antes. Vive en dos mundos, como lo hace el hombre que acuerda casarse con ella.

 

Fuente: Ioan P. Couliano, Más allá de este mundo. Paraísos, purgatorios e infiernos. Un viaje a través de las culturas religiosas (traducción de Irene Saslavsky Niedermann), Paidós, Barcelona, 1993.