El campo de concentración de Solovki, en el archipiélago Solovetski, en el Mar Blanco, fue cerrado en 1937, durante el Gran Terror estalinista, cuando los bolcheviques ejecutaban más de mil personas al día. Los presos, hombres y mujeres, fueron sacados de las islas y llevados a tierra firme, a Sandamorkh. El capitán (Mijail) Matveiev, miembro de la policía secreta, había recibido la orden de sacar del campo a 1,116 prisioneros y llevar a cabo sus sentencias de muerte. El proceso incluyó tres sitios interconectados en las barracas. En el Sitio 1, en una lista se checaba la identidad del prisionero; luego se dejaba al prisionero en ropa interior para “inspección”. En el Sitio 2, se ataban las manos del prisionero con una soga. En el Sitio 3, se dejaba inconsciente al prisionero de un mazazo en la nuca. Los prisioneros inconscientes, hasta sumar cuarenta, eran amontonados en el piso de una camioneta. La carga iba cubierta con una lona y los asistentes de Matveiev iban sentados encima, con los mazos listos por si alguno del montón recobraba la conciencia.

El lugar de ejecución estaba a diecinueve kilómetros de las barracas. El modus operandi de Matveiev era así: los prisioneros eran arrojados a una fosa; Matveiev estaba dentro de la fosa —casi dos metros de hondo— y a cada persona le disparaba en la cabeza con una pistola. Al terminar salía trepando de la fosa, usando a los cuerpos como escalones. El sistema fue eficiente: Matveiev hizo el trabajo en unos cuantos días.

 

Fuente: Harper’s, febrero 2018.